
La muy humilde sabina es la prota de la entrada. En general, y por mi sorpresa, se cree que lo de la sabina es llegar y besar el santo; que es un arbolito muy simpático y muy protegido que crece aquí y allá, que poblaba los Monegros con profusión y que aquella fronda exuberante aragonesa fue expoliada hasta las raíces para construir «La armada invencible», promovida generosamente por Felipe II el ecologista. Rey de gran visión de futuro que ya previó las posibilidades de desertificar parte de Zaragoza para promover la filmación de Spaghetti Western. Los reyes sirven para esto.
Armada Invencible que no ganó ni una sola batalla, porque fue a parar al fondo del mar después una tormenta primero y luego sus restos fueron diezmados por la flota inglesa, con sir Francis Drake, primogénito de un granjero predicador y corsario de pro, al frente.
Que el hijo de un predicador llegue a Sir de la corte inglesa por sus habilidades de sátrapa marino dice mucho de las virtudes ecuménicas de su padre.
Dicho esto las Pitiusas se llaman así por su fronda conífera y porque griegos y romanos venían aquí a buscar pinos torturados por el viento, para realizar embarcaciones de curvas sinuosas, aprovechando la forma que Eolo había dado a troncos y ramas. Pero contrariamente al pino, sabinas y enebros hacen unas maderas más duras y de crecimiento más lento, que los isleños han ido utilizando para las cubiertas de sus casas.
En general se cree que la sabina la cortas y ya, a poner viguetas, y no. El proceso es bastante más lento. Y pasa por un cultivo minucioso, que recuerda un poco a la escultura. Para empezar las sabinas se plantan paralelas a los marjales, la pared de piedra, sin estorbar los cultivos alimenticios. Y entonces comienza un proceso que puede durar entre 20 y 30 años, dependiendo de las expectativas de sección del tronco que tenga el futuro constructor. Y evidentemente a mayor grosor, mayor habitación se podrá cubrir. Dicho esto, no se trata de plantarlas y ya está. Si bien allí en tiempos llovía un poco más, y no hacía falta riego en modo alguno, la sabina es un arbolito en principio rechoncho y sin pretensiones de altura. De modo que para hacerlo viga se le maltrata de la siguiente manera: con frecuencia anual o semestral se recortan todas las ramitas que salen del tronco incipiente en sus dos tercios inferiores, por lo que sólo queda un penacho de agujas en la parte superior. De esta manera la futura vigueta se estira hacia arriba.
Este proceso dura unas décadas, con mayor o menor éxito dependiendo de pluviometría, fertilidad del sol y cuidado que le dedique el payés. Para que os hagáis una idea, tengo una clienta que a los 38 años pensó en cortar sabina que su padre había empezado a cuidar para ella a la edad de 5 años. Bien, secciones de 15 cm después de 33 años.
Y aquellas que son de más de 20 cm de ancho y tienen de 6 a 8 m de largo? ¿Cuántos años tienen? ¿Cómo han pelado las ramas los campesinos? ¿Con una escalera? Aquí Miquel Àngel Porxet que ha puesto unas cuantas y que sabe que quien tiene una puede pedir lo que quiera a un extranjero enamorado de la arquitectura de Ibiza, me ha iluminado. En los torrentes, donde hay vegetación apretada y hay bastante agua y por tanto sedimentos nutritivos para la vegetación, la sabina crece ufana y más rápido. Y mucho más alta, porque debe buscar la luz. Y si es mayor, también es más ancha. De ahí estas vigas de porche o los rompeluces en espacios diáfanos.
Más sobre el proceso. Una vez se decide construir, se ponderan las sabinas y se cortan las más adecuadas (gruesas), siempre en luna nueva y cuando hace frío. ¿Por qué? Porque en invierno y con luna nueva la savia está más en las raíces que en el tronco. Ello hace que los xilofagos no la aprecien tanto. Cortar en luna llena puede agusanar (cualquier) madera.
Entonces, una vez cortada debe pelarse inmediatamente, porque mientras la madera está tierna, la corteza corre muy bien y es fácil de arrancar, pero en la que se seca es un suplicio. Secarlas supone varios meses. Y entonces ya está lista para utilizarse. Así que cuando una campesina paría al primogénito, fácilmente el padre se decidía cuidar sabinas para que una vez el mozo estuviera crecido y casadero, hubiera la madera necesaria para la «casa de dalt».
En el próximo capítulo, otras técnicas de colocación de viguetas y jácenas.

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