-

Si la passada entrada parlàvem de les aigües netes, avui toca parlar de les aigües brutes, el clavegueram.
Ras i curt, a Eivissa ciutat no n’hi havia i a Eivissa illa eren els tancons de figueres de moro.
Això vol dir que la salubritat a Vila era molt més escassa que al camp, i que les olors devien ser de por. Els romans coneixien el clavegueram, però calen força infraestructures i voluntat pública per tirar-lo endavant. I a l’edat mitjana va deixar d’estilar-se en moltes zones.
I així com he trobat instal·lacions de recollida d’aigua púniques de manera força freqüent i algunes en ús (m’agradaria saber quantes de les cisternes en ús de Dalt Vila són púniques i no ho sabem, que allò de la casa Moutas va ser una troballa), de clavegueram ni rastre.
Preguntades les meves fonts (els parents del meu marit), “hi havia un rec allà a l mig del carrer…”
I la font força fiable i bastant horroritzada del senyor Víctor Navarro, registrador de la propietat, resa:
…La segunda particularidad también propia de las casas de la Villa, es la falta de retretes y la inexplicable costumbre de tener los vertederos precisamente junto al umbral de la puerta de la calle. Y como ordinariamente las puertas se hallan francas durante todo el día, cuando el transeúnte ve alguna momentáneamente cerrada ya puede presumir lo que detrás está pasando. Algunos propietarios del Arrabal (es refereix a la Marina) han tenido el cuidado de construir un departamento especial a tal efecto; y como dentro de las habitaciones falta local, han hecho en el balcón único de la casa una garita de madera que más bien paree un armario por lo angosta y porque no tiene ningún conducto de salida….”

Fotos Pag Facebook Eivissa Antiga. Veieu aquest balcó on li surt un recambró amb un ull de bou probablement sense fusteria? Doncs això. El senyor Víctor Navarro no devia parlar massa amb els vilatans perquè nosaltres tenim els colzes pelats de dibuixar comunes o latrines a la part superior dels edificis d’habitatge. No és que millori molt la cosa, però hem trobat que dalt les cobertes planes hi havia petits locals que feien les voltes d’inodor. Invariablement es trobaven fora de la casa, s’havia de sortir de l’habitatge, de vegades pujar escales, travessar un espai exterior, per accedir-hi. El qual té sentit, per una qüestió bàsica de ventilació.
US adjunto una foto que he trobat que efectivament deixa veure un recambró annexe a balcó que quadra amb l’ús d’esquifida latrina a la qual s’accedeix pel balcó.
Em sap greu dir-vos que totes les detritus anaven una hora o altra a la mar. És el que hi ha.
Però la salubritat no comença i acaba amb les necessitats fisiològiques, que són els més escandaloses, sinó amb aigua corrent per rentar, roba, per exemple. Que era una cosa que s’havia de fer al torrent o a la font. Oen aigua mig embassada en algun safareig comunitari.
I aquí hem d’agrair a l’Erwin Broner el seu compromís amb la ciutat que el va acollir. Va dotar el seu barri, sa Penya, ignoro si ajuntament mitjan o amb la col·laboració dels veïns (a la pagesa) de banys públics, sí, i d’un safareig per rentar roba. Amb el qual la salubritat del barri va millorar molt.

Excusats públics a Sa Penya, a l’esquerra de la foto. Duríssima vida la de sa Penya als anys seixantes i abans. 
I això va ser abans d’ahir, aquí un fragment d’una entrevista a la Gisela Broner, que va arribar a Eivissa a 1951, i que dona fe que a sa Penya, ergo a gran pert de Dalt Vila, no hi havia un trist bany:
…Los precios eran increíblemente bajos. También recuerdo que cuando celebrábamos cualquier fiesta, cumpleaños o aniversario de boda (antes de tener nuestra propia casa) nos íbamos de fin de semana al hotel más lujoso de San Antonio (solo había dos), para disfrutar de un cuarto de baño como Dios manda, ya que no teníamos uno en casa, y acostumbrados a tres cómo habíamos tenido en Estados Unidos… (ríe).
La casa la van construir al 1960.
Us deixo amb fotos dels banys públics i del safareig d’en Broner. Al cel sia.
Cada vegada que ens donem una dutxa hauríem d’estar agraïts.
-

Gaston Villiers, artista y grabador que se dio un garbeo por Ibiza a finales del s XIX documentó la compañía de suministro de aguas de la ciudad, lo que hoy sería Aqualia. en lugar de tubos de propileno, carretas, cátaros y burros.
Hoy que vamos casi por los 35l/m2 de lluvia en la ciudad de Ibiza y he tenido que ir a rescatar a los niños de la escuela, literalmente, me ha parecido oportuno publicar la entrada del agua.
Agua.
Después de escribir sobre la arquitectura de la escasez hice la cena (que significa que puse a calentar caldo y me hice un té). Luego envié a los niños a la ducha y regué las plantas, sí, con toda naturalidad.
O no.
Porque todas aquellas casas minúsculasde sa Penya (y las mayúsculas también) iban muy faltadas de agua corriente. Bueno, faltadas no, porque no sabían ni que llevar agua corriente en conductos a las casas fuera posible. Pero sí, como especie llevamos 100,000 años en el planeta aprox. Y únicamente en los últimos 150 años hemos conocido el agua corriente de modo más o menos generalizado y no en todas partes.
Mi madre, con seis o siete años, cada mañana llevaba una burra a la fuente cargada con unos cántaros. Y la misma burra se arrimaba a la pared de la fuente para facilitar el llenado de los botijos. Los niños traajosamente los cargaban en las alforjas de los animales, pero las burras les ayudaban. Imagino que tenían la misma conciencia de lo que era el agua. Y eran amorosas con los niños. Sí, las asnas de Llastarri. Entendían la necesidad del agua. Todo el mundo lo entendía y nadie daba el agua por sentada.
Ahora consideramos urbano un terreno si tiene suministros básicos de red urbana (durante mucho tiempo éstos han sido sólo agua, suministro eléctrico y alcantarillado, y ya estaba, ni aceras, ni encintado, ni pavimento ni alumbrado público), pero eso es algo muy nuevo . Antes un suelo urbano era un hacinamiento de casas. Un lugar donde llevaba muchos años viviendo gente y consolidando viviendas, sin importar demasiado su condición. Como bajo los arcos del Portal de les Taules, vaya, aquelos estrechos adosados.
Y ahora me he encontrado con un bonito grabado de la red de suministro de agua más o menos potable a Dalt Vila; unos señores con unos jumentos y unos pollinos que repartían se supone que por un módico precio, agua en cántaros de buena dimensión. En carretillas. Gaston Villieurs de hizo el grabado. En algún momento entre finales del XIX y comienzos del XX. Aquí, el portal de las Taulas antes del cambio de siglo, con unos señores subiendo agua en burro.
¿Todos los habitantes de Dalt Vila y la Marina debían ser servidos por los aguadores o depender de las tres escasas fuentes que había en la Vila d’Eivissa? ¡No! Las casas buenas tenían todas cisterna. En excavaciones arqueológicas (la de la casa Moutas, bajo Can Comasema, por ejemplo), encontramos algo sorprendente.
La casa Moutas fue habitada hasta finales de los años 60. Bien, encontramos que se surtía de agua de lluvia que almacenaba en cisternas. Concretamente en una cisterna púnica en uso continuado desde su construcción, cuyas conducciones de agua eran de cerámica y tenían alrededor de 3.000 años. Las canales de piezas modulares cerámicas estaban gastadas, pero funcionaban. En 2007 todavía tenía agua de lluvia. Apareció debajo de las escombreras de una vivienda medieval, que también se había surtido del agua de las cisternas púnicas.
Lo contrario de la obsolescencia programada.
Miré las canales con una especie de maravilla e incredulidad. Y las propias cisternas, útiles todavía, después de tres mil años. Excavadas en una roca viva, evidentemente.
En una reforma de otra casa palaciega de cerca de 500 m2 sabiamente adquirida por un norteamericano, también había una señora cisterna. Eran las casas pequeñas y medianas las que hacían uso de los aguadores, sobre todo.
Vamos a ver de dónde sacaban el agua los aguadores:
En 1797 Aparece Cayetano Soler por Ibiza, abogado y funcionario del estado, entre sus muchos cargos, secretario de Hacienda, quien promueve entre otras mejoras en la ciudad la construcción de una fuente pública y lavadero o puesto de lavar la colada, con aguas venidas de San Rafael, que se sitía en las inmediaciones de la muralla.

