Arquitectura (y diseño) Magdaleniense II, la Grotte de la Vache

Una de las entradas de la Grotte de la Vache antes de que se cerraran con tan poca gracia a base de un muro de pizarra.

El campamento de la Grotte de la Vache es un inmenso cementerio.

No porque haya enterramientos humanos, no. No se ha encontrado cuerpo humano alguno en las inmediaciones de Bedeilhac, Mas d’Azil, la Grotte de Niaux o la Grotte de la la Vache…

Quizás lo debiéramos definir como basurero. Pero tampoco estaríamos en lo cierto.

La cuestión es que el la Grotte de la Vache, no se tira nada de lo que se haya cazado. Y los huesos de las presas de los magdaleniense ahí están, reposando en una gruesa capa bajo los pies del que entra en la cueva.

El campamento de la Grotte de la Vache se asienta sobre un grueso de unos 80 cm de huesos de varias especies (salvo la humana, pienso yo con alivio).

Durante mil años, la familia que se asienta en la cueva de la Vaca en la temporada invernal, caza, pesca, recolecta lo que sea que se puede cazar, pescar y recolectar en otoño y principios de invierno, y vive una temporada ahí, para migrar después a otro lugar de temporada donde pueda encontrar sustento.

Igual que otros animales migran en busca de pastos, caza o pesca, igual que los ñus en el Serengetti, igual que las ballenas en su viaje anual en busca de krill al Ártico, igual que los renos migran hacia el norte en verano y hacia el sur en invierno buscando sauces enanos y hojas comestibles. Del mismo modo nosotros, cuando vivíamos en Europa hace 15,000 años. Nos movíamos hacia donde sabíamos que podíamos encontrar con qué sostenernos.

Ninguno de los huesos amontonados en la Grote de la Vache era algo cazado en primavera o verano. ¿Que cómo lo sé? Un equipo de arquólogos se ha dedicado clasificar los restos y a estudiarlso minuciosamente con biólogos. El equipo estaba liderado por Nicole Pailhague y se puede ver aquí

Pero veamos que hay en ese suelo amontonado de huesos. Que igual hay sorpresa.

Si recordamos la entrada anterior, lo que se pintaba en la cueva de Niaux eran:

Principalmente Bisontes. Algunos alanceados.

Dos caballos

Dos cabras montesas.

Algún ciervo.

Un salmón.

Una comadreja (no la nombré en la entrada anterior porque no la vi, está en una galería algo inundada)

Es de esperar que esos mismos animales fueran las piezas de caza mayor que comían los magdalenienses, no? Que esas pinturas, esas odas a los bisontes fueran para que no faltaran pan en la mesa ni bisonte asándose en hogueras exuberantes.

Pues no. No. Nada o muy poco.

Con paciencia inconmensurable un equipo científico a medido, pesado catalogado y analizado minuciosamente.

Como soy arquitecta y en Ibiza me ha tocado asistir a tremendas catas arqueológicas donde sí se encontraban restos humanos, y he visto a albañiles armados con cepillos de dientes desenterrar pacientemente cráneos de los enterramientos extramuros de época romana, pues me asombra ese mismo trabajo sobre un total de 224.795 huesos solamente en una de las salas.

De paso que se recuentan los huesos también se datan unos cuantos estratos de ese basurero.

Los restos más superficiales son de hace 12.450 años siglo arriba siglo abajo. Los restos más profundos son de hace 13.650 años. 1,100 años de diferencia. Justo como las pinturas de lacueva de Niaux. Y en el mism operiodo.

Los que vivían en La Vache eran los que pintaban en Niaux.

Uno espera que el bisonte sea el plato principal.

Esos huesos era lo que quedaba de su dieta, vamos a ver qué comían. Que en la cueva de enfrente había muchos bisontes. Y caballos.

Aquí llega la sorpresa.

Se hace un cálculo de animales cazados en base a los restos encontrados y se identifican especies, de los cuales resultan: 21 espécies de mamíferos y 29 especies de pájaros.

En total unos 2200 restos de mamíferos cazados y unos 4886 pájaros.

Bien de esos 4886 aves que se han cazado durante estos mil y poco años en que se ha ocupado la cueva, había por lo menos 4566 perdices nivales y 147 grajos. El resto de especies son anecdóticas. Fruto de la casualidad. Porque a lo que están especializados los magdalenienses del Ariège es a la perdiz nival. Las cazan a mansalva.

Y entre los mamíferos?

De unos 2259 mamíferos 1847 son cabras montesas, íbices (el 81%), y 147 son renos (elo 6,5%). Y ojo pero que aparecen un par de cabras pirenaicas en el interior de Niaux, el tempo. Una de ellas con lanzas clavadas.

Bisontes? Tras Mil cien años, 6 bisontes (número mínimo estimado según estudio de Nicole Pailhague).

Caballos? Durante 1.100 años 3 caballos .

No, no cazaban los animales que pintaban.

Porque esos animales cuyos restos se encuentran en la cueva, muy probablemente ni siquiera los habían cazado ellos.

No lo digo yo.

Lo dicen ellos. Sutilmente.

Aún así ¿Que hacen todos esos huesos tirados en el suelo del campamento?

Pura cuestión de diseño: Esos huesos no se tiran porque son materia prima. Lo mejor es tenerlos cerca de casa. Por si hay que fabricar algo. Para muestra un arpón:

Arpón bastante peculiar, de asta de ciervo.
Arpón
Aguja. Los magdalenieses cosían bastante, hacía frío.

