Partida de ajedrez en Rusia, los peones.

Cuando era pequeña, mi padre me enseñó a jugar al ajedrez. Como él tampoco era un experto y yo era un petardo, para empezar, al estar a nuestro parecer el tablero abarrotado de piezas, matábamos un par de peones cada uno a la brava, despejando campo, de manera que las piezas más importantes tenían más posibilidades, nos parecía entonces. Error.

Los peones no tenían valor alguno, raro era que llegaran a reina. Los peones, en el ajedrez, que no deja de ser una metáfora bélica, son la carne de cañón, algo que parecía que no existía. Son un recurso abundante y tienen escasa puntuación.

Justo como concibió Stalin al ejercito Rojo. Era una mole en números, no precisaba mucho entrenamiento sólo motivación. Aunque esta fuera no terminar en un Gulag en Siberia por desobediencia.

Apenas he seguido las redes hasta que Ucrania ha sido violada por Rusia. Tiene algo de perverso poder ver casi en directo los actos más deleznables y el miedo filtrandose a través de los uniformes de invierno de los dos bandos. Pero el miedo, el desconcierto, la sensación de haber caido en una ratonera, la tienen los peones rusos. Muchos han muerto, algunos, menos al principio, luego más, se entregan. En los videos de los soldados rusos rendidos no reflejan un gran pesar, sólo el miedo. Da la sensación que no entendían muy bien cual era su misión.

Muchos, algunos ya abatidos, llamaban a sus padres para decirles que ya no estaban de maniobras, que habían pasado a Crimea y luego a Kiev, que les habían dicho que la gente los esperaría con alegría para su liberación! Ucrania estaba sojuzgada por un ogro europeísta, salvaje, y esperaban con ansia el momento de volver al lado de Rusia. Al cruzar la frontera se encontraron con gente que los increpaba, ancianas que les auguraban la muerte en Ucrania, compatriotas afincados que les afeaban haber venido con malas palabras, civiles que se enfrentaban a ellos desarmados. Como los peones rusos son en su mayoría chicos de 18 a 21 años, sin más entrenamiento que un par de meses de maniobras al lado de la frontera, que creyeron que el ejército sería una buena salida laboral en la depauperada Rusia, y que se alistaron sin saber que habría guerra. Algunos aguantan el fusil sin disparar a agresores ancianos, a civiles desarmados. Otros pierden la cabeza y pasan con el tanque por encima de un coche donde conduce un hombre ya mayor, sobrevie de milagro. Los capturados, críos que podrían ir al instituto o a los primeros cursos de la universidad, dicen que no les dijeron que esto iba a ser así, que tendrían que entrar en combate.

Un desgarrador mensaje de uno de ellos, ya abatido por las tropas de Ucrania, llama y envía a su madre mensajes, aterrorizado, le obligan a dispara a civiles y a niños. Niños como él. Nadie les ha explicado que iban a hacer, y que era la guerra. Les han contado que entrarían triunfantes en Ucrania.

Tendría gracia si no hubiera muertos. Uno de mis escritores rusos preferidos es Boris Akunin, con un personaje desencantado, Erast Fandorin, que en Gambito Turco se apresta a contemplar un choque entre el ejercito otomano y el ruso, allá por 1877. La protagonista está emocionada ante la perspectiva de ser testigo de un momento histórico, Erast está asqueado, porque sabe lo que viene a ver. Los dos bandos se alinean y rugen los cañones. Inmediatamente un silencio seguido de los alaridos de dolor y la agonia de los mutilados. La protagonista vomita.

La guerra era esto.

Algo parecido, pero sin un ápice de ficción, a lo que le sucede a Gabriel Chevalier en «El Miedo», basada en su paso por las trincheras. Se alistan él y un amigo, felices, buscando la gloria. Y llegan a las trincheras, y ahí pasará Gabriel 4 años. Y verá literalmente el interior del ser humano, y sus pedazos más íntimos, porque los cuerpos reventados tras un mortero y los intestinos fuera de la cavidad abdominal tras una carga con bayoneta están a la orden del día.

A la gloria vais, les dijeron al alistarse.

La guerra, el ejercito, hace trampa con los peones. Ellos no querrían estar allí, pero si se van se arriesgan a ser fusilados. desertar es una ignominia en el ejercito. Implica consejo de guerra y frecuentemente muerte por traición después. La individualidad se anula. Los peones no tienen que pensar, solo obedecer. Los peones no pueden tener familia, lazos, proyectos ni pasado para funcionar según el deseo de Rusia (que fue el deseo de todos los bandos que integraron la primera guerra mundial), sólo obediencia ciega. Se despersonalizan. Para quien da órdenes sin verlos, no son humanos.

Ignoro si es cierto que Rusia empezó la campaña con crematorios móviles para silenciar el número de víctimas, pero por lo menos lleva 5.000 soldados muertos, y Anonymous se lo ha colgado en prime time por la rancia tele rusa. La mayoría creo que ni sabían a que venían, ni tenían vocación militar, ni experiencia, eran críos.

Supongo que por eso algunos se han adentrado en Ucrania sin combustible suficiente, y se han dado cuenta que el enemigo no veía con buenos ojos que repostaran gasoil. Se quedan parados en su tanque a pie de carretera y los lugareños les aconsejan rendirse. Total, ni saben donde están. qué piensan comer? Donde pasaran la noche de invierno ucraniano? En el tanque? Estan en medio del campo. A un kilómetro de ellos otros soldaditos rusos también se han quedado sin gasoil. Iban a Kiev, dicen. No parece que el conductor que les interpela quiera llevarles. Por Dios, rendíos! En otro video han pillado a 5 vivos en Kharkim. Tres ni tienen barba, uno parece muy joven y está a punto de llorar.

En otro video un payés avispado sale con su tractor y les roba el tanque sin gasoil a unos soldados que habían salido un momento a tomar el fresco, uno de ellos sale por patas a ver si el payés le devuelve el trasto. Minutos más tarde otro video del mismo payés ya sin el soldado, entra con el tanque en el pueblo. Igual lo quiere de gallinero.

Todo podría tener gracia si no fuera por los muertos.

Que casi siempre son los peones o los civiles.

No me parece que todo el ejército ruso sea una hermanita de la caridad, y el monstruo en el Kremlin menos aún, se han disparado bombas de vacío, han atacado un hopital oncológico infantil, y jardines de infancia, no sé si se puede ser más miserable, han matado civiles y la guerra es injustificable. Pero si de algo parecía que habían servido la 1era y 2a guerras mundiales era para valorar la individualidad del soldado, y que no era un recurso infinito y fungible, no era un animal que se cría en una granja para pasar por la picadora de carne, era un ser humano. Parecía que el mundo lo había entendido. Pues Putin no. Los ha enviado de cualquier manera a ser diana de los invadidos, que se defienden legítimamente. El ejercito ruso mata en Ucrania al pueblo ucraniano y a sus propios soldados con su nula planificación. Los peones de ambos bando dan igual al Kremlin.

Debería estar premiado desertar. No debaría ser una vergüenza. Es un cambio de opinión. No nacemos y morimos con las mismas ideas, hemos aprendido en el camino. Porqué tiene que estar mal desertar. Total, te llaman a filas, y te estás matándote con otro con el que igual podrías estar tomando una cerveza o jugando un partido de futbol, como en la Navidad de 1914.

Los peones blancos y negros en la Navidad de 1914 se pusieron a jugar al futbol, se cortaron el cabello y compartieron algo de licor.

Sólo volvieron a matarse a la mañana siguiente.

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