
Siempre me habían parecido poca cosa los peones, hasta que empecé a jugar. Y de hecho, uno lee historia y ve que claramente a mucha gente le daban igual. El temible ejercito otomano, hasta el siglo XIX poco más o menos, tenía una táctica que le iba muy bien para asediar fortalezas: Cansaban al enemigo a base de envites reiterados de tropas prácticamente suicidas que intentaban tomar el sitio. El detalle es que los componentes de la primera andanada, que recibían la munición hasta que ésta escaseaba y por lo tanto se debía administrar con mayor cuidado, los que recibían los defensores más frescos y sin bajas o agotamiento, que subían por escaleras temblorosas de madera las murallas, no eran los jenízaros. No.
La primera andanada eran prisioneros de otras batallas, reos (inocentes o no), gentes que no eran gratas a los turcos. Y subían animosamente las escaleras porque de lo contrario los turcos, que querían ver resultados, los alanceaban. Su única oportunidad de sobrevivir era cruzar la muralla.
Cómo explicar al defensor en la cúspide de una torre, probablemente sin hablar su idioma que en realidad él no quería ir a combatir ni con ellos ni con nadie, pero que los turcos les obligaban. Iban, además pobremente equipados, así que servían para su fin, que era abrumar al enemigo, en un momento en que la lucha cuerpo a cuerpo era fundamental. Los soldados de verdad, los valiosos, los que habían sido entrenados y tenían fe en el sultán, entraban al trapo más tarde y mejor guarnecidos.
Hubo una época en que las levas eran obligatorias, en todos los rincones del mundo, en que todas las familias debían ofrecer a sus miembros más aptos para el combate si el país (que concepto tan extraño, el de país, que pasa por encima de los individuos), lo demandaba.
Las dos guerras mundiales empezaron también así, con los hijos como recurso para el combate y la nación, la grandeza de algo indeterminado (si preguntas, nadie da la misma respuesta, y la respuesta depende, es curioso, de la individualidad de cada uno). Y resultaron en un cambio social. Fueron tan devastadoras, tanta gente perdió a tantos, que súbitamente, cada soldado ganó valor como persona.
Soldados que escribían poemas en las trincheras, cartas a su madre, que gemían en una litera por una infección o por un trozo de metralla. Y todo esto se pudo documentar, el horror pudo llegar de manera gráfica a los que no estaban en la guerra. Y los que se quedaban, las madres, hermanos pequeños y hermanas, padres, novias, todos, se indignaran con la guerra. Todo ello ayudó a que los estados, temerosos no de perder soldados, sino de una revuelta popular (no olvidemos que las repúblicas surgen cuando el monarca se pasa de magnífico), administraran algo mejor a sus ejércitos. Esos ejércitos que pertenecían al estado.
Rusia se ha comportado perramente enviando a sus soldados, muchas veces inexpertos faltándoles la información. No sabían a que iban, creían que les recibirían con los brazos abiertos y ha sido con cócteles molotov y muchos no habían hecho ni un mes de instrucción. Y de esto se han dado cuenta los soldados. que ahora tienen un nivel de instrucción algo más alto que en la Edad Media y acceso a internet. Y muchos horrorizados se disculpan.
Los que ingresan en el ejército son a menudo universitarios recién licenciados o jóvenes con oficio pero sin beneficio, por la alta tasa de desempleo de Rusia, y los salarios de miseria. El ejército ruso facilita ingresos regulares y una vivienda a los soldados y a la familia que quieran formar, conseguir una vivienda decente con los salarios rusos no es fácil. Y hay regiones con unas tasas de desempleo altísimas. La carrera militar es una salida al hambre. Para ingresar en el ejército ruso no hace falta vocación, sino desesperación.
Aún así, un soldado cobra poco menos de 115€ al mes, un oficial poco menos de 380€. Desde luego con ese dinero no van a viajar al perverso occidente para comparar como vivimos y lo malvados que somos en la Unión Europea.
Visto que las pagas no dan para mucho, hay compensaciones. Hay una ley no escrita que permite a los soldados de maniobras o en operaciones especiales, vender la mitad del gasoil que lleven en los vehículos militares. Supongo que eso explica la retahíla de vehículos blindados parados en las cunetas de Ucrania. Los soldados, para sacarse unos duros, han vendido el fuel. Toma ya. con razón se los llevan los payeses.
Parece que todos son personas, ni los rusos quieren luchar ni el ucraniano del coche que se mueran. Bromean, ríen.
Desgraciadamente la guerra se recrudeció después de estos episodios, y mueren civiles y soldaditos de juguete de los dos bandos. Y muchos soldados rusos, maldicen su miseria, mientras mueren. A algunos les ha dado tiempo a rendirse. Pero todo lo que sucede es un despropósito, y desde luego no aprendemos.
O sí. Hay algo que me ha parecido increíble, meritorio, y que honra mucho a quien se le haya ocurrido. En todas las guerras hay prisioneros. En la primera guerra mundial se les trató medio decentemente, pero en la segunda los masacraron. Muchos creyeron mejor morir que caer prisioneros. Los prisioneros de guerra eran muchas veces moneda de cambio, dependiendo de su rango y condición. Los estados los reclamaban y los intercambiaban. O los dejaban morir, si no valían. La convención de Ginebra estaría para garantizar su trato humanitario, pero esto es un oxímoron, Las guerras no son humanitarias.
Antes de que Rusia machacara de manera deleznable como está haciendo los últimos días, se tomó una decisión al respecto de los prisioneros rusos. Y me saltaron las lágrimas.
Ucrania va a devolver a los prisioneros de guerra. Pero no a la madre Rusia, no. La madre patria no existe, a ver si nos enteramos. Los va a devolver a su madre de verdad, a la que los parió. Cualquier madre de soldado ruso puede reclamar a su hijo. Ya se encargará ella después del susto de que no vuelva a filas.
Pienso en los que han muerto y nadie podrá recoger. Malditas guerras.
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