En el suelo de la cueva además de huesos sin procesar se han encontrado útiles de hueso y sílex. Pero sobre todo de hueso. Esto es arpones, cuentas, abalorios, agujas, ganchos perforados, mangos de propulsores de azagaya, útiles de los que desconocemos la función…

Y arte. Cuentos, historias grabadas en hueso, en imágenes.

Información preciosa.

Unos lobos, reconociéndose
Unos renos olisqueándose.
Cabeza de cierva con peces. El tema de la cabeza de la cierva muy repetido en la zona cantábrica, especialmente en Altamira. La factura de la cierva es exquisita.
Caballo olisqueando . probablemente a una yegua.
Perfil de íbex, varias veces repetido. Denota habilidad y capacidad de síntesis. Puede significar movimiento.
A esta talla se la conoce como caza del Uro. Dado que no había uros como restos de comida y raras veces se encuentran entre lo que comen los magdalenienses (eran animales bastante fieros, más difíciles que los bisontes) mas bien parece una escena de excursión de caa donde aparece súbitamente un uro.

Dicho sea de paso. Hay otro animalito vecino de los magdalenienses que no ha dejado restos en el suelo de la cueva. Y eso que está bastante presente en sus vidas.

Este es el único hueso con muestras de haber sido quemado en toda la cueva. Una leona corre.

Y mira que han encontrado huesos de :

Osos pardos, (que han cazado probablemente durante su hivernación o que no han sobrevivido al invierno, somos carroñeros más que cazadores, en pleno verano es difícil toserle a un oso); algún lobo, multitud de zorros; algunos rebecos, 85 concretamente. Muchos pequeños mamíferos como roedores, topos, liebres….

Pero ni un león de las cavernas en el suelo de la Grotte de la Vache.

Y eso que los tienen muy en mente.

Tanto que han grabado en esos huesos que dejan ahí tirados. Y en algunos salen leones primorosos. Sí.

En las escenas de los leones no son exactamente los magdalenienses los cazadores.

Lo que se graba en hueso, ese arte no contendrá ni los mismos motivos ni los mismos animales que se encuentran en lo oscuro de la capilla de esa gruta que se abre a poniente.

Un/ león/oso aparece grabados en un hueso, persiguiendo a un caballo ante la mirada atónita de un grupo de cazadores (de diverso tamaño y condición)

Aquí la escena.

Cada cazador parece tener identidad propia, su tamaño y porte los identifica, el artista estaba grabando algo que tenía una base real. Entre los cazadores un niño, alguna mujer menuda.

Y un predador avanza hacia el caballo.

Los cazadores, que seguramente iban a por cabras, observan. Se han topado con un león cazando un caballo? Ellos quedan en segundo plano, el caballo ahí está. Lo que parece un león avanza firme y frontal hacia el caballo.

Nuestra especie es sobre todo, oportunista. Demasiado diría yo.

Grupo de cazadores de la escena de la iniciación. Los que presencian la caza del caballo.

Hubiera podido darse ocasionalmente, y quizás durante once siglos se llegó a dar, que alguna generación de esa familia cazara algún caballo, algún bisonte, algún uro.

Pero lo más normal sería que fueran restos de la caza de leones o de lobos.

Quizás porque ella caza fue tan excepcional se plasmara en la roca como una dádiva del frío en la época de las nieves.

Pero esto es sólo una elucubración mía.

Quizás pintaban esos bisontes heridos como agradecimiento a una presa tan enorme. A un salir de penurias. A un pequeño milagro.

Quizás honraran a uno de esos seis o siete bisontes que aparecieron en el suelo de la cueva. Cazados por ellos después de malheridos por los leones. Quizás animales enfermos.

Quizás honraran a esos caballos que iban a beber y que cazaban los lobos y luego podían recoger lo que quedaba (también se han encontrado huesos de unos 8 lobos entre los restos del banquete, los lobos estaban en el menú de los magdalenienses).

No es que otros grupos humanos (pocos) no supieran cazar bisontes. Pero en general las presas encontradas en yacimientos más o menos estudiados como Altamira y Tito Bustillo y en general los de la cornisa cantábrica, son sobre todo cérvidos (gamos, renos, ciervos), cabras y rebecos. Presas que no hieren fácilmente a un ser humano.

Lo que es seguro es que un magdaleniense del Ariege cuando salia a cazar no esperaba traer a casa un bisonte o un caballo, que los ciervos allá eran más bien raros y que sobre todo comían cabras, a veces renos y rebecos, y mucha perdiz nival. Y que si traían una pieza de bisonte o caballo, tenía números de ser carroña, los restos de lo que los lobos o los leones de las cavernas han cazado. Comido y luego abandonado.

Así que las pinturas de los bisontes y caballos, son aún más extrañas.

Son excepciones de emboscadas misteriosas.

Tanto que cuando suceden, merecen ser recordadas como una caza de leyenda.

Monterías o hallazgos que merecen ser pintadas en un lugar escondido, deben ser agradecidas. Quizás durante esos mil años alguien fue capaz de abatir un bisonte. Un hito.

Las pinturas de la Grotte de Niaux son un memorial a una cacería extraordinaria.

O como una expiación por haber infringido una ley. O como una ofrenda en lo más oscuro de la cueva.

Cazar un caballo o un bisonte es algo trascendente, inquietante.

Un regalo extraño del invierno.

Quizás por eso se dibuja en el vientre de la tierra.

Przewalski Pferd, Equus przewalskii, auf winterlicher Weide

Continuará.

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