
Hace ya muchos años, recién licenciada de arquitectura, fui a parar por casualidad a República Dominicana, a dibujar un proyecto “As Built”De un hotel bastante espantoso en la playa de Macao, un atentado ecológico perpetrado por unos hoteleros españoles que hacía felices a muchos dominicanos (en especial a los que cobraron mordidas en diversos conceptos, desde permisos y licencias hasta firmas de proyecto que no habían redactado ni entendían porque los técnicos españoles ahí no tenemos firma).
Y aquí empezaron varios Comos:
Como yo era el último mono y no pintaba nada y estaba claro que mi crecimiento profesional no iba a darse en una país ni en una empresa donde las mujeres son unos seres que cuando menos falta hace al empresario se quedan embarazadas, y básicamente existen para complacer al hombre, por lo cual hay que evitar darles cualquier cargo de responsabilidad, que no son capaces, como el proyecto era tan infecto que recordaba el peor desarrollismo de los años 60 en la Costa Brava, la ejecución tan lamentable como la de Pepe Gotera y Otilio y como el arquitecto redactor de aquel bicho estaba tan pagado de si mismo y seguro de su trascendencia a la historia de la arquitectura a pesar del bodrio que había parido, que cualquier intercambio de impresiones con él era esperpéntico, y me sentía culpable de ser parte del atentado ecológico y social (las habitaciones de personal diseñadas por mi colega el arquitecto eran poco menos que cuadras con ventanucos), como todo eso, decidí dedicar mi atención a todo lo exótico, lo distinto, la selva cuando podía, las aldeas en los alrededores de Macao, su precariedad (que había sido el barraquismo de los 50 que habíamos dado en la escuela de arquitectura), la visión del mundo de los dominicanos con que iba conversando en trabajo, hotel, calle, cantina.
Mi consuelo fue que estaba conociendo un país no como turista, sinó como alguien que realiza una actividad laboral y por lo tanto interacciona con todos los estratos sociales posibles. A fin de cuentas los arquitectos tratamos con la pirámide social completa en cada obra. Lo cual puede ser terrible en un país con grandes desigualdades sociales, como cualquiera de los del Caribe.
Bien, hubo algo que me dejó perpleja. Cualquiera que sabía que yo era arquitecta y venía de España, de algún modo me subía a un pedestal imaginario (sobre todo para mí), por la condición de técnica (allá las mujeres apenas ejercen, si se licencian, terminan realizando actividades muy secundarias de la profesión) y sobre todo por otra condición surrealista. Yo venía de la Madre Patria. Así, con mayúsculas. Y con ojos dominicanos admirados. Yo venía, había nacido, en la Madre Patria.
La Madre Patria.
Como concepto a mi me parece un oxímoron (no me parece que el concepto de patria haya traido nunca nada bueno, una madre, normalmente sí) algo tan poco tangible como la patria (ya tan cambiante, no hay más que ver cómo cambian las fronteras a lo largo de la historia), pudiera ser algo tan táctil y profundo como una madre. La única madre que tengo es la que me parió. Y esa, desde luego, lo ha hecho todo por mi, más de lo que yo podré hacer por ella. Y a mi madre me debo. La patria, por otro lado, nada ha hecho por mi. Que nadie me venga con eso de la educación y las carreteras, porque eso también me lo dio Holanda, de mejor calidad y sin ser yo holandesa, sólo con una beca Erasmus. Además, después del Erasmus me dio trabajo mucho mejor remunerado que mi patria de origen, con condiciones laborales dignas y sin ofrecerme negro o un puesto cutre de becaria, porque ahí tienen un salario mínimo decente desde hace décadas, cosa que en mi supuesta patria aún no se ha entendido. Los servicios públicos los da la sociedad y los da gracias a los impuestos de los individuos y a pesar del latrocinio y la pésima gestión de los politicuchos indocumentados y con estudios universitarios inacabados, masters y tesis de pacotilla que tenemos en España.