Postal de principios de siglo XX con aguadores surtiéndose de la antigua fuente de Cayetano Soler. Ojo que las calles no tienen más pavimento que tierra picada. 
Archivo fotogràfico del centro excursionista de Catalunya. Aquí la misma fuente pero con calles asfaltadas y aceras hacia los años 50 Además de ocuparse del agua, Gaietà Soler se ocupaba del vino. Y tuvo la gran idea (que le costaría la vida) de gravar el vino con un impuesto a fin de hacer caja y tener efectivo para invertir en obras públicas. Poco se imaginaba que poco le agradecerían la iniciativa.
Tras sus muchas mejoras en Ibiza, entre las que además de la fuente, calles pavimentadas y casas y una escuela, fue trasladado a Andalucía, coincidiendo con el período de las guerras napoleónicas. Los aldeanos del lugar donde se hospedaba durante su trayecto le confundieron con un alto cargo gabacho (debía hablar mallorquín cerrado de Sant Llorenç d’Escardassar con algún pariente, y creerían los aldeanos que aquello era francés) y trataron los aldeanos de matarle.
Él se apresuró a desmentir el entuerto, claro, él no era francés, era mallorquín, Miguel Cayetano Soler, secretario de Hacienda.
Y ese fue su error, porque los aldeanos reconocieron en él al responsable del impuesto al vino, que tantos disgustos les había causado, y lo mataron igualmente.
En fin.
Seguimos en Vila.
Vemos qué dice Victor Navarro, registrador de la propiedad que pasó una añito en Ibiza en 1901, al respecto de “La ciudad” (Dalt Vila) y “El Arrabal” (la Marina):
“…En la ciudad de Ibiza las casas son por lo general espaciosas, pero mal distribuidas, casi todas tienen cisterna….
Cuando se refiere a la Marina…
«…En este arrabal son muy pocas las casas que tienen pozo y el vecindario se surte de agua de la única fuente que existe en toda la población (!) y que viene canalizada desde el manantial que brota a bastante distancia en el término de San José…”
¿De dónde salía el agua a principios del siglo XX? Que yo sepa de tres fuentes, la de la plaza de la Drassaneta, la primera que todavía existe en la calle de las farmacias sin funcional y la de La plaza de la fuente. Y con esto pasaba Villa.
Mi maridito arquitecto me ha buscado fotografías escarbando en el facebook de la Eivissa antigua. Gracias Cariño.

Plaça de la Font , Dalt Vila, años 70 
Costa de sa Drassaneta, foto Heinz Vontin 1955 
Plaça de la Drassaneta por San Juan, hacia 1950 
Plaça de la Drassaneta, Denise Bellon 1935 Los más pobres tenían que ir a buscar la fuente más cercana y hacer cola y las casas buenas recibían provisión a cambio de pagar sus servicios en tiempo de sequía o poca lluvia. Porque el agua de las cisternas si no llueve también se acaba.
Con el tiempo la red urbana de servicio de agua se alargó más y más hasta llegar a Sa Penya y otros rincones de Dalt Vila, y un buen día pasados los años 60 ya empezó a ser normal tener un grifo en casa. Y todas las casas nuevas que se construían a partir de los 50 en el ensanche ya contaban con agua corriente.

Fuente en sa Penya en los años 70, de autor desconocido pero de la página de facebook Fotos d’Eivissa Antigua. Ahora todos miramos con desprecio la factura del agua y seguro que nos parece cara, pero es un pequeño milagro.
La escasez no estaba sólo en el espacio, estaba en los recursos, y el agua es uno de los más preciados, y con qué poca agua pasaban aquellas casitas y aquellas personas.
Del servicio de alcantarillado hablaremos otro día. Y veréis que agradecidos debemos de estar del tiempo que nos ha tocado vivir.
-

