
La guerra me agota, no quiero ni pensar a los que la viven. Me sacude. Temo las noticias, temo la radio, pero temo más convertirme en alguien como los que se describe en «Los indiferentes» de Niemoller. Supongo que por eso escribo, aunque no sirva para nada.
Todo l o que esccribo lo documento. Compruebo en internent si mi memoria de las noticias es buena o necesita rectificación. Miro diversos medios. Converso con rusos, ucranianos, bielorusos. Necesito decir la verdad. Si no es verdad no sirve.
A Rusia le da igual. La verdad para ellos es elástica, intangible, modificable y depende de los medios de cada uno. Así su argumento de liberar Ucrania y salvarla de los nazis, a fuerza de repetirlo y ahogar voces discrepantes en su territorio, se convierte en algo parecido a la verdad. Del mismo modo pueden lavar el nombre de su ejército, rojo de sangre de críos, más que nunca.
Según ellos la matanza de Bucha no ha existido. Ni esa ni ninguna otra. Son un montaje. Eso sí, cuando ellos difunden sin mayor sonrojo en los medios rusos que Estados Unidos utilizaba a Ucrania para fabricar armas químicas, sin prueba de ningún tipo, eso es cierto y les legitima como héroes salvadores del planeta. Salvadores de todos los vicios de Occidente. Kiril bendice tropas que van a matar niños. Matar niños es los que más nos repugna, a cualquier bando, a ellos y a nosotros.
He hablado con un ruso al respecto de las armas químicas que supuestamente se fabricaban en Ucrania. Cuando le argumento que es mucho más fácil que EEUU fabrique sus propias armas químicas sin interferencia en otro lugar (como Detroit, o Polonia, o Francia, si me apuras) y las transporte luego, que es mejor idea y mejor estrategia, y que quizás debería replantearse la veracidad de su información, el ruso guarda un angustiado silencio y cambia de tema.
Pero hay algo que me inquieta. Y es que Rusia niega violencia, miente, tergiversa. Y lo hace sin justificación alguna de sus palabras. Y somos nosotros los que debemos buscar las pruebas, en las imágenes satélite, en grabaciones de movil, en fotos de transeuntes. Nosotros tenemos que mostrar lo que sucede, para rebatirles. Y ellos en una estrategia de monstruo mentiroso, mantienen su versión, y argumentan, sin ningún esfuerzo, que nuestras imágenes són un fake. Que todo es un montaje para desacreditarles. Y esto lleva ocurriendo desde el principio, desde que se acumularon las tropas en los márgenes de una asombrada Ucrania, durante días, durante semanas luego, carros de combate, munición, maniobras, decían, mientras Putin nos tranquilizaba a todos, diciendo que no tenía intención de invadir. Para invadir y negarlo luego, era una operación especial. Rusia desarticula el lenguaje y lo retuerce, no atiende a lógica alguna, sólo, como un estafador, tergiversa, mientras se acumulan cuerpos inertes, ensangrentados o carbonizados, en un lugar donde nadie quería guerra.

