
Acceso a porche de Can Manyà, en es Fornàs. La vista atraviesa el espacio del «porxo» (porche), la cocina y se divisa el campo a poniente a través de la puerta de ésta.
Como casi la primera casa tradicional que intervine fue Can Pardal, y no tenía ese espacio mítico de (casi) todas las casas tradicionales que se llama «porxo», en alusión a un porche, yo no entendía qué querían decir. Si un porche es un cobertizo abierto por todos lados, ventilado y generalmente luminoso y no una habitación cerrada y generalmente oscura.
Ahora, que me ha tocado recuperar otra (no le queda ni una triste vigueta de sabina arriba), ca n’Andreva, que pertenece a la categoría de «casa campesina sin porxo», tengo otra perspectiva. Y no porque sea una casa distinta a las demás.
Es que no llegó a terminar su metamorfosis. Y así está todavía.
Pero para cualquier ibicenco que conozca el mundo rural o tenga suficientes apellidos autóctonos (como mi marido), el «porxo» de una casa es un espacio generalmente rectangular (aunque los hay declaradamente cuadrados o en L) donde vierten todas las estancias de la casa con uso más o menos noble. Esto es, cocina, dormitorios y algún almacén o zona de guardar utensilios, secar sobrasadas o despensa. Lo que serían zonas menos nobles como la almazara o trull (si la había) a veces tienen acceso desde el interior del propio «porxo», aunque lo más frecuente es que no. Pero he de decir que he llegado a ver una almazara de jácena de pino de melis dentro de una cocina (negra como la noche). Las estancias que no vertían nunca en el porche, eran corrales, y nunca he visto un molino de sangre que abocara a «porxo» tampoco. Toda casa de ganado se disponía más o menos aseadamente en las inmediaciones de la casa, lo suficientemente cerca para tener un ojo puesto en ellas, y lo suficientemente lejos para que los efluvios animales no entraran hasta la cocina. aunque entonces la gente, ni aquí ni en Lleida, era tan delicada. Los establos a veces se alineaban tocando la casa delante, como precediendo la entrada, o estaban no demasiado lejos de ésta.
La primera impresión que tuve del «porxo», era que cómo sala de estar dejaba bastante que desear, y no entendía que necesariamente las habitaciones tuvieran que dar a norte. La cocina, no parecía importar de que lado, siempre se situaba orientada este-oeste a un lado de ese porche. Haciendo L con las habitaciones, y a partir de esta posición, alterada y modificada según pendientes, lindes, vecinos, muros de bancal, rocas que afloraban o trazas de tierra fértil, se disponían las habitaciones y el resto de estancias.
Y me hacía mucha gracia que el padre de mis hijos siempre llamara a cualquier cuartucho «la casa de». La casa del Carro, la casa de la Paja, la casa de Arriba «Dalt» «Pero si es un dormitorio», «No, pero es la casa de Dalt Esto es la casa de tumbarse (jeure)» Y resulta que la de arriba también era para tumbarse, pero él, «que no era igual». La casa de las matanzas, la casa del vino….La cocina no era casa de nada, era la cocina, y la almazara, también, resulta que no se llamaba la casa del aceite, era el trull. O yo nunca lo he oído casa del oli (aceite), mi suegra dice que sí; y otras casas que conformaban la finca. Lo cual es consecuente con que las casitas albergaban a menudo varias unidades familiares, y todas debían tener un espacio más o menos definido, aunque a veces se solaparan funciones (los padres, los hijos algunos ya casados y herederos, o hermanas solteras, los hijos más pequeños y la criada o mozo que algunas casas tenían). Había casas por las cosas y casas por la gente.
Y a mí me parecía que era una pena que todos los dormitorios dieran a norte o a poniente, pero fíjate que casi todos en planta baja tenían un ventanuco a norte, y que había que esperar a que se hiciera una casa de arriba para tener un dormitorio a sur , como Dios manda, y a veces ni balconcito le hacían, que sólo tenía una ventanita minúscula para ver la viña y ya está. Que hacer grandes ventanas no era barato. Y a mí este orientar a los dormitorios tan mal me parecía (y me parece) una pena.

Aquí subiendo a casa de arriba de Can Manyà, escalones de 24 cm, para hacer salud.

