Cátaros I

Cruz Cátara, hoy incorporada a la bandera de Occitania

Como soy de un pueblecito de los Pirineos y me gusta volver en verano, con frecuencia salto la frontera y visito a los vecinos franceses. A veces sólo a comprar, otras turismo en toda regla. No sabia yo quienes eran los cátaros hace doce años, en que mi marido insistió en visitar Carcassone, por esto de que él es arquitecto y la restauró un tal Viollet Le Duc, muy conocido en las escuela de arquitectura de Barcelona a la hora de cenar.

Allí conocí la historia del héroe de Carcassone, Raymond Roger de Trencavel, joven de nombre musical, vizconde de Carcassone y barón de Beziers, devoto católico, padre de un único hijo a sus 24 años, y que dió su vida para salvar a la variopinta población de Carcassone que le debía vasallaje y los refugiados de Beziers.

Para protegerlos de los también muy devotos católicos y cruzados soldados a las órdenes de Simón de Monfort, mercenario y católico, que tenía órdenes del Papa de aniquilar a todo cátaro o sospechoso de serlo. que por ello pasó a cuchillo a 25.000 personas, incluyendo niños de pecho de la ciudad de Beziers, porque en ella se escondían dos docenas de cátaros/albigeses/ perfectos. Quizás Simón de Monfort, hombre arrojado, por otra parte, tuviera algunas dudas al respecto de aniquilar la villa entera para cazar unos pocos herejes, pero ahí estaba Arnau Amalric (Arnaud Amaury) legado papal de Occitania, que le convenció con una frase certera de cristiano viejo:

«Matadlos a todos, que Dios reconocerá a los suyos»

De rodillas, ante Inocencio III Arnau Amalric. Beato, sí, y eso que fue inquisidor y precusor del genocidio. Igual la iglesia debiera repasar un poco la historia antes de beatificar tan alegremente.

Cuando aprendí esa historia, incluso sus detalles, que no comentaré ahora, se me prendió al alma, de un modo intenso, doloroso, que me hizo desvelarme y me sumió en una melancolía y en una impotencia por algo que sucedió, en una lejanía inmensa, sin que yo pudiera hacer nada. Quise saber de los cátaros. Y aún hoy me parece que lo que nos llega es escaso y sesgado, puesto que su persecución fue tan salvaje y su filosofía tan asceta, que no dejaron libros. Son los huérfanos de la historia, como todas las minorías y como todos los que pierden. También se pierden en la memoria y mucho de lo que se dice de ellos se inventa. ¿Quienes eran los cátaros, y por qué tuvieron una aceptación tan grande como para que la iglesia tomara cartas en el asunto?

El catarismo es una versión del cristianismo. Pero que se contrapone a este de un modo radical. Considera que hay un Dios creador y benevolente sí, preocupado por el bienestar e todas las criaturas sintientes. De todas las almas. Almas atrapadas en un mundo sólido y denso, que imita el universo real, etéro y luminoso de Dios. Este mundo pastoso y oscuro ha sido creado por un demonio, en contraposición a Dios, queriéndole copiar. Y es el mundo en que nos encontramos. Ese demonio ha copiado bastamente un escenario a su antojo y sin la habilidad de Dios para jugar a ser Dios. Y ha atrapado a las almas que lo habitan, condenadas cuando mueren a migrar de cuerpo en cuerpo sin encontrar la paz, naciendo una y otra vez en ese mundo imperfecto, y sufriendo.

Ese demonio, dicen lo cátaros, és el Jahvé del antiguo testamento. Jesús, al contrario, es una imagen, reflejo, esencia etérea de Dios, que lo envía para anunciar el modo de huir del mundo corpóreo y llegar a Dios, el luminoso y benevolente, el de verdad. Por eso no se encarna ni muere en la cruz, es un espíritu puro que anuncia la verdad para liberar las almas del mundo.

Para ello practican el desapego a lo material, practican el voto de pobreza y el de castidad, no por que el sexo sea pecado, que no lo es. Sólamente para evitar la procreación, que traería más almas a este mundo, a sufrir. Si los Cátaros conocieran los anticonceptivos no tendrían mayor inconveniente en el comercio carnal.

En su afan por no herir a ninguna criatura sintiente, son vegetarianos a excepción del pescado, pues consideran que éste no procede de ningún proceso que incolucre sexo, sinó que nace mediante generación espontánea, del agua. Así que no tienen muy clara su naturaleza animal.

Sorprende a medias su convencimiento en lo que respecta a la reencarnación. Hasta el siglo IV era aceptada en los primeros cristianos, pero fue descartada en el Concilio de Nicea, sobre el sVI, poco después, San Agustín inventaría con buena intención, supongo, el infierno. Que ningún cristiano había oido hablar de él antes. Para los cátaros la reencarnación és real y el infierno es este mundo, está aquí mismo. Eso debieron pensar también los ajusticiados de Beziers.

Le encontré en su dia una afinidad sorprendente al budismo.

Otra característica que sospecho les granjeó popularidad fue su hipermoderna percepción de la mujer, lo nunca visto en la Edad Media (ni en el imperio romano, ni en el neolítico, ni en ninguna parte antes de la prehistoria….). La mujer era un igual al hombre. Y por ello podía predicar y administrar el único sacramento cátaro, el Consolamentum, que hacía las veces de bautizo y ordenación. Las mujeres no eran sirvientas, ni subordinadas, ni propiedades. Eran seres tan sintientes como los hombres, con idénticos derechos.

Llevo años sorprendida por la modernidad de su doctrina y por su coherencia. Por el pensamiento lógico que había detrás de ésta. El Jahvé del antiguo testamento, que condena ciudades enteras, y por ende, a sus niños más pequeños, que no han tenido tiempo de pecar (se me hace difícil de creer que los lactantes de Sodoma y Gomorra fueran culpables de algo), que decide salvar a una única familia, la de Lot (que casualidad, esos eran todos buenos), pero les impide mirar la masacre, so pena terrible, que la mujer de Lot sufre (su único pecado es mirar).

El que decide inundar la tierra entera pero salva a Noé y a su familia (otros enchufados), pero anega a los hijos de los demás que seguro seguro, eran todos pecadores. El que expulsa a Eva y Adán por querer saber, el que es injusto, arbitrario y caprichoso en sus tremendos castigos, el que atormenta a Job, sólo por probar su fe.

A ese los cátaros señalan como falso y peligroso. Tanta poca justicia no puede venir de Dios. Y eso predican los cátaros.

Continuará.

Deja un comentario