
, En mi pueblo va el suelo rústico a 1-2€/m2…
La charla de Núria Jaumà en el colegio sobre el poblamiento y la población de Ibiza y cómo tenemos los ayuntamientos que tenemos, (algunos con una tirada a la corrupción más sonada que otros, he sido arquitecto municipal y salí de ella por piernas), cómo tenemos las parroquias que tenemos y cómo se ha repartido la tierra desde el minuto 0, y sobre todo, cómo se ha respetado esta división original donde la corona tanto tenía que ver, me ha hecho pensar que en Eivissa, en el fondo, siempre ha habido un problema con el suelo. De dimensiones tan descomunales ayer como hoy.
Para empezar, porque para sobrevivir con cierta decencia, hacía falta bastante territorio; porque a mediados del siglo XIV todavía no se había inventado el tema del alquiler turístico y se comía directamente de lo que salía de la tierra o, con un poco de suerte, se pescaba del mar. Neolítico puro en Eivissa. Incluso en la Edad Media existen varias velocidades de progreso.
Núria, que es un sol, ahora mismo en tiempo real me envía un texto donde se especifica que en Ibiza en 1329 había unos 506 fuegos que traducen en 2.500 habitantes (a mí me parece poco, porque se tenían hijos a punta pala para contar con mano de obra y las familias eran muy extensas, pero claro, es que yo no soy historiadora). En 1335, resulta que se autoriza a un corsario Ibicenco a hacer pillaje de carne humana en las costas de Berbería porque ¡no había mano de obra suficiente para trabajar el campo! Así que el tema de la piratería iba a dos bandas, aquí también vinieron a parar a jóvenes incautos del norte de África para hacer de mano de obra esclava. Casi como hoy, vaya. Pero entonces la inmigración era bienvenida. Como que te invitaban, pero muy fuerte, atado de pies y manos. Lo que ocurría es que los norteafricanos volvían con sus chalupas y se llevaban prisioneros de Ibiza para vender en el mercado de esclavos de Argel, con lo que el flujo migratorio parece que se equilibraba, y era todo menos voluntario .
En 1392 la cosa estaba peor y sólo quedaban 500 fuegos. A pesar de la falta de control de natalidad, pestes, hambre y moros, diezmaban la población. Hambre con tanta tierra! Porque la tierra además de tenerla, es necesario saberla cultivar y tener medios. Y no era el caso.
Y esto me hace recordar que la casa más antigua que creo he visitado, es can Faritzeu, en Sant Rafel, que data (me dijo una arqueóloga) del s XV, es decir, de poco más tarde de esos 500 fuegos en el suelo. Y que (y eso me sorprendió), aquella casa tenía unas tierras asociadas en aquel tiempo (no quiero decir en propiedad, entonces no había notarios y uno no era propietario ni de sí mismo, que venían unos moros dejabas de ser tu propio dueño para ser de otro), que iban desde donde ahora está la iglesia de Sant Rafel hasta el Pla de Vila. Ole qué finca. Que me quedé pasmada.
Y aún así, había hambre.
Estos pocos fuegos, más o menos diezmados por piratas y otras fieras, debieron ir creciendo, y dieron lugar a lindes de tierra que en muchos casos debieron ser feroces, porque a día de hoy hay varios can Faritzeus (no lo digo yo, lo dice Joan Marí Cardona), y en vías tan encantadoras y concurridas como el camino de sa Vorera en Sant Antoni, donde hay todavía fincas de dimensión razonable y casas en estado bastante original, hay un 90% de posibilidades que uno de los apellidos de los propietarios sean Prats. A menudo se llaman Prats Prats.
Vagando por varias rutas entre casas campesinas para documentarlas y hablando con los habitantes, surgía casi siempre en la conversación las transmisiones de las viviendas. cuántos, hijos, cuántos nietos qué dejaban a cada uno, quién se quedaba la casa grande quien un pedazo de tierra en un monte, quien un derecho a habitación y pozo. Derechos para cocer el pan y usar el molino. ¿Cuándo cambiarían las leyes que no dejaban construir? Me preguntaban constantemente. Esta preocupación por dejar suelo y/o techo a los descendientes es una constante que yo no he visto en el Pirineo. Claro que las montañas allí no te las acabas y acabas migrar tú a otras aldeas o pueblos es fácil. Nunca ha sido complicado. Y el coste de una vivienda, efectivamente es otro.
Pero la preocupación de muchos clientes mis ibicencos por dejar algo a los hijos es singular y endémica en la isla. En mi pueblo la gente no sufre por eso (y no está ni mejor ni peor, sencillamente es más fácil).
Historias de dependencia familiar en Ibiza por no tener techo (hermanas solteras, criadas casi adoptadas, hermanos menores que no iban a la iglesia a hacer de cura), veía a menudo. Por lo general la más dañada era la mujer. Pero los hijos menores no salían muy bien parados. Heredar terrenos rocosos cerca del mar no fue nunca bueno antes de los años 60; significaba venderlos al heredero e ir a emplearse en la salinera, en Vila en algún comercio o directamente emigrar. El crecimiento de la población llevó aparejado un empobrecimiento, que fue recortando y recortando las fincas, enviando a gente a vivir o malvivir a la creciente ciudad de Ibiza o a emigrar. Aquel can Faritzeu tan enorme ha quedado descuartizado en todas las fincas que puede ver en la página del catastro.
Los matrimonios evidentemente no eran por amor sino contractuales (pero esto así era en todas partes, lo de casarse por amor es muy moderno) y la esterilidad una maldición. Y sí, los matrimonios, tenían en cuenta las tierras que aportaba cada contrayente. Y sobre todo ver si estas fincas estaban cercanas. Por eso de hacer más tierra. Esto dio lugar a la siempre curiosa endogamia.
Y esto me hace pensar en una clienta reciente, sueca ella , de 34 años escasos, que ha comprado una bonita y enorme finca en un ANEI recóndito. La moza, una valquiria en toda regla, rubia y de ojos azules, de 90-60-90, con los 90 tan bien puestos e ingrávidos como queréis imaginar, que se dispone a reformar una vivienda tradicional y vivir y teletrabajar lejos de los duros inviernos escandinavos , ha recibido una oferta insólita de un vecino. Me lo contaba entre divertida y alucinada (y un pelin horrorizada).
Un labrador de unos 75 años la solicita en matrimonio. Sus fincas lindan. Nunca lo ha visto en persona, pero se conoce que el labrador tiene un catalejo y buen gusto. Ha hecho llegar el mensaje mediante un tercero. Su argumento, en momentos lejanos, era inapelable: Si se casaban y tenían hijos, podrían juntar fincas.
Ya os contaré qué contesta la valquiria, contimuarà.
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