Cátaros II

Decía en la entrada anterior que los cátaros apelan a una justicia muy básica cuando consideran la poca ecuanimidad del las sagradas escrituras, y a un sentido común muy escaso cuando reconocen en éste antiguo testamento, que la mujer es poco más que un accesorio con valor económico (como fuerza de trabajo y para parir hijos, que a su vez serán mano de obra). Del mismo modo, las castas o la conciencia de clase que rezuma en el antiguo testamento, los cátaros la repudian.

Creen en la igualdad de las almas, y en la necesidad de huir de este mundo, pava volver a la luz de Dios. Consideran válida la endura, dejarse morir de hambre en el conocimiento de que el alma, sabiendo que debe volver a Dios, ya no encarnará más en otro cuerpo.

El Consolamentum es su único sacramento y reniegan de todos los demás que esgrime la iglesia católica como necesarios. El consolamentum implica la renuncia material, la entrega absoluta al prójimo, un vegetarianismo estricto porque cualquier ser humano podría encarnar en bestia y cualquier bestia en ser humano, y un apego estricto a la moral cátara, porque la falta de cumplimiento hace que el Consolamentum pierda su efecto, no solo sobre el que hace la falta, sinó sobre todos los que ha convertido.

Y, ojo, hay una norma clave. El cátaro debe tener oficio, no puede vivir de limosna. Debe ganarse la vida honradamente. As´ique son artesanos o campesinos en el momento de la cosecha, cuando se necesitan manos.

Yo creo que es la primera parte, la de la igualdad, la que gana a las clases más humildes, porque contrasta fuertemente con un clero católico que cada vez más se comporta como quien rige un negocio, como un equivalente a un señor feudal, un rey o un conde, cobrando diezmos, maltratando a sus subditos, y persiguiendo y atemorizando con la inquisición a los más débilies y pobres (los procesos de brujería jamás alcanzaron a la nobleza o a burgueses adinerados, se alimentaban de las clases más deprimidas).

Y que en ligar de vivir lujosamente de diezmos, trabajen y tengan mal visto pedir limosna si tienen medios para ganarse la vida. Su coherencia es mucho mayor que la de los católicos.

Aquí un clérigo cátaro impiniendo el Consolamentum (sólo hacían falta una palabras del evangelio de San Juan y la imposición de manos), al lado de unos frailes católicos que lo miran muy ofendiditos, porque una oveja sale de su redil para pasarse a la competencia.

Hacia el siglo XI el catarismo entra en Europa Occidental y en el s.XII ya es un movimiento que se contrapone a la Iglesia católica. Y no hay que olvidar que esto de la libertad de credo es algo muy moderno. No puede plantearse uno no ser musulman en Arabia Saudita, allí está prohibido no ser musulmán, y Europa en el siglo XII, resulta que se parecía mucho a Arabia Saudita. Aunque no nos guste.

Y hacia 1198, ascendió a Papa un señor de Origen noble y muy educado (en la ciencia y costumbres de la época y en teología, era de algún modo, abogado, había estudiado mucho derecho canonico), Trasimundo de Segni, de nombre de guerra Inocencio III.

El tal Inocencio era alguien de gran celo en su tarea, puesto que en 1202 convocó la cuarta cruzada a recuperar Tierra Santa, y de poca comprensión lectora, por eso de que en las cruzadas se mata a gente y tal, y ya en el éxodo Dios le da a Moises las tablas de la ley y menciona eso de no matar y de amar al prójimo como a uno mismo. Pero eso a Inocencio le da igual, por que él está por salvar almas como sea, y eso va por delante de todo y no hay que dejar de convertir a cualquiera que no sea cristiano, y si hay que decapitar a unos cuantos musulmanes, que más da, total, son tozudos, ya no se iban a salvar, se hace y punto, porque al final has convertido a más gente en cristiana, y de paso te has ganado unos terrenitos allás por Oriente, y te sacas un dinerito en impuestos) que él es un tío eficiente y va a recuperar Tierra Santa para los cristianos. Para tener más cristianos a la fuerza. Y más diezmos con que engordar su bolsa y la iglesia.

Que al final los cruzados salieran un poco tarambanas variaran su rumbo y terminaran tomando y saqueando Cosntantinopla, la ciudad cristiana más grande y devota del medioevo, incluso arrasando sus iglesias y monasterios, fue una minucia. Los degüellos de cristianos, las violaciones, los saqueos contra los propios cristianos. Qué coherencia. Igual que los cátaros.

Tintoretto, toma de Constantinopla de 2004. Bondadosos cruzados de Inocencio III, hombre de Dios.

Como la cruzada de Tierra Santa terminó como el rosario de la aurora y de éxito total no se podía calificar, y casualmente hacía un siglo que unos zumbados iban diciendo que todos éramos iguales y que noble y plebeyo eran iguales a ojos de Dios, y las mujeres también, decidió fijar su atención en éstos.

Para Inocencio fueron una diana fácil. No había que desplazar tropas allende mares sin brújula, que se perdían y se iban a saquear cualquier cosa, porque la piedad cristiana la iban dejando por el camino. Los cátaros estaban a la vuelta de la esquina, eran pocos, pero estaban bien vistos. Básicamente porque eran buenas personas, humildes, y modernos, trataban a las mujeres mucho mejor que los católicos. Y estaban ganando popularidad y clientela. Y si uno se hacía cátaro, dejaba de ser católico. Era impensable o improbable que un católico pasara a ser judío en Francia, pero cátaro se hacía bastante deprisa. Incluso la nobleza rural y no tan rural les dejaba tranquilos o incluso les invitaba a su corte. Algunos nobles simpatizaban. Algunas damas se convertían. Todos les toleraban, eran muy tolerables, poco a poco calaban en todos los estratos sociales. De ser insignificantes en el s XI, pasaron a influyentes en el SXII

Dios, según los cátaros, era amable, amoroso. Ecuánime.

Y esto Inocencio no lo pudo soportar.

Continuará.

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