Las torres y el bosque rojo

Bosque al lado del reactor nuclear de Chernobyl, 1986. De verde a rojo en unos cuantos centenares de Sieverts

Las torres son una pieza pesada, bloquean el paso de los peones y del rey sin demasiada dificultad, el primer jaque mate que se enseña a un niño es el que se hace con dos torres o torre y reina.

Hoy he jugado contra un ruso pero no he tenido ganas de preguntar. He leído en la prensa sobre las masacres de Bucha, las fosas comunes, las violaciones y lo que saldrá en Mariupol. Y me acabo de leer «Maus», de Art Spiegelman, y esto se parece cada vez más a aquello. Yo creía en algún momento de esto que pasa en Ucrania que no sería ni como la guerra de los Balcanes ni como la de Irak no como las guerras mundiales, pero es que soy una ingenua.

Los mismos soldados que se habían quedado sin combustible en la cuneta de la carretera a Kyiv y bromeaban con un chofer ucraniano que se ofrecía a llevarles de vuelta a Moscú, ¿son los que han matado civiles antes de retirarse? ¿Por qué? Se puede haber crecido con un padre y una madre, haber sido amado, haber tenido una vida más o menos normal y súbitamente violar y matar a unas cuantas chicas y tirar sus cuerpos en un agujero en el suelo?

Hay otra noticia que me ha inquietado, y que casi ha pasado desapercibida. Y tiene que ver con las torres. Los rusos han dejado Chernobyl. Tras un mes de ocupación. Se han ido ellos solos, no ha sido necesario insistir.

Torre Reactor 4 de Chernobyl en 2010

Chernobyl está a 15 km de Bielorrusia, que también ha tenido que delimitar un área de exclusión después del accidente de abril de 1986. Era pues, un punto estratégico a tomar, además de un polvorín, esto Putin y los que tenían más de 10 años cuando sucedió el desastre lo tenían claro. Parece que los soldados que llegaron a Chernobyl no sabían dónde estaban. Sí, eran jóvenes, la mayoría. Pero alguien debió haberles enviado allí, alguien sabría dónde estaban y el objetivo de la misión, que hacían. Cualquier móvil tiene GPS, y supongo que tendrán google o algún buscador para saber en que lugar están, que historia tiene. En los alrededores de la central y sobre todo del bosque anexos, hay centenares de señales que advierten de la radiación en la zona. Por eso no entiendo cómo entraron con tanques dentro, y se pusieron a cavar trincheras, levantando polvo cargado de Cesio 137, del polvo de combustible que escapó del reactor. Polvo que respiraron, que tocaron, con el que se ensuciaron. Los encargados de la central, dos hombres que toman las máximas precauciones y no se han adentrado jamás en el Bosque Rojo, los miraban perplejos.

Pienso en la experiencia estética que debieron tener los soldados al entrar en un bosque donde ningún humano ha puesto el pie desde hace casi 35 años. Un bosque brutal, lleno de pájaros, con pequeños tumores bajo las alas y cerca de los ojos, y colores más brillantes, ranitas de San Antonio negras, porque los colores oscuros protegen de la radiación. Alces, jabalíes. Que pisan con pezuñas delicadas las hojas secas del suelo, que crujen más que en otros bosques porque las bacterias encargadas de descomponerlas no pueden con la radiación, así que todo sucede más lento en ese bosque. Los animales de Chernobyl han desarrollado más pronto de lo que se esperaba, una defensa anti radiación, los que sobrevivieron en los bosques no inmediatos a la central, recibieron dosis bajas de radiación, repetidas veces en sus itinerancias. Esas dosis bajas resultaron en un efecto de hormesis. Como una vacuna. Un poco de veneno consigue que el cuerpo reaccione y genere una defensa contra esa substancia nociva. Ahora Chernobyl, sin humanos y con radiación es un vergel, hay nutrias y peces enormes. No es que sean mutantes, es que nosotros hemos dejado de pescarlos y ahora crecen mucho más. Rebaños de corzos. Osos, que no se veían en Ucrania desde hace 100 años.

Un poco de radiación, dosis bajas repetidas, consiguen que el sistema de reparación del ADN de las células que es la parte que más sufre de la célula, se acelere. Los animales de Chernobyl tienen un sistema de reparación de ADN más eficiente que los que nunca han estado sometidos a radiación. Como los soldados que entraron a hacer de soldado en el bosque rojo. A los pocos días algunos empezaron a sentirse mal. Los síntomas de intoxicación por radiación han sido fulminantes para algunos peones. La torre los ha abrumado, igual que en tablero. Era una barrera infranquable, pero los peones han cruzado. Se han evacuado a Bielorusia, a sanatorios, para tratarles (no fuera a ser que en Rusia explicaran dónde habían estado).

El refugio que cubre el reactor nuclear averiado con varias toneladas de uranio, plutonio y polvo radioactivo dentro, fue construido con grúas móviles comandadas a distancia. Una empresa francesa se ocupó de la contrata. Ningún operario en el andamio, ningún desayuno a la sombra de la obra. La construcción fue completamente erigida con mando a distancia.

Torre construida a modo mecano con grúas robotizadas.

No deja de ser curioso, Ucrania no envió tropas a defender Chernobyl. Esa torre se defiende sola. Los rusos se han ido a casita en un mes.

Y lo peor, la tremenda vida de especies difíciles de ver y que migran a otros lugares (lobos de Chernobyl cruzan hacia Rusia, buscando pareja, su éxito reproductivo en el área de exclusión ha sido tan apabullante que deben ir expandiendo su territorio), la prosperidad de especies en peligro de extinción en esa zona, donde nosotros no ponemos el pie deja claro que nosotros somos peor que la radiación. Pero unos cientos de Sieverts más.

Caballos de Przewalski, felices en Chernobyl

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