Bien ¿Por qué escribo esto del 25 de Julio?
Porque tal dia como hoy empezó la batalla del Ebro.
Y en nombre de la patria murieron centenares sinó miles de adolescentes, jóvenes.
La honorable Generalitat de Catalunya, la República española, envió a morir por decreto a niños. Fusilaba a desertores sin pelo en el bigote si hacía falta. Hoy, como siemrpe, en la contra de la vanguardia, Víctor Amela, periodista, entrevista a uno de la quinta del biberón.
Los supervivientes de la batalla en el bando republicano, como hoy explica en la Contra de la Vanguardia Joaquim Oller i Vilagrossa, recuerdan niños de 18 años cavando sus propias tumbas por que el sargento se enteró de que se habían escapado para ver a sus madres al pueblo, para abrazarlas, y volver a filas. Esa insumisión les costó la vida, los fusilaron.
Un superviviente del bando republicano recuerda como con diecisiete años avanzaba trabajosamente, asustado por las bombas y al metralla, en el frente y de súbito, oyó un disparo en la retaguardia Se dio la vuelta y vio como su sargento yacía en el suelo sangrando y muerto. A su lado otro recluta infantil tembloroso con el fusil caliente apuntando al cadáver del sargento, se encogió de hombros “Iba a matarte por que no avanzabas, tenía la pistola en la mano y te apuntaba a la cabeza”. El adolescente mató al sargento antes de que éste le pegara un tiro a su compañero. Niño valiente que mató a su sargento para salvar a otro niño.
Críos fusilados por desertores, críos chivándose porque otro tenía una madre que iba a misa y eso era ser un traidor, y el pobre niño con un familiar en el clero o devoto terminaba fusilado por afecto a los nacionales, aunque fuera brigadista de la república, ahí no había ninguna libertad de pensamiento o credo, si se rezaba era uno un facha. Críos disparando a un pelotón de fusilamiento y disparando al aire, para ver cómo caía al suelo un compañero de colegio. Críos con un tiro en la frente del sargento del pelotón porque rezaban un Ave María y eso era ser un meapilas y un azul. Y merecía la muerte.
La nausea que siento es inmensa.
Mi madre me contó como vió a un niño despedirse de su madre, allá en el Pirineo. Se abrazaron antes de entrar en filas, sin ninguna instrucción. La madre nunca supo más de él, creen que murió el mismo día, no recuperaron el cuerpo, no hubo, carta, noticia, consuelo, nunca hubo consuelo. “Debía haberlo enviado a la montaña, a esconderse”.
Así trata la patria a las madres.
Y cuento esto como si yo estuviera de parte de la falange y fuera católica, verdad. Pues no. Siento tanto asco por lo uno como por lo otro, mi religiosidad es nula, y toda mi familia es del bando republicano y siempre creí que eran los buenos, y desde luego creí y creo que Franco y su camarilla eran escoria, asesinos de masas igual que Hitler, que mataron menos porque eran menos organizados y no tenían judíos a mano. Hasta que recalé en Ibiza y leí A Sangre y Fuego. Ahí vi que las heces de la humanidad también recorrían las filas republicanas.
Así, si bien sigo teniendo claro que la guerra de Ucrania es una infamia de Rusia, desde su invasión a sus pretensiones, también creo que dado el nivel de patriotismo de ambos bandos, pasados los primeros meses sospecho hay el mismo nivel de barbarie en un bando y en otro. La misma inquina que hace descerrajar un tiro en la sien a un crío o cría sea de tu bando o del de en frente. La guerra saca los peores demonios de algunos seres humanos, y arrebata muchos niñas y niños. Los arrebata a su, madre, su padre, a su familia, a su comunidad.
En nombre de la patria. ¿Madre?

Aquí unos voluntarios adolescentes alistados por Ucrania. Les dan tres días de instrucción y al frente. Muy normal todo.
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