Arquitectura tradicional en Ibiza XI, el agua oscura

Si la pasada entrada hablábamos de las aguas limpias, hoy toca hablar de las aguas sucias, el alcantarillado.

En breve, en Ibiza ciudad no había y en Ibiza isla eran las verjas de chumberas.
Esto significa que la salubridad en Vila (Ibiza ciudad) era mucho más escasa que en el campo, y que los olores debían ser de miedo. Los romanos conocían el alcantarillado, pero se necesitan bastantes infraestructuras y voluntad pública para sacarlo adelante. Y en la edad media dejó de estilarse en muchas zonas.
Y así como he encontrado instalaciones de recogida de agua púnicas de manera bastante frecuente y algunas en uso (me gustaría saber cuántas de las cisternas en uso de Dalt Vila son púnicas y no lo sabemos, que la cisterna púnica en uso de la casa Moutas fue un hallazgo fortuito), de alcantarillado ni rastro. No he visto nada parecido a un albañal que conduzca fecales a algún lugar recóndito.

Preguntadas mis fuentes (los parientes de mi marido), “había una acequia allí en plena calle…”

Y la fuente bastante fiable y bastante horrorizada del señor Víctor Navarro, registrador de la propiedad, reza:
…La segunda particularidad también propia de las casas de la Villa, es la falta de reproches y la inexplicable costumbre de tener los vertederos precisamente junto al umbral de la puerta de la calle. Y como ordinariamente las puertas se encuentran francas durante todo el día, cuando el transeúnte viene alguna momentáneamente cerrada ya puede presumir lo que detrás está pasando. Algunos propietarios del Arrabal (se refiere a la Marina) han tenido la cuidado de construir un departamento especial a tal efecto; y como dentro de las habitaciones falta local, han hecho en el balcón único de la casa una garita de madera que más bien pareció un armario por lo angosta y porque no tiene ningún conducto de salida….”

Fotos Pag Facebook Eivissa Antiga. Veis este balcón con un cuartucho anexo que ventila a través de un ojo de buey sin carpintería? Pues eso.

El señor Víctor Navarro no debió de hablar demasiado con los ibicencos porque nosotros tenemos los codos pelados de dibujar comunas o letrinas en la parte superior de los edificios de vivienda antiguos. No es que mejore mucho la cosa, pero hemos encontrado que en las cubiertas planas había pequeños locales que hacían la veces de inodoro. Invariablemente se encontraban fuera de la casa, se debía salir de la vivienda, a veces subir escaleras, atravesar un espacio exterior, para acceder. Lo que tiene sentido, por una cuestión básica de ventilación.
Os adjunto una foto que he encontrado que efectivamente deja ver un cuartito anexo a balcón que cuadra con el uso de estrecha letrina a la que se accede por el exterior.
Me sabe mal deciros que todos los detritus iban tarde o temprano al mar. Es lo que había entonces.
Pero la salubridad no comienza y termina con las necesidades fisiológicas, que son las más escandalosas, sino con agua corriente para lavar, ropa, por ejemplo. Que era algo que debía hacerse en el torrente o en la fuente.
Y aquí debemos agradecer a Erwin Broner su compromiso con la ciudad que le acogió. Dotó a su barrio, sa Penya, ignoro si ayuntamiento mediante o con la colaboración de los vecinos (a la payesa) de baños públicos, sí, y de un lavadero para lavar ropa. Con el que la salubridad del barrio mejoró mucho.

Excusats públics a Sa Penya, a l’esquerra de la foto. Duríssima vida la de sa Penya als anys seixantes i abans.


Y esto fue antes de ayer, aquí un fragmento de una entrevista en la Gisela Broner, que llegó a Ibiza en 1951, y que da fe de que en sa Penya, ergo a gran perte de Dalt Vila, no había un triste baño:

…Los precios eran increíblemente bajos. También recuerdo que cuando celebrábamos cualquier fiesta, cumpleaños o cumpleaños de boda (antes de tener nuestra propia casa) nos íbamos de fin de semana en el hotel más lujoso de San Antonio (solo había dos), para disfrutar de un cuarto de baño como Dios manda , ya que no teníamos uno en casa, y acostumbrados a tres cómo habíamos tenido en Estados Unidos… (ríe).

La casa la construyeron en 1960.

Os dejo con fotos de los baños públicos y del lavadero de Broner. Que en gloria esté que se lo merece.

Cada vez que nos damos una ducha deberíamos estar agradecidos. Es un lujo, me ha dicho mi amiga Núria hoy, que ni Eugenia de Montijo podía permitirse.

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