
Desde la última entrada he jugado unas diez partidas rápidas. Inmediatamente después de la partida con el hombre de Kiev que escuchaba las bombas caer, he jugado con varios rusos. Antes no había tantas banderas rusas. El ajedrez obliga a fijar la atención, evade de lo que nos rodea.
Pregunto a uno de los contrincantes rusos que piensa de la guerra. Desconfía. Me pregunta desde dónde les estoy escribiendo. Desconfío. Le contesto que desde el sur de Francia. Yo le pregunto a él desde dónde juega. su respuesta es contundente, lleva incluso signos de admiración. Desde Crimea, Rusia. No hay duda para él que Crimea no es de Ucrania aunque se toquen por una lengua de tierra. Me intriga el tema, (y me inquieta la casualidad, es el quinto jugador tras el de Kiev, los dos siguientes eran ruso y bieloruso. Parece que el resto del mundo ha dejado de jugar). El jugador de Crimea quiere paz, paz para todo el mundo y Crimea para Rusia. Es legítimo si es con paz, claro. He sabido que en Crimea apenas se habla Ucraniano y que es casi completamente rusofona.
Investigo un poco más allá de la manida invasión rusa de Crimea de 2014 dirigida por Vladimir (Putin). Me encuentro un dato curioso. Después de la revolución de octubre de 1917, henchido de éxito, otro Vladimir (Ilich Ulianov, tambien conocido como Lenin) decide en diciembre de 1922 formar la Unión Soviética, aunando en ella 4 repúblicas. Rusia, Bielorusia, Transcaucasia y Ucrania. Como aquello era lo máximo en geopolítica hasta aquel momento y aquello iba a ser un invento muy genial que mejoraría la vida del proletariado y todo sería muy social y la URSS iba a durar para siempre, Lenin, que tendría muchas virtudes (no me explico como mando tanto sin ellas) pero no la de preguntar a los demás que le parecían sus decisiones, decidió integrar el Donbass y Crimea en el Soviet de Ucrania. Que daba igual si no hablaban el mismo idioma que en Kiev, que ahora estaban en una nación mucho más vasta y poderosa, En la zarrapastrosa política de los soviets, en que unos señores muy poco documentados les explicaron a los del Donbass y a los de Crimea que aquello era una cuestión simbólica. Que en el fondo todo era Rusia y que sólo por una cuestión administrativa quedaban adscritas aquellas zonas al soviet de Ucrania.
Claro, cuando en 1990 se disuelve la URSS y las repúblicas quedan libres, bastante vapuleadas estaban en sus economías, derechos humanos, violencias y atascos administrativos de la recién comprada independencia de Moscú como para ponerse a discutir inmediatamente sobre dos provincias donde la gente en lugar de Ucraniano hablaba Ruso. Se quedaron en Ucrania y punto. Dando gracias a Lenin por sus conocimientos de geografía y relaciones humanas. Era cuestión de tiempo que los que hablaban ruso y sabían que históricamente habían pertenecido a Rusia protestaran.
Y aquí otro agujero en el tablero. Tras el triunfal inicio de la URSS en 1922, se extendió por todo el territorio el sistema que Lenin había inventado para redimir a los campesinos de la esclavitud en que vivían, trabajando los latifundios de grandes terratenientes, nobles, en los «artel», donde grupos de granjeros trabajaban la tierra a cambio de una magra subsistencia, como en el feudalismo, la mayor parte de la producción quedaba en manos del señor. Antes de que Lenin tuviera su gran idea, los Bolcheviques expropiaron a los que más tierra tenían y la repartieron entre los que la trabajaban, de manera que pasaban a ser propietarios. El fruto de su trabajo, por fin les pertenecía. Los agricultores, tenían su propia tierra, no eran esclavos.
Lenin mejoró la cosa, pensaba. Lenin, era un genio, como ya demostró con el trazado de fronteras. Inventó el Koljós, la tierra expropiada a los grandes propietarios la trabajarían comunalmente los campesinos. Pero nada de repartir tierra, eso volvería a generar desigualdades, no, nada de propiedad privada, todos a trabajar codo con codo sin que la tierra les perteneciera. Y de esa tierra saldría su sustento. Claro, pero también habría que ceder una parte de la cosecha al estado, hombre! que la tierra no era suya, que era de todos, de la sociedad rusa! vaya desfachatez pretender quedárselo todo. Que Stalin, amigote de Lenin, vendía el trigo a Occidente (el corrupto Occidente que tanto detestaba) para comprar maquinaria industrial. Ahora nos venden gas, no ha cambiado tanto la cosa.
Así que Lenin le cambió en nombre al Artel, y lo llamó Koljós. La diferencia era que las tierras en lugar de ser del Zar eran el aparato soviético, de todos decían, y unos cuantos benefactores desinteresados organizaban y decidían que se hacía con el producto, mientras los que trabajaban en el koljós se quedaban con lo justo para sobrevivir.
Vuelta a la casilla de salida. Los campesinos volvían a ser esclavos.
Como los benefactores Lenin y Stalin preguntaban poco los pareceres a sus gobernados súbditos, porque claramente los campesinos y otros indocumentados no sabían los que les convenía, hubo protestas, al poco de empezar la URSS, los ucranianos empezaron a protestar y a querer independizarse. ¿Cómo? ¿Después de todo lo que había costado montar el imperio del proletariado? Que desagradecidos. En Moscú la gente no se quejaba tanto. Sería cuestión de rusificar Ucrania. Y si no funcionaba, matarlos de hambre.
Holomodor
En 1932 y 1933 Stalin impuso unas recogidas sobre las cosechas del koljós que aseguraban la hambruna. Requisaron los que las familias tenían para pasar el invierno. El primer año murieron se estima una 150.000 personas. Se ve que no les pareció suficiente ni a Stalin ni a Lenin. El segundo año murieron sobre 1.350.000. Los que sobrevivieron lo hicieron en condiciones atroces. No me atrevo a explicarlo.
Sí, hace tiempo, un par de años más que nuestra guerra civil y fue un genocidio en toda regla. Una genialidad de Stalin.
El tablero, está podrido y las piezas se caen cuando las mueves, supuran de sangre de niños que han muerto por una bomba la semana pasada o de hambre hace noventa años. El tablero está aceitoso de decisiones asesinas de hombres que decían obrar para el pueblo pero que los veían como peones prescindibles, eliminables, que resbalan de la tabla y caen a un suelo también podrido. Decisiones arbitrarias. Que han sembrado miedo. Sobre todo en Rusia, donde aún no se han sacudido al Zar. No se lo quitan de encima, siempre tienen uno. Y este último es despiadado.
Juego dos partidas seguidas contra contrincantes rusos, Al primero le pregunto por su opinión sobre la guerra. Me contesta que Rusia se está defendiendo de los ataques de Estados Unidos en Ucrania. No me puedo creer lo que me dice. Le replico que EEUU no ha invadido nada y que es Rusia quien entra en Ucrania. Me responde que el Donbass es Ruso. Y tiene razón. Sus respuestas son cortas y de apego a las decisiones del Kremlin. Pero quiere paz. Le horroriza la guerra.
Cuando pregunto a otro jugador ruso su opinión sobre la guerra, inmediatamente abandona la partida.
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