Bucha desde el aire.
Me agota el nivel de mentira torticera.
Pero la cosa viene de largo ,y llevan años practicandola. Cuando en 2012 El presidente de Ucrania Yanukovich, ojo, proruso, llegó a un acuerdo con la UE de apertura de Ucrania hacia la Unión Europea, el Euromaidán, que la EU no quería formalizar hasta la liberación de Yulia Timoshenko, exministra Ucraniana con Viktor Yushenko (ese presidente al que envenenaron por acercarse demasiado a la OTAN). Las manifestaciones a favor de la apertura y al liberación e Timoshenko terminaron derrocando a Yanukovich, ojo otra vez, proruso. Causando en el Donbass malestar primero, conflictos armados, y finalmente una guerra civil en en este de Ucrania, parte, no perder de vista, prorusa.
Durante ese conflicto interno de Ucrania, Rusia, por supuesto apoyó al Donbass. El Donbass era ruso, no lo ovidemos, está en Ucrania gracias a una genialidad de Lenin, que lo cedió durante el trazado de los soviets, sin preocuparse de que en esa zona no se hablara ucraniano. Y durante ese conflicto en 2014 el noticiario ruso Perviy Kanal , el favorito de Putin dedicó un reportaje a la barbarie del ejército ucraniano. Esos ucranianos eran bestias babeando bilis. Una muy afectada y traumatizada Halina Pyshnyak, refugiada testigo relató como en la plaza Lenin de Slovansk, los soldados ucranianos cogieron a un niños de tres años, lo crucificaron delante de su madre a la que obligaron a mirar para matar luego. Esto emitó el canal ruso en prime time.
Tranquilos todos. Es mentira. No hay plaza Lenin en Slovansk, ni documentos, ni Halina Pyshnyak puda dar realmente detalles. De hecho luego resultó no era refugiada. No está claro quien era ni porque´contaba lo que contaba. Y que no hubo cuerpo, ni pruebas, ni otros testigos, ni nada. Sólo la palabra de esta señora. Y que la historia era calcada a las que corrían en la edad media al respecto de los judíos. Que eran aficionados a crucificar niños cristianos para arrancarles el corazón luego. Como sucedió con el Santo Niño de la Guardia, en Toledo, que no existía pero sirvió para quemar vivos a unos cuantos judíos y judíos conversos, que no habían hecho absolutamente nada.
No hubo tal barbaridad. Pero ahí Rusia ya apuntaba maneras. Y ahí seguimos. Rusia anuncia, denuncia y está mintiendo. A Rusia la acusan de hechos probados y Rusia niega. Ya ya está. Y a muchos rusos con eso les vale. Y eso es lo terrible. Tampoco han podido comparar mundos. No han salido de Rusia más que para hacer turismo en Bielorusia o Ucrania (a Crimea, concretamente, en Kyiv hablan algo raro y no seles entiende), y desde luego su poder adquisitivo no les permite visitar el corrupto Occidente. A Lavrov, en cambio sí.
Luego nos extraña que envíen misiles con mensajes «Por los niños del Donbass».
Esta semana he jugado al ajedrez, pero no he tenido contrincantes rusos a penas, y ya no puedo chatear como antes, el programa me veta el corta y pega de las frases, tengo que copiar mis mensajes en ruso.
Sí que he tenido noticia de un jugador de baloncesto al que siempre creí ruso y ha resultado ser Ucraniano. Aleksander Volkov. Disfruté viéndole jugar en mi niñez, y disfruté aún más en mi adolescencia, viéndole jugar en la selección soviética contra Atlanta Hawks y viéndo cómo CCCP abatía a EEUU en la final de baloncesto de Seul.
Volkov era alto, rápido, tenía un gran juego de pies, una enorme movilidad y un tiro exterior demoledor a pesar de ser un jugador alto. Su técnica individual en las aproximaciones al aro parecía salida del ballet del Bolshoi, volaba hacia canasta en unas filigranas ágiles y delicadas, se desprendía de su defensor girando sobre su eje, como una bailarina en el lago de los cisnes, para dejar el balón cerca de la cesta, con la punta de los dedos. Y en contraste a los desgarbados compañeros de equipo, Aleksander tenia un cuerpo exacto, preciso, envuelto en una piel láctea, nordica, que definía cada músculo sin estridencias, tenía un cuerpo armónico, unos rasgos eslavos, a veces vagamente femeninos, y una sonrisa huidiza al final del partido. Sasha Volkov era una hombre muy hermoso. Sí, antes de ser el ministro de deportes en Ucrania era el dueño de mi corazón adolescente, allá a finales de los 80.

Pues he visto a Volkov enfundado en traje de combate y con un AK47 al lado. Y se me ha vuelto a romper el alma. Parece que cada ucraniano está dispuesto a lo que sea por su libertad. Tal actitud aquí la desconocemos.

Es el mismo hombre, sólo que 30 años y una guerra más tarde.
Para dar una pista de la pasta de que están hechos los ucranianos, Aleksander Volkov y el lituano Sharunas MArciulonis, ambos parte de la gran selección soviética que derrotó a EEUU en Seul, debutaron en la NBA en la temporada 89-90. El de Ucrania tan comprometido con su deporte y con abrir su país al mundo, que ocultó a su club durante toda la competición un dolor atroz que sufría en las muñecas, y jugó lo mejor que supo, y anotó menos de lo que hubiera podido. Y a final de temporada confesó que el dolor era insoportable. Las muñecas, en baloncesto, son el alma de la anotación. Sin muñecas no hay tiros exteriores, ni entradas, ni bote. Todo gira entorno a ellas.
Aleksander Volkov jugó la temporada 89-90 con los Hawks, sí, y con las dos muñecas fracturadas. Aguantando un dolor insoportable. Y jugó muy decentemente. La siguiente temporada en blanco, claro, recuperación.
Contra estos se enfrentan los rusos. Ucrania no se rendirá y Rusia no parará. Y moriran un montón de niños de verdad, y de madres, y de padres, y de personas con o sin familia, que no merecen morir, y Rusia dirá que es un montaje. Y no. No lo es.
Putin y sus camaradas son los asesinos de niños.
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