Arquitectura tradicional de Ibiza VI, los árboles y las plantas

Convendréis que este acceso cambia mucho con o sin enramada.


Mi maridito quería que hiciera una entrada sobre el “molí de sang” (molino harinero) , “el trull” (almazara o molino de aceite) o “casa del vi” ( bodega) o anexos varios pero me parecía que antes había otras cosas de las que hablar, y me gustaría volver al “trull” de Can Reial i al trull de la Perella, a ver cómo están, antes de escribir’ una entrada sobre anexos productivos de la casa.
Y le he dicho que me parece que todo el mundo ve la arquitectura tradicional como un entresijo de piedras colocadas según un canon,y no, la arquitectura, tradicional o no, es el arte que trata de modificar el entorno para que los seres humanos vivan mejor. Con economía de soluciones, a ser posible. Y los payeses de Ibiza lo hacían en la mayoría de los casos bastante bien.

Y digo la mayoría porque algún que otro desastre payés he visto.


La buena arquitectura suele ser frugal. Supongo que por eso tantos arquitectos modernos quedaron pasmados con la casa tradicional (aunque reconocieron que mejoraba bastante si le pones un cuarto de baño y tal).
Y en la arquitectura hay otras cosas que no son piedras que contribuyen activamente a mejorar el entorno, y que además están vivas y son indisociables de la casa de Ibiza.

A saber, el limonero, la higuera, la higuera de pico (importantísima) el granado, el níspero. Y otras hierbas exóticas como la buganvilia.

Aquí la experta es Gertrudis de Can Canals, mi suegra, aunque he ido preguntando a otros amigos y amigas claramente dentro de lo que se entiende por ejemplar autóctono no vilero (afincado en Ibiza city).

Limonero en primer término, en can Mariano Vicent, con permiso del propietario.


El limonero: Siempre lo he encontrado cerca de la entrada, casi dando la bienvenida, casi siempre anexo a la cocina o porxo. Preguntadas mis fuentes. Joana, de can Mayans de Sant Joan, ha dicho rotunda «quien tiene un limonero tiene una farmacia», cosa que después ha corroborado mi suegra, explicando que el limón va muy bien para «rebajar la sangre» (algo que no me ha quedado muy claro que es), pero que parece es muy sano tomarse un vasito de zumo de limón por la mañana. Mi suegra también ha añadido usos culinarios diversos. Evidentemente para tener vinagre hay que tener primero vino (caro, escaso en la Ibiza rural) y que se avinagre (qué gracia, el vino es mejor cuando sigue siendo vino). El limón suple al vinagre en ensaladas. Maria de can Fita me habla de las virtudes conservantes del limón. Yo he escuchado mil veces la necesidad de limón en las matanzas, para limpiar la tripa del cerdo, por el que también son buenas las naranjas amargas o matanceras (mira a los ingleses hacen mermelada, pero aquí son para limpiar tripas.). A mi suegra su madre les trataba mil males con miel y limón. Y las ensaladas y el pescado eran sistemáticamente condimentados con limón.
Aún otro uso, dado que es tan ácido, es un buen limpiador. Varias payesas ibicencas entradas en años me han confirmado las virtudes higiénicas del limón, como antiséptico y como elemento para hacer “limpiezas a fondo”.
Por eso cerca de cada casa payesa hay un limonero. O dos.

Can Maimó, Santa Inés, desde el camino. A la derecha un macizo de chumbera que trepaba animosamente sobre el muro.

La chumbera (en ibicenco “figuera de pic”): Se encuentra frecuentemente en cercado, generalmente a una parte más bien posterior de la casa o separada, hace las veces de retrete, de vertedero, de gallinero, imagino que como refugio de las rapaces. Dice mi suegra que las gallinas estaban más felices que un rayo entre las entonces frondosas chumberas.
Parece que las chumberas tenían usos medicinales, entre ellos de cataplasma por contusiones (las palas) y para curar afecciones pulmonares (el zumo que dejaban algunas partes al dejarse macerar en azúcar).
Yo diría que no me lo creo pero desde que encontraron que una mezcla medieval de cebolla, ajo, vino y hielos de vaca es un efectivo antibiótico, ya no me atrevo a poner la mano en el fuego por nada.
Tiene una potencia visual muy importante, dado que generalmente las chumberas por aquellos entonces crecían ufanas, abonadas de muchos modos, como hemos visto, y sin grandes necesidades de agua, que al final son cactus. Formaban macizos gaudinianos y se levantaban por encima del cercado de piedra que las delimitaba.

Últimamente su realidad es otra.

Chumbera a día de hoy, en otro cercado, pueden observarse los estragos del hongo. Aún así, me sorprende su rebrote. Tenaz.

Ahora las infecta un hongo que las está diezmando, han vivido tiempos mejores.
Visualmente son muy potentes y hacen configuran un espacio definido que la fauna agradece bastante.
El fruto se utiliza además de por consumo humano, para engordar al pobre cerdo en los últimos meses antes de enero.

Hablando con Maria Fita, comentamos los tres tipos de árbol que aparecen únicamente por consumo propio de cada casa: El granado, el caquitero, el albaricoquero el níspero y el manzano/peral.

El granado: es un árbol poco exigente, pero de crecimiento lento. Su gran virtud es que tolera bastante bien la salinidad. Le convienen sitios húmedos y soleados para producir. Supongo que por eso acostumbro a encontrármelo separado de la casa, no como el limonero ,que se adosa mucho más. Todos conocen las virtudes de las granadas en cuanto a conservación. Duran con poco fresco, y esto está muy bien cuando no tienes nevera. Uno, dos o tres en cada casa. La cosa es que estos árboles eran por consumo propio. Llevar granadas a vender en el mercado era la excepción.

