Azovstal o el octavo pasajero

Se me han acabado las metáforas de ajedrez. Chess.com tampoco me deja chatear con mis contrincantes y hace semanas que no me topo con un ruso, con lo mucho que jugaban antes. Deben estar bloqueados.
Las barbaridades diarias me abruman, pero lo de Azovstal me hiela la sangre.
Azovstal era un complejo fabril como el laberinto del Minotauro, con siete plantas, varias subterráneas. El 24 de febrero de 2022, día en que empieza la invasión de Rusia a Ucrania, la sorprendente normalidad hizo que algunos trabajadores entraran en turno de tarde o noche, algunas madres se llevaron con ellas a sus retoños, porque preferían no dejarlos solos en casa. Otros directamente eran matrimonios que trabajaban juntos en la fábrica. Dado que las residencias de esta gente en cuestión estaban en la vapuleada Mariúpol, no sabremos nunca que habría sido peor. Los túneles de Azovstal son más resistentes a las bombas que un edificio residencial corriente, no hace falta ser arquitecto para tener eso claro.
Esos civiles han convivido hasta 72 días con una guerra. Con la misma ropa, bebiendo agua de la que se utiliza para enfriar las coladas de acero fundido, mal comiendo, y aguantando un sitio. El pasado 7 de mayo salieron los últimos civiles.
Porque el mar de Azov, además de dar nombre a la acería, se la da a un comando o grupejo paramilitar, el Batallón Azov, que ahora medio mundo da por héroes. Y efectivamente están defendiendo Ucrania de la invasión rusa. Y sí, han protegido a los civiles, o les han apoyado, en el sitio. «Que no pase ni una mosca» dijo el zar, «Igual hay 30 niños, pero más había en Leningrado y uno era mi hermano Viktor» debió pensar en silencio. Que son 30 niños al lado de los cientos de miles que murieron en Leningrado. En fin.
Decía que los héroes del regimiento Azov, que están a la orden del ministerio de interior, descienden de un «Batallón Azov». Batallón que en su origen estaba integrado por contingentes de extrema derecha, ucranianos y extranjeros, muchos de ellos croatas. Amantes y añorantes del Tercer Reich. Incluso su simbología actualmente recuerda, imita a las de la SS. Incluso su emblema es un Wolfsangel o «Ancla para lobos», símbolo heráldico también utilizado por los nazis. Sí, esta joya que nació en 2015 de la mano de un tal Andriy Biletsky historiador nada menos!, Ucraniano orgulloso de serlo. Antes, en 2014 había funcionado como grupo paramilitar en los conflictos del Donbass y Donetsk, fue «refinada» y adoptada por el ministerio de interior de Ucrania, cambiando el nombre de Batallón a Regimiento y logrando integrarse en la Guardia Nacional Ucraniana.
Se mantuvo su emblema (nazi), y todos al Donbass a repartir estopa.
A ellos se refería Putin cuando hablaba de desnazificar Ucrania (él es un filántropo, claro). Biletsky en 2005 ya había intentado algo llamado «Patriotas de Ucrania» una especie de asociación o partido que promulgaba ideas antinmigración y recuperaba lo bonito que es ser ario, rubio y con ojos azules, blanquito. Una perla.
El segundo de abordo del batallón es un tal Denis Projipenko, de profesión ultra del Dínamo de Kiev. Éste es el que hoy está al mando en la acería de Mariúpol. Algo enseñarán en las reuniones de los ultras porque ahí llevan más de dos meses y el ejército ruso aún no los ha rendido.
Muy elegante la operación de adopción del batallón no fue. Porque quedó bastante claro que una vez regularizada la situación de las milicias, alrededor de un 20% eran neonazis o supremacistas blancos. Claro, cuando he leído esto en varios lugares y he recordado lo de Putin de «desnazificar» (en el país vecino, claro, él no se ve como criminal de guerra y genocida), he pensado, mira, aquí se han dignado a recoger una pizca de verdad por si acaso.
Lo curioso es que el grueso de sus miembros no son originarios de Ucrania. Es un batallón multicultural. Y sí, tomaron parte en la guerra del Donbass de 2014, Ucrania tuvo una guerra civil anteayer, como quien dice, germen de ésta, pero de aquella ni nos enteramos. Por lo menos yo. Probablemente porque no nos afectó al día a día como ésta o la que hay hace años en Yemen.
Pienso en los trabajadores de la fábrica y en los que se refugiaron en ella sin querer coger un fusil, y recuerdo a la teniente Ripley. Ellen Ripley se pasa la vida transitando mundos oscuros, sin sol, de donde no puede huir (son naves, planetas, laberintos) y en donde una criatura acecha. Ellen Ripley no es una amenaza para el Alien, es una presa potencial. Luego el guión hace una pirueta y se salva. La guerra es la parte sin pirueta.

Algo tremendo debe pasar por la cabeza de los soldados rusos para atacar una fábrica donde hay civiles y niños. O simplemente, como cuando entraron en Chernobyl, nada saben del lugar que atacan.
Necesitaba escribir esta entrada no sólo por los niños que han vivido como Ellen Ripley. También por lo maniqueo de los medios de comunicación y de la guerra. Tendemos a pensar que en un bando bueno y otro malo. Y sí, yo creo que Rusia es el agresor y Ucrania el agredido. Pero yo creo que no saldría de copas con los del Batallón Azov más que con Putin. Da la sensación que son distintas caras del mismo medallón. Me sorprende que pidan que los evacúen. Esta parte la entiendo tan poco como que los maten. Que se rindan. En la guerra, y esto que voy a decir da risa, hay normas, ya hemos hablado de ellas (y de como se las pasa todo el mundo por el forro). No contemplan la rendición. Quieren ser evacuados como los civiles. ¿Por qué no se rinden? ¿Cual es la parte que no estoy entendiendo? ¿No creen poder ser tratados con clemencia? ¿Es vergüenza o deshonor?
Ahora mismo en la acería de Mariupol hay 600 militares heridos de consideración sin antibióticos, ni utillaje para amputar, ni nada parecido a asistencia sanitaria, algunos muriendo lentamente y en una agonía terrible, también hay algunos centenares de cuerpos en descomposición. Se respira carne podrida en los túneles. Ahora sí se parece a la pesadilla en Ellen Ripley en «Alien el Regreso». Rusia sigue bombardeando. No tengo idea de qué pasaría si los rusos estuvieran atrincherados en la acería y los del batallón Azov fuera. ¿Pasaría lo mismo? ¿Los espectadores, lo percibiríamos igual?
No entiendo ni entenderé la guerra, ninguna, jamás.

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