Gaston Villiers de turisme per Eivissa a les acaballes del s.XIX, documenta l’Aqualia de l’època Avui que anem casi pels 35l/m2 a la ciutat d’Eivissa i he hagut d’anar a rescatar els nens de l’escola, literalment, he trobat avinent publicar l’entrada de l’aigua.
Aigua.
Després d’escriure sobre l’arquitectura de l’escassetat vaig fer el sopar (que vol dir que vaig posar a escalfar brou i em vaig fer un té). Després vaig enviar els nens a la dutxa i vaig regar les plantes, sí, amb tota naturalitat.
O no.
Perque totes aquelles cases minúscules de sa Penya (i les majúscules també) anaven molt faltades d’aigua corrent. Bé faltades no, perquè no sabien ni que dur aigua corrent a les cases fora possible. Però sí, com espècie duem 100,000 anys al planeta aprox. I únicament els darrers 150 anys hem conegut l’aigua corrent
Ma mare, amb sis o set anys, cada matí duia una ruca a la font carregada amb uns càntirs. I la ruca mateixa s’arrambava a la paret de la font per facilitar l’omplir dels càntirs. Els nenes es veien treballs de carregar-los a les salmes dels animals, però les ruques les ajudaven. Imagino que tenien la mateixa consciència del que era l’aigua. I eren amoroses amb els nens. Sí, les ruquetes de Llastarri. Entenien la necessitat de l’aigua. Tothom l’entenia i ningú la donava per sentada.
Ara considerem urbà un terreny si té subministraments bàsics de xarxa urbana (durant molt temps aquestos han estat només aigua, subministrament elèctric i clavegueram, i ja estava, ni voreres, ni encintat, ni paviment ni enllumenat públic), però això és cosa molt nova. Abans un sòl urbà era un amuntegament de cases. Un lloc on feia molts anys que hi vivia gent i hi havien consolidat habitatges. Com sota els arcs del portal de les Taules, vaja.
I ara he trobat un bonic gravat de la xarxa de subministrament d’aigua més o menys potable de Dalt Vila; uns senyors amb unes someres i uns pollins que repartien se suposa que per un mòdic preu, aigua en cantirs de bona dimensió. En carretilles. En Gaston Villieurs en fa un grabat. En algun moment entre finals del z XIX i començaments del sXX. Aquí, el portal de les taules abans del tombant de segle, amb uns senyors pujant aigua en ruc.
Tots els habitants de Dalt Vila i la Marina havien de ser servits pels aiguadors o dependre de les tres minses fonts que hi havia a la Vila d’Eivissa? No! Les cases bones tenien totes cisterna. En excavacions arqueològiques (la de la casa Moutas, sota can Comasema, per Exemple, vam trobar una cosa sorprenent.
La casa Moutas va ésser habitada fins a les darreries dels anys 60. Bé, vam trobar que s’assortia d’aigua de pluja que emmagatzemava en cisternes. Concretament en una cisterna púnica en ús continuat des de la seva construcció, les conduccions d’aigua de la qual eren de ceràmica i tenien pels volts de 3.000 anys. Les canals de peces modulars ceràmiques estaven gastades, però funcionaven. A 2007 encara tenia aigua de pluja. Va aparèixer a sota les romanalles d’un habitatge medieval, que també s’havia assortit de l’aigua de les cisternes púniques.
El contrari de l’obsolescència programada.
Em vaig mirar les canals amb una mena de meravella i incredulitat. I les pròpies cisternes, útils encara, despres de tres mil anys. Excavades a una roca viva, evidentment.
A una reforma d’una altra casa palauesca de prop de 500 m2, també hi havia una senyora cisterna. Eren els cases petites i mitjanes les que feien us dels aiguaders, sobretot.
Anem a veure d’on treien l’aigua els aiguaders:
El 1797 Apareix Cayetano Soler per Eivissa, advocat i funcionari de l’estat, entre els seu molts càrrecs, secretari d’Hisenda, el qual promou entre altres millores a la ciutat la construcció d’una font pública i safareig o lloc de rentar amb aigües vingudes de Sant Rafel.

AFCEC Arxiu fotogràfic centre excursionista de Catalunya, aquí la primera font de Vila. 
Aiguaders, postal, la mateixa font de la imatge anterior però d’un temps ben anterior, amb els carrers sense urbanitzar, devia ben bé ser começaments del segle XX A més d’ocupar-se de l’aigua, en Gaietà Soler s’ocupava del vi. I va tenir la gran idea (que li costaria la vida) de gravar el vi amb un impost a fi de fer caixa i tenir calerons per invertir en obres públiques. Poc s’imaginava que com li agrairien.
Després de les seves moltes millores a Eivissa, entre les quals a més de la font, carrers pavimentats i cases i una escola, va ser traslladat a Andalusia, coincidint amb el període de les guerres napoleòniques. Els vilatans d’on s’estatjava el van confondre amb un alt càrrec gavatxó i van provar de matar-lo (em pregunto si parlava un mallorquí tan tancat que semblava francès). Ell es va apressar a desmentir el malentés, ell no era francès, era mallorquí, Miguel Cayetano Soler, secretario de Hacienda.
I aquest va ser ser el seu error, perquè els vilatans van reonèixer en ell el responsable de l’impost al vi, que tants disgustos els havai causat, i el van matar igualment.
En fi.
Seguim a Vila.
Veiem què diu Victor Navarro, registrador de la propietat que va passar una anyet a Eivissa al 1901, al respecte de “La ciudad “(Dalt Vila) i “El Arrabal” (la Marina):
“…En la ciudad de Ibiza las casas son por lo general espaciosas, pero mal distribuidas, casi todas tienen cisterna….
Quan es refereix a la Marina…
«…En este arrabal son muy pocas las casas que tienen pozo y el vecindario se surte de agua de la única fuente que existe en toda la población (!) y que bien canalizada desde el manantial que brota a bastante distancia en el término de Sant José…”
D’on sortia l’aigua a començament del segle XX? Que jo sàpiga de tres fonts, la de la plaça de la Drassaneta, la primera que encara hi ha al carrer de les farmàcies sense funcionar i la de la plaça de la font de Dalt Vila. I amb això passava Vila. Normal veure gent traginant gerros amunt i avall.
El meu maridet m’ha buscat fotografies trescant al facebook de l’Eivissa antiga.

Plaça de la Font de Dalt Vila, anys 70s 
Costa de la Drassaneta Foto Heinz Vontin 1955 
Plaça de la Drassaneta per Sant Joan 1950, Jean Selz

La Drassaneta 1935 Denise Bellon. que poc canvia. Els més pobres havien d’anar a cercar la font més propera i fer cua i les cases bones en rebien provisió a canvi de pagar-ne els serveis en temps de sequera o poca pluja. Perquè l’aigua de les cisternes si no plou també s’acaba.
Amb el temps la xarxa urbana de servei d’aigua va allargar-se més i més fins arribar a Sa Penya i altres racons de Dalt Vila, i un bon dia passats els anys 60 ja va començar a ser normal tenir una aixeta a casa. I totes les cases noves que es construïen a partir dels 50s a l’eixample ja comptaven amb aigua corrent.