El Níspero: Son ley a mi familia política porque en todas las casas que tienen jardín o terreno tienen, mi suegra dos, que nos hacen muy felices. No tienen gastronomía asociada, pero yo tengo avistadas unas cuantas en casas que están dejadas de la mano de Dios en el interior de Ibiza y todavía conservan nísperos bastante vivarachos, Y como los granados, aguantan.

Níspero en la entrada de Can Toni d’en Jaume Negre, finca que el GEN tiene en custodia. Forma parte del espacio i garantiza sombra.
La misma finca anterior, pero con escorzo que muestra un granado a la izquierda, más distante de la casa. Los árboles son parte integrante del espacio que se genera.


El albaricoquero: En Ibiza está la variante que más me gusta de todas, una de tonalidad verdosa, que no parece madura pero que es dulcísima y que compro a Vicent de Can Planells que los importa de Sant Rafel cuando es temporada. Creo que en Ibiza en los años cuarentas y cincuenta, justo antes del desarrollismo, se cosechaban y secaban para exportar. Yo casi todos los que he encontrado ha sido por Sant Antoni, como el granado, quieren sol y agua, y estar algo distantes de la casa, sin sombra. Salvo las explotaciones, que las hubo para venderles secos en Valencia, dos o tres árboles por casa. Consumo propio.

El Palosanto. Me gustan los de Eivissa porque son especies más primitivas y con semilla, y mucho más dulces que las del supermercado. Al igual que el albaricoquero y los demás, algo aislado de la casa. Me gusta particularmente cuando se han caído las hojas y se ven los frutos de un naranja vivo colgado de las ramas, contra el cielo azul, contra la casa. Requiere más cuidado que el níspero y no sobrevive en la casa tan fácilmente como el limonero o el níspero si ésta es abandonada.
Quiere agua abundante.

La higuera.

La higuera no es un árbol que esté generalmente en el entorno inmediato de la casa, sino en el campo.

Y acaba configurando una arquitectura en sí misma, siempre que se apuntalen como sombrillas para favorecer el crecimiento de ramas, para que produzca más, y sobre todo, que los higos, no se la coman las cabras. La higuera es un árbol crucial que aparece solitaria o en pequeños grupos en los tercios, y cuando digo crucial, es crucial. Es el azúcar de los pobres (en Cataluña y en Valencia también). Se comen tiernas y son una golosina en otoño, durante la temporada.

Higuera con puntales incipientes.

Pero sobre todo, se secan. Para tener reservas todo el año,

Me ha sorprendido lo fácil que es secarlas en mi pueblo; sólo hay que tenderlas al sol y enharinarlas, y en cambio el laborioso proceso de secado de Ibiza, que incluye escaldar los higos, y que lleva aparejada una cesta específica para almacenarlos. Como anécdota mentar que Maria Fita tiene allegados que explican como los higos secos debían durar todo el año porque eran el sistema que tenían los campesinos para saciar su hambre: Antes de comer, se comían un par para que la comida les hiciera más provecho y los llenara antes. Efectivamente, como ha dicho María, tenemos el pasado muy idealizado. Pero el proceso de secado de higos deriva de una necesidad acuciante de comida.

De las variedades en Ibiza, las de secar eran la martinenca y la blanca (justo las dos que hay junto al cercado del cura en Sant Mateu). Las de cuello de dama no son especialmente apreciadas (son las más populares en Cataluña) y las oriolas aquí son una delicatessen, en Cataluña se deben utilizar para secar.

Los árboles son parte del paisaje de la casa y del ecosistema de la propia casa. Son una parte indisoluble de cómo las personas han ido modificando el entorno; en mayoría de árboles que ahora consideramos autóctonos son introducidos.

Entre los vegetales introducidos se encuentra la brasileña buganvilia. Insertada en Eivissa desde el XVIII. Porque? ¿Qué utilidad tiene? No da ni medicina ni nada que comer.
Pero da cobijo del sol. Y a veces del viento.

Y sobre todo da belleza.

Buganvilia porque sí.



En la minuciosa austeridad de la casa de Ibiza, en las pulcras paredes encaladas, estalla como una salpicadura de lila o rosa.
Las manchas coloreadas son hojas, no flores, como mucha gente piensa.
Y tienen a bien manifestarla sensibilidad de los habitantes de la casa. No da igual hacer un umbráculo con ramas de madera que con una parra que con una trepadora. Hay margen de creatividad.
Según Maria de Can Fita, la Buganvilia “es una bestia parda”. Aguanta el sol, aguanta sequías, vive con poca agua, aguanta ventoleras, y da sensación de floración perenne.
No es una belleza gratuita ni flaca. Es una belleza dura, espartana, básica.

Y cuando la veo colocada en algunas de las casas de payés que visito, me recuerda que no hacen falta estudios demasiado esmerados para que algunas personas tengan una intuición afilada para mejorar el entorno con la decisión de plantar una enredadera en un lugar estratégico de la casa. Y que además estas personas tienen algo que a menudo nos falta a día de hoy.

Paciencia.

Porque la buganvilia tardará años en convertirse en esa fotografía maravillosa de enramada que nos tienta a tomar el fresco ahí debajo, y que quizás le debemos a una tía Cati o iaia Margalida, que hace tiempo pensó una algo prescrito en las escuelas arquitectura una frase que me hubiera llevado al suspenso más ignominioso en una clase de proyectos:

«Esta plantita aquí quedará bien.»

Y la tia Cati se marcó una pérgola mejor que Le Corbusier.

Ésta, por ejemplo

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