Ca n’Andreva, foto de 1990, donde el porche nunca se cerró del todo. El patio-porche es este espacio descubierto entre la estancia del dormitorio con la ventanitaa blanca y el almacén-corral que cierra la entrada a la casa. Lo que se divisa en el patio, es la puerta de un dormitorio.
Lo que ocurre, es que en realidad, de origen los dormitorios estaban muy bien orientados, a sur o sureste rabioso. Y recibían un solecito estupendo en las aberturas de las puertas, y gracias a éstas y las ventanas traseras, que podían ser pequeñas porque ya entraba sol por la puerta, tenían una ventilación cruzada muy conveniente.
Porque el porche no era tal. El espacio de porche era un patio. Y me parece bastante acertado creer, como he escuchado, que venía algo del concepto de alquería árabe. Las casas andaluzas y norteafricanas tradicionales de las medinas, son básicamente una retahíla de estancias en torno a un patio abierto. En las medinas no tienen la suerte de tener un paisaje despejado en frente, pero la disposición de estancias que se articulan en un espacio muy necesario de iluminación y ventilación. Dónde llevar actividades al exterior que precisan de luz pero también de cobijo (como coser o hilar, o elegir lentejas, quizás reparar los aparejos de la mula). Igualmente se llevaban a cabo en el «porxo», faenas comunes del campo, como preparar las sobrasadas o abrir los hijos para ponerlos a secar o «desclovar» (desprender de la cáscara) las almendras.
Si uno echa un vistazo a las construcciones tradicionales del Mediterráneo (aquí añado algunas), y está familiarizado con las plantas de las casas campesinas de Ibiza, verá muchas similitudes.
El espacio exterior delimitado en la casa es en todo el mediterráneo un modelo que aparece de forma compulsiva. Sucede en las casas etruscas y romanas, y lo llaman impluvium; en las griegas (que exportan el modelo de Egipto); y en las más primitivas, en las viviendas mesopotámicas, las primeras viviendas en Ur, que giran en torno a un patio, algunas en las zonas urbanas, de planta cuadrangular, y en las zonas rurales de plantas circulares u ovaladas, también con patio. Y hasta las heterodoxas casas menorquinas de la época talayótica, también circulares, cuentan con un exiguo espacio exterior junto a las «taulas» o pilares estructurales que conforman su núcleo. Espacio donde llueve, se cocina, se hace fuego, se divisan las nubes.
La casa mediterránea es una coraza hacia el exterior que domestica un poco de tierra y cielo, para disfrutar de la luz del sol de forma segura.
Aquí bajo unos ejemplos arquitectura andalusí, donde en un patio central vierten todas las estancias. Normal, este patio da luz y aire a los espacios cerrados. El primero de la publicación de Antonio Orihuela.


Aquí un muy buen ejemplo de alquería alarbe, las edificaciones más a norte, particularmente interesantes en relación a la casa patio rural de Ibiza.

Y aquí un muy buen ejemplo de crecimiento ideal de la casa campesina cortesía de la Enciclopedia de Ibiza y Formentera.

Conste que todavía no he visto la casa payesa que responda fielmente a este esquema porque los campesinos son muy creativos. Pero la simulación de crecimiento ideal es muy buena (por algo está en la enciclopedia)
La cosa es que este espacio central, el techo no le aparece hasta muy finales del SXVIII, comienzos del XIX y en algunas (ya pocas, porque cuando las cosas se ponen de moda son un peligro), nunca ha habido un porche central, y se sigue con un patio. PAra muestra Can Frare Verd. O Can Pardal.
Es el caso de Can Pardal, con antiguas habitaciones que abocan a sur a un encantador patio que se subdividió en dos tancons y en un horno exento en uno de ellos se cocía el pan.
O el caso de can Andreva, que a mediados de los años 80 detuvo su evolución. Su patio, efectivamente, podía empezar a llamarse «porxo», porque empezaba a tener alguna característica de éste. Se había cubierto someramente con unas viguetas y un muro de menos de un metro de altura a la manera de verja cerraba un trocito del patio original.

Esta foto la tomamos nosotros, desde el mismo punto de vista desde donde se tomó en 1990. Esto que le falta un muro en primer término era un dormitorio o casa de «jeure», pero su puerta aboca a un espacio central en la casa, que nunca estuvo completamente cerrado ni cubierto. Únicamente se le dotó de un pequeño porche, que permitía ir del dormitorio a la cocina sin mojarse si llovía, pero que no tenía cierre vertical a sur ni cubría completamente el espacio de patio. Era un patio en transformación a estancia principal de la casa tradicional de Ibiza, tal y como se conoce hoy. Ca n’Andreva aún era una casa patio.
Hoy las casas tradicionales en el campo de Eivissa no las asociaríamos nunca a casas patio, pero originalmente, lo eran. Y probablemente a raíz de la nueva costumbre o del prestigio que debió tener el «porxo» como aposento simbólico central (el de Can Pereta en Sant Mateu es espectacular), muchas ya construidas a finales del XVIII y sobre todo en el XIX, debían de incorporar esta pieza inmediatamente, sin que prácticamente nunca funcionaran como casas patio.
Pero en origen las agregaciones de casas de Ibiza abocaban a un espacio común exterior.
Y el padre de Alicia de can Andreva lo recuerda así en su infancia en casa de sus abuelos.
Padre de Alicia que por cierto tiene un centenar de sabinas sembradas a posta desde hace más de 30 años en previsión de la reconstrucción de los techos de la vivienda por su hija.
En el departamento de patrimonio del Consell d’Eivissa les parecerá estupendo.
A ver que dirá el departamento de Medio Ambiente, por esto de que la sabina está protegida…
Deja un comentario