Font a sa Penya als anys 70s, d’autor desconegut però del facebook de fotos d’Eivissa Antiga. Ara tots paguem aigua, i segur que ens sembla cara, però és un petit miracle.
L’escassetat no era només a l’espai, era als recursos, i l’aigua és un dels més preuat, i amb quina poca aigua passaven aquelles casetes i aquelles persones.
Del servei de clavegueram en parlem un altre dia. I veureu que agraïts hem d’estar del temps que ens ha tocat viure.
-

Receptáculo apícola. Colmena, vaya. El diseño de habitáculos no es exclusivo de los seres humanos y hay uno que siempre me ha fascinado, quizás porque mi padre hacía miel, mis dos abuelos hacían miel, mi tío hacía miel.
Cuando era pequeña yo pensaba que todo el mundo tenía abejas en algún lugar de tierra. Que era lo normal. Y no. Resulta que es más bien rarito.Papá llevaba panales con celdas de reina a casa, y yo que quedaba hipnotizada mirando la tozuda geometría de las celdas, triste viendo las larvas blanquitas y palpitantes que ya no llegarían a obrera e inquieta mirando aquellas cúpulas de cera donde vivían las princesas, las aspirantes a reina. Que en la nevera no lo serían jamás
Además en la tele hacían la «Abeja Maya», y la idea de la sociedad apícola era utópica, parecía una balsa de aceite entre democrática y monárquica, llena de obediencia y bondad. La realidad en el oscuro interior de la colmena que llenaba de botes de miel nuestra despensa, era otra, algo siniestra, sí, pero eso es otra historia.Una de las cosas que a menudo olvidamos es que los animales, incluso los insectos, toman decisiones. Y que quizás la construcción de celdas es una impronta genética en el pequeño cerebro de abeja, pero hacia dónde se orientan y a qué partes de una rama o de una roca o de un marco de colmena se fijan y hacia dónde estiran la cera, es otra cosa. Esto no lo llevan implícito en su genética y son decisiones. No demasiado diferentes de las que tomo yo cuando empiezo a dibujar una casa. Las abejas construirán en el marco o espacio que les demos. Y si no les gusta lo suficiente, tomarán las de Villadiego. Las abejas, como nosotros, tienen criterio. Son clientes exigentes y delicados, y el payés ha tenido que averiguar sus necesidades para alojarlas dignamente (porque las abejas, o se encuentran bien, o no hacen miel).
De todo lo que nos dan las abejas, particularmente cera y miel (de la polinización no habíamos sido tan conscientes, ni del propóleo, ni del polen), nos es tan precioso que hemos querido domesticarlas (con poco éxito, siguen siendo bastante salvajes), o al menos facilitar un espacio lo suficientemente agradable para que para que ellas permanezcan y lo suficientemente cómodo para que nosotros podamos extraer la miel.
Hemos tenido que diseñar un hábitat suficientemente satisfactorios para ellas y al mismo tiempo para nosotros. Cerca de la casa y que un par de veces al año podamos expoliar sin demasiado cargo de conciencia. Si no fuera que también las cuidamos y que ellas mismas como colmena no son muy miradas con los individuos y tienen más bien una inteligencia grupal, lo encontraría indignante.
Señor vasco mostrando colmena 
Otro señor vasco construyendo colmena. A juzgar por el tamaño del tronco no es que sea optimista, es que es de Bilbao. 
Colmenas de Euskadi in situ. 
Las de mi abuelo materno se parecían más a estas. 

Colmena tradicional del Pirineo, esto sale de wikipedia. 
Aquí una colmena búlgara, sospechosamente similar a las anteriones
Aquí entraría la estupenda teoría (verdad, diría yo) de E.O. Wilson (uno de mis biólogos favoritos, que en gloria esté) del superorganismo. Las abejas no miran para sí mismas, miran por la supervivencia de la colmena, aunque les cueste la vida. O que tengan que matar a sus hermanas.
Y sin embargo cada una de ellas tiene una individualidad increíble. Hay obreras tímidas que no se alejan tres metros de la colmena y sólo van a prados conocidos a caso hecho y exploradoras sagaces que levantan el vuelo hacia prados ignotos a riesgo de acabar en el pico de un abejaruco. Hay nodrizas que miran negligentes como las larvas son parasitadas por la varroa sin mover una pata (un ácaro que nos lleva por el camino de la amargura), hay otras nodrizas diligentes que emprenden una lucha encarnizada contra el parásito y se comen su hermana larva sin piedad para eliminar el ácaro. Lamento si esto estremece a alguien o si todavía alguien cree que la sociedad de las abejas era como lo de Maya y Willie. Las abejas son caníbales, sí. Pero sólo se comen las larvas parasitadas o enfermas, para evitar propagación de enfermedades. Eso sí, cuando deciden hacerlo, no dudan.
A la reina cuando la matan por vieja no se la comen, hombre, que son civilizadas, y a las reinas vírgenes que emergen cuando ya tienen una nueva nombrada, tampoco. Se limitan a mutilarlas hasta la muerte. Las reinas vírgenes si las abejas obreras no son suficientemente diligentes para matar a sus hermanas reales, tienen un aguijón afilado y recto de más de un uso, para matar sin merced a sus competidoras. Que siguen siendo hermanas. A los machos cuando se acaba la época de apareamiento, los dejan fuera de la colmena y se mueren de hambre. Ni se molestan en hacerlos pedazos. Hasta ahí la democrática sociedad apícola.
En fin, volvemos a las colmenas.Por lo general, las personas, vistas las propiedades nutritivas y terapéuticas de la miel, la hemos recolectado. Primero al modo oso, es decir, destrozando las colmenas silvestres. Después hemos aprendido a que si cuidábamos la colmena y sólo extraíamos un poco, cada año podríamos ir a buscar un poco más cada temporada y no rompernos las piernas buscando colmenas silvestres. Y por último, hemos diseñado una serie de receptáculos para alojar las abejas e incluso pasear las colmenas de aquí para allá en nuestra conveniencia. Aquí unas colmenas tradicionales de varios lares de la Península.
Las de mi abuelo en Llastarri, como la práctica totalidad en el Pirineo, estaban hechas de mimbre y embarradas con buna de vaca o arcilla, con tapas redondas y que alojaban unos panales de miel redondos.
Y como se puede ver, todas estas colmenas, son transportables.Y he aquí la particularidad de Ibiza.
Como ha dicho Toni M. hoy que le he llevado de excursión a Can Tieta a ver unas colmenas. Las caseras o casas de abejas, en Eivissa son literalmente casas. Como la casa de la paja o la casa del vino. Porque no se pueden mover. Y de forma sorprendente, sí, muy sorprendente, están a ras de suelo. Las colmenas de abejas de Ibiza parecen a menudo dólmenes en miniatura. Me recuerdan vagamente a un sepulcro paleolítico encogido. O las tumbas de tegulae en las necrópolis romanas.
Por el contrario, las casas de abejas debían bullir de vida.



La mayoría de imágenes pertenecen al blog de patrimonio del Consell d’Eivissa, que tiene fotos de éstas colmenas ya restauradas.

Losas de marés verticales, a veces de piedra viva, sobre una base también de piedra, que se cubren con losetas horizontales. Y que contienen a veces un tronco de olivo, de higuera o de algarrobo vaciado por dentro o una especie de cestillo cilíndrico de cañas y arcilla, que se entrega al pequeño sepulcro en una cama el alga a fin de aislar térmicamente la casera, entre en contenedor de madera o caña y la piedra. Como bien ha observado Toni, siempre a la sombra, porque las abejas se asfixian que es un portento y porque la piedra al sol se calienta y haría un hábitat imposible para ellas que o morirían o migrarían.
Y aquí la enorme diferencia entre las colmenas tradicionales del Pirineo (y de la península en general) y las tradicionales de Eivissa. Las de Eivissa no se mueven de su terreno. Las de mi pueblo, el campesino puede decidir tenerlas en otro lugar o incluso moverlas para polinizar un viñedo un poco más apartado (aunque no es tarea fácil y requiere maestría y experiencia).
Mi abuelo materno las tenía apiladas en horizontal junto a una pared de piedra afilada como un cuchillo, en la sierra de Sant Gervàs, a cubierto y cobijadas en una especie de estante al aire libre. Y si quería se las llevaba, claro. Y para su manipulación era fácil.
En Ibiza debía desmontarse una losa de marés ya veces, que nadie se escandalice, matar a todas las abejas para quitar la miel. Otras veces una extracción excesiva las mataba sin que hubiera intención de ello. ¿Qué pasaba después? Una polilla se comía los restos de cera y dejaba una marca odorífera que facilitaba que un enjambre errante volviera a anidar. O lo más frecuente, el labrador captaba un enjambre y se lo llevaba a la colmena (como mi padre hizo tantas veces, y que a mí me parecía la mar de divertido cuando era pequeña y tenía que sacarle algunos aguijones de la espalda). Las abejas reconocían las feromonas de sus antiguas habitantes y decidían que era un buen lugar para quedarse. La mortalidad de colmenas era alta a pesar de la experiencia.
Lo que me ha resultado más inquietante es esta unión íntima con el terreno. Que rara vez se da. Las abejas, las colmenas, en el interior de Europa, se encuentran elevadas
Y supongo que es por la más escasa fauna depredadora de abejas en Ibiza.

Lagarto ocelado. 40 cm llega a medir. Y le encantan las abejas. En Ibiza no hay.

Este lindo mustélido saltaría de alegría si se encontrara una colmena e las de Ibiza en plena actividad. Saltaría de alegría, caería encima de la colmena y la desmontaría en cuestión de minutos. En Ibiza no hay lagarto ocelado, terror de colmenas pirenaicas y cantábricas, ni tejones, que rápido amortizan los mini megalitos, ni zorros, ni pájaros carpinteros, ni una larga lista de animalitos terrestres dispuestos a sacar provecho de una colmena a ras de suelo.
El ecosistema y la fauna tienen una imprenta en cómo diseñamos nuestro entorno, también el agrícola.
Y las lagartijas ibicencas no, no comen abejas.
Esto hace posible una arquitectura exigua y casi de sotobosque para animales modestos y de mágico zumbido.
Curiosamente no he encontrado demasiadas recetas de miel, salvo la consabida salsa de Navidad y sólo en algunos casos. Preguntado mi referente en costumbres domésticas (mi suegra, Gertrudis de Can Canals) me ha dicho que en su casa había dos o tres casas de abejas, se sacaban un par de panales y que aquello se guardaba como un tesoro, que era casi como una medicina y que se utilizaba cuando uno estaba enfermo. Toma ya. Una cucharadita con limón cuando había un dolor de garganta o una gripe.
Y ahora encontramos miel en el supermercado y nos parece cara.
He hablado con otros propietarios y la mayoría no tenían casas de abejas, que me sorprende. Cuando era pequeña yo creía que todo el mundo tenía abejas. Y no. La mayoría de terratenientes Ibicencos no tenían o tenían pocas.
Si uno mira la foto aérea de 1956 quizás encuentra alguna explicación. La isla estaba pelada. La fronda que ahora nos parece tan normal era una quimera, los pinos se cortaban para hacer bancal y hacer silo y para alimentar hornos de cal y para hacer viga y por lo que hiciera falta. En la aldea de Sant Rafel donde hemos ido, hay una colina que da a norte, con bastante pendiente. así que dolor por cultivar.
Así que cuando hemos ido con Toni a casa Clara y nos ha enseñado algunas colmenas y hemos preguntado cuántas había nos hemos quedado de piedra (como las colmenas).

Una de las colmenas de Clara, necesita remozado o rehabilitación, están en un estado bastante precario. 
Otra colmena observada por Toni, pongo a Toni parcialmente para que se vea la escala. Dicho esto Toni me ha suspendido en el examen de encontrar agujeros de andamio (se ve que se les quiere mucho), en una pared a poniente de la casa de Clara. En la visita pasada, cuando me comentó que a veces se marcaban con cruces, entendí que eran cruces con cal, y no eran cruces más sutiles, y pensé que en la iglesia de San Agustín ya debían estar borradas, ahora tendré que ir a verlas, en penitencia por el suspenso.
También explicó una costumbre arcaica respecto a los agujeros de andamio y la reproducción, pero me lo guardo por otra entrada.
Desde que sé esto que doy gracias de no haber encontrado huesecillos de ningún tipo cuando restauramos o demolemos un muro.
Hay otras trazas de pobladores pequeños que no han podido habitar las casas y han tenido que habitar en las grietas de la la fábrica de mampostería de las casas de Eivissa.
Qué difíciles son las cosas a veces.
-

Receptacle d’arna a Can Tieta El disseny d’habitacles no és exclusiu dels éssers humans i n’hi ha un que sempre m’ha fascinat, potser perquè el meu pare feia mel, els meus dos avis feien mel, el meu oncle feia mel.
Quan era petita jo pensava que tothom tenia abelles en algun tros de terra. Que era el normal. I no. Resulta que és mes aviat raret.
Papà portava bresques amb popes de reina a casa, i jo que quedava hipnotitzada mirant la perfecta geometria de de les cel·les, entristida veient les larves blaquentes que ja no arribarien a obrera i inquieta esguardant aquelles cúpules de cera on vivien les princeses, les aspirants a reina.
A més a la tele feien l’»Abeja Maya», i la idea de la societat apícola era utòpica, semblava una bassa d’oli entre democràtica i monàrquica, plena d’obediència i bondat. La realitat al fosc interior del rusc que omplia de pots de mel el nostre rebost, era un altra, una mica sinistra, potser, però això és una altra història.
Una de les coses que sovint oblidem és que els animals, inclús els insectes, prenen decisions, i que potser la construcció de cel·les és una impronta genètica al petit cervell d’abella, però cap a on s’orienten i a quines parts d’una branca o d’una roca o d’un marc d’abellaire es fixen i estiren la cera, és una altra cosa. Això no ho porten implícit a la seva genètica i són decisions. No massa diferentes de les que prenc jo quan començo a dibuixar una casa. Les abelles construiran dins el marc o espai que els donem. I si no els agrada prou, fotran el camp. Les abelles, com nosaltres, tenen criteri. Són clients exigents i delicats, i el pagès ha hagut d’esbrinar les seves necessitats per allotjar-les dignament (perquè les abelles, o es troben bé, o no fan mel).
De tot el que ens donen les abelles, particularment cera i mel (de la pol·linització no n’haviem sigut tan conscients, ni de la pròpolis, ni del pol·len), ens és tan preciós que hem volgut domesticar-les (amb poc èxit, continuen essent bastant salvatges), o al menys facilitar un espai prou agradable per elles per què hi romanguin i prou còmode per nosaltres per extreure’n la mel.
Hem hagut de dissenyar un hàbitat prou satisfactoris per elles i a la vegada per nosaltres. Avinent de casa nostra i que un parell de cops a l’any poguem espoliar sense massa càrrec de consciència. Si no fos que també en tenim cura i que elles mateixes com rusc no son gaire mirades amb els individus i tenen més aviat una intel·ligència grupal, ho trobaria indignant.
Aquí uns quants exemples reeixits d’arna.

Aquí senyor basc mostrant caseres en troncs 
Un altre senyor basc en procés de buidar tronc fer allotjar arna, pel tamany del tronc no es que sigui optimista, és que és de Bilbao. 
Arnes in situ 
Arnes com les que feia servir el meu avi matern 
Arna del Pirineu sense bastir de fang ni buna, de la wikipedia surt això. 
Aqui unes arnes de l’Aragó, que talement ens les han copiat. Fan mel de Prepirineu, diuen. 
Arna búlgara, també s’assembla sospitosament a les dels meus avis, en fi. Aquí entraria l’estupenda teoria (veritat, diria jo) de n’E.O. Wilson (un dels meus biòlegs favorits, que al cel sigui) del superorganisme. Les abelles no miren per elles mateixes, miren per la supervivència del rusc, encara que els costi la vida. O que hagin de matar a les seves germanes.
I tot i així cadascuna d’elles té un individualitat increïble. Hi ha obreres tímides que no s’allunyen tres pams de l’arna i exploradores sagaces que enfilen el vol cap a prats ignots a risc d’acabar al bec d’un abellerol. Hi ha dides que miren negligents com les larves són parasitades per la varroa sense moure una pota (un àcar que ens duu pel camí de l’amargura), n’hi ha d’altres que emprenen una lluita acarnissada contra l’àcar i es mengen la seva germana larva sense pietat per tal d’eliminar l’àcar. Lamento si això us esborrona o si encara creieu que la societat de les abelles era com allò de la Maya i en Willie. Les abelles són caníbals, sí. Però només es mengen les larves parasitades o malaltes, per evitar propagació de malalties. Això sí, quan decideixen fer-ho, no dubten..
A la reina quan la maten per vella no se la mengen, home, que són civilitzades, i a les reines verges que emergeixen quan ja en tenen una de nova nombrada, tampoc. Es limiten a mutilar-les fins la mort. Les reines verges si les abelles obreres no són prou diligents a matar les seves germanes reials, tenen un agulló esmolat i recte de més d’un ús, per matar sense mercè a les seves competidores. Que continuen essent germanes. Als mascles quan s’acaba l’època d’aparellament, els deixen fora de l’arna i es foten de fam. Ni es molesten a fer-los bocins. Fins aquí la democràtica societat apícola.
En fi, tornem a les arnes.
En general les persones, vistes les propietats nutritives i terapèutiques de la mel, l’hem recol·lectat. Primer a la manera ós, és a dir, destrosssant les arnes silvestres. Després hem aprés a que si cuidaven l’arna i només n’extrèiem una mica, cada any podríem anar a buscar-ne una mica cada anys i no trencar-ños les cames cercant arnes sivestres. I finalment, hem dissenyat una sèrie de receptacles per estatjar les abelles i inclús passejar les arnes d’aquí cap allà a la nostra convinença. Aquí unes arnes tradicionals de diverses bandes de la Península.
Les del meu avi a Llastarri, com la pràctica totalitat al Pirineu, eren fetes de vímet i enfangades amb buna de vaca o fang, amb tapes redones i que feien uns panets de mel redons.
I com veien, totes aquestes arnes, són transportables.
I heus ací la particularitat d’Eivissa.
Com ha dit en Toni M. avui que l’he portat d’excursió a Can Tieta a veure unes arnes. Les caseres o cases d’abelles, a Eivissa són literalment cases. Com la casa de la palla o la casa del vi. Perquè no es poden moure. I de manera sorprenent, sí, molt sorprenent, estan arran de terra. Les caseres d’abelles d’Eivissa semblen sovint petits dòlmens en miniatura. Em van recordar vagament un sepulcre paleolític encongit. O les tombes de tegulae a les necròpolis romanes.
Per contra, les cases d’abelles devien bullir de vida.



La majoria d’imatges son del blog de patrimoni del Consell.

Lloses de marés verticals, de vegades de pedra viva, sobre una base també de pedra, que es cobreixen amb llosetes horitzontals. I que contenen de vegades un tronc d’olivera, de figuera o de garrover buidat per dins o una mena de cistelló cilíndric de canyes i argila, que s’entrega al petit sepulcre en un llit l’alga a fi d’aïllar tèrmicament la casera, entre en contenidor de fusta o canya i la pedra. Com bé ha observat en Toni, sempre a l’ombra, perquè els abelles s’axfisien que és un portent i perquè la pedra al sol s’escalfa i faria un hàbitat impossible per elles que o moririen o migrarien.
I aquí l’enorme diferència entre les arnes tradicionals del Pirineu (i de la península en general) i les tradicionals d’Eivissa. Les d’Eivissa no es belluguen del seu terreny. Les del meu poble, el pagès pot decidir tenir-les en una altre indret o inclús bellugar-les per pol·linitzar una vinya una mica més apartada (tot i que no és feina fàcil i requereix mestria i experiència).
El meu iaio matern les tenia apilades en horitzontal vora una paret de pedra esmolada com un ganivet, a la serra de Sant Gervàs, a cobert i aixoplugades en una mena de lleixa a l’aire lliure. I si volia se les enduia, es clar. I per manipular-les era fàcil.
A Eivissa s’havia de desmuntar una llosa de marés i de vegades, que ningú s’escandalitzi, matar totes les abelles per treure’n la mel. Altres vegades una extracció excessiva les matava sense que n’hi hagués intenció. Que passava després? Una arna se’n menjava les romanalles de cera i deixava una marca odorífera que facilitava que un eixam errant hi tornés a niar, o, el més freqüent, el pagés captava un eixam i se l’emportava a l’arna (com el meu pare va fer tantes vegades, i que a mi em semblava la mar de divertit quan era petita i li havia de treure alguns agullons de l’esquena). La mortalitat d’arnes era alta tot i l’experiència.
El que m’ha resultat més estrany és aquesta unió íntima amb el terreny. Que poques vegades es dona. Les abelles, els ruscs, a l’interior d’Europa, es troben elevats
I suposo que és per la més minsa fauna menjadora d’abelles a Eivissa.

A Eivissa no hi ha llangardaixos. Les sarbantanes no mengen abelles. 
Aquest animalet tan mono saltaria si es trobés una casa d’abelles a peu pla. Vaja si saltaria. D’alegria dalt del arna que duraria dos minuts. A Eivissa no hi ha el llangardaix ocel·lat, terror de ruscs pirinencs i cantàbrics, ni teixons, que ràpid desmunten els mini megalits, ni guineus, ni picots, ni una llarga llista d’animalonets terrestres disposats a treure profit d’una arna arran de terra.
L’ecosistema i la fauna tenen una impronta en com dissenyem el nostre entorn, també l’agrícola.
I les sargantanes eivissenques no, no mengen abelles.
Això fa possible una arquitectura exigua i quasi de sotabosc per animals modestos i de màgic zum-zum..
Curiosament no he trobat massa receptes de mel, tret de la consabuda salsa de Nadal i només en alguns casos. Preguntat el meu referent en costums domèstiques (la meva sogra, Gertrudis de can Canals) m’ha dit que a ca seua hi havia dues o tres cases d’abelles, se’n treien un parell de bresques i que allò es guardava com un tresor, que era casi com una medecina i que es feia servir quan un estava malalt. Toma ya. Una culleradeta amb llimó quan hi havia un mal de gola o una grip.
I ara trobem mel al supermercat i ens sembla cara.
He parlat amb altres propietaris i la majoria no tenien cases d’abelles, El qual em sorprèn. Quan era petita jo creia que tothom en tenia, d’abelles. I no. La majoria de terratinents Eivissencs no en tenien o en tenien poques.
Si un mira la foto aèria de 1956 potser en troba alguna explicació. L’illa estava pelada. La fronda que ara ens sembla tan normal era una quimera, els pins es tallaven per fer feixa i fer fer sitja i per alimentar forns de calç i per fer biga i pel que fes falta. Al llogarret de Sant Rafel on hem anat, hi ha un pujolet que dona a nord, amb força pendent. així que mal per cultivar.
Així que quan hem anat amb en Toni a casa la Clara i ens ha ensenyat uns quants ruscs i hem preguntat quantes n’hi havia ens hem quedat de pedra (com les caseres).

Una de les 94 cases d’abelles de ca na Clara, ja una mica atrotinada, que fa anys que ningú se la mira. Noranta quatre cases d’abelles tradicionals. A la cara nord d’un puig amb fronda. Inclús el Toni que ha vist coses rares ha fet uns ulls com taronges. Així que quan he tornat a casa he mirat a la foto del 59 hi ha fronda llavors, i ben espessa, que no era així a tot arreu. Llavors les abelles podien estar a ombra i se’n podia tenir unes quantes.

Una altra casa d’abelles atrotinada observada pel Toni. Poso un tros de Toni per que s’aprecii l’escala. Dit això el Toni m’ha suspès a l’examen de trobar forats de bastida (es veu que se’ls estima molt), a una paret a ponent del casament de la Clara. A la visita passada, quan em va comentar que de vegades es marcaven amb creus, vaig entendre que eren creus amb cal, i no eren creus més sobtils, i vaig pensar que a l’església de Sant Agustí ja es devien haver esborrat. Ara hauré d’anar a veure-les en penitència pel meu suspens.
També va explicar una costum arcaica al respecte dels forats de bastida i la reproducció, però me’l guardo per una altra entrada.
Des que sé això que dono gràcies de no haver trobat ossets de cap mena quan hem de refer un mur.
Hi ha altres traces de pobladors petits que no han pogut habitar les cases i han hagut d’habitar a les esquerdes de la maçoneria de les cases d’Eivissa.
Què difícils són les coses de vegades.
-
Una conversa domèstica al respecte de ser ric o pobre ha donat molt a ca meua. Quan tens un fill a l’institut veus, per bé o per mal, que la posició socioeconòmica comença a ser alguna cosa una mica massa important per ells. He dit massa important? Potser estic ficant la pota i tenen raó.
Perquè alguns profes d’institut amics meus en conten que tenen alumnes que conviuen amb pares i germans tots en una habitació rellogada. És fàcil d’entendre llavors que els nens es comparin entre sí, i difícil no admetre que hi ha un fracàs a la gestió de la població i l’habitatge.
Així que hem intentat explicar als nens que realment hi h hagut un salt brutal entre les condicions de vida de la majoria i les condicions ideals o més ideals que es podien donar en un temps. I que aquest sat d’idoneïtat ha anat minvant de maner molt significativa al darrer segle.
De manera que com molt bé apuntava en Toni M. a la visita de Ca n’Andreva, els pobres d’ara són més rics que els senyors d’abans. Observació que ja em feia ma preciosa ienyorada mare quan era petita. I que em recordava que sabia més lletra jo als 9 anys que molts mestres d’escola que havia vist pel mon. I mira que de lletra jo en sabia poca.
I per mostra, un botó, tots els que llegeixin aquest blog tenen a ca seua electricitat i aigua corrent (la majoria de les vegades, a més podran escalfar aquesta aigua i climatitzar el seu habitatge). En canvi a la casa tradicional la cambra de bany era el tancat de les figueres de pic. I a Vila, poques figueres de pic hi havia.

Foto de Jean Selz. Veieu algun tancó amb figueres de pic per aquí? Doncs això. Però hi havia algunes (poques) cambres de bany! A una reforma més o menys recent d’immoble amb diversos immobles senyorials, hem trobat traces d’una comuna a la coberta. No és massa còmode si vius al principal i has de pujar tres plantes quan tens una gastroenteritis galopant, i evidentement no seria acceptable ara. Però aquells propietaris eren prou benestants. Vivien a les immediacions del mercat vell.

No m’atreveixo a dir on començava o acabava una casa, però n’ha havia de minúscules. Això que està cobert a dues aigües ben bé en podria ser una. Molt pitjor els anava al barri de pescadors de sa Penya. Aquí un parell de fotos del que eren alguns habitates al carrer de al Miranda. Sí això eren habitatges. U namb Forn. Solien ser espais únics on hi havia una llar de foc per cuinar i es dormia a la mateixa estança. Ara en diuen Loft. Abans en deien misèria digna.


Dues fotos en moments diferents del carrer de la Miranda, en primer terme un cubicle blanc amb porta d’accés a carrer. Ben bé era una casa. Les traces que han deixat aquestes casetes paupèrrimes encara es poden trobar a google Earth, i millor encara, es poden medir. I ens mostren unes dimensions d’esgarrifança. 14 m² construiïts, que vol dir uns 11m2 útils. Altres tenen més sort i tenen una caseta de 15 o 20 m², si es descuiden poden tenir una habitació separada de la cuina. De fet les casetes de tres pisos de sa Penya, alberguen sovint famílies senceres de 4 o 5 membres en plantes de 30 m², dividides en recambretes on tot justet hi cabia un jaguill.
El més inquietant era el problema del desguàs o clavegueram, que directament no existia, i que al mirro dels casos abocava a un pou negre.
Un altre cas de precarietat disfressada de foto antiga i romántica son les casetes per gent molt prima al pati d’armes de Dalt Vila, aquí unes imatges

Pati d’armes, Denise Bellon Se ‘m va acudir anar a mesurar l’ample de la cara interior del pilar i la paret de roca original, al voltant d’180 donava. Mira, com les habitacions infames de Le Corbusier. Al millor dels casos les casetes tindrien una paret de tancament de 15 o 20 cm de marés. La sala de platna baixa tindria 1,80x 4 o 5 metres. Algú partcularment emprendor i una mica temerari, va guanyar espai excavant la roca del que seria la llar de foc i inclús va construir una moderna xemenia a coberta.

La xemenia que emergeix del teulat a la fotografia superior alleujava el fum d’aquesta llar tan excavada a la roca. 

El banc és un afegit. Aquest espai angost era probablemetn una cuina menjador. No puc evitar preguntar-me on lleujaven les seves necessitat fisiològiques aquestos veïns tan frugals.
Es clar que no totes les cases eren així, i a Dalt Vila, no lluny d’on aquestes exigües llars es trobaven, podem veure petits i enormes palauets. Però si un recorre amb la vista la foto aèria de Dalt Vila i la Marina ,superposades amb les dades del cadastre, amb paciència, podrà llucar que l’escassetat s’imposava a l’abundància i que totes dues convivien d’una manera més o menys contínua, seguralment enllaçant històries de senyors i de criats.
No puc evitar agraïr que en aquest lloc del planeta tinguem una llei que reguli les condicions d’un habitatge i tampoc puc evitar jurar en arameu perquè tenim una classe política incapaç de generar un parc d’habitatge públic de lloguer i regular (sí, regular), l’entrada a l’illa. L’illa, de veritat , no pot més, no és infinita, ni els seus aquífers, ni el seu parc d’habitatge obsolet ni la seva xarxa viària sobrepassada per la quantitat obscena de vehicles que circulen a l’estiu.
I la solució NO és més carreteres, és menys cotxes. I més transport públic.
I és terrible ,però amb tot i aquesta sobreexplotació que ens embafa, es segueix vivient millor que ara que fa un segle. S’han imposat uns mínims d’habitatge que superen amb molt els de molts llocs on havien de viure els nostres avis.
Però se’ns ha oblidat.
Eren més rics els habitants de Can Comasema al segle XIX o els immigrants marroquins que s’allotgen a un habitatge de protecció oficial i tenen una nevera i una rentadora i fins i tot rentavaixelles? Perquè els de Can Comasema ni tenien vacunes ni serveis mèdics avançats, ni una educació tan cosmopolita ni tantes possbilitats de lleure i de consum de cultura, d’alternatives sanitàries ni de movilitat planetària com la humil familia de Chaouen de pare picapedrer i mare a mitja jornada en una botiga, que es fa unes vacances low cost cada any a un país d’Europa amb uns bitllets tirats de preu y bescanviant habitatge.
Se’ns ha oblidat com en vam ser de pobres.
I com eren les nostres cases fa 100 anys.
Gràcies a la web Fotos d’Eivissa Antiga, grup de facebook que és un tresor.
-
Una conversación doméstica con los niños al respecto de ser rico o pobre ha dado para mucho.
Cuando tienes un hijo en el instituto, ves que para bien o para mal, la posición socioeconómica empieza a ser algo demasiado importante para ellos. ¿He dicho demasiado? A lo mejor estoy metiendo la pata.
Porque algunos profesores de instituto amigos míos me cuentan que tienen alumnos que conviven con sus padres y hermanos todos en una habitación realquilada, pues, es fácil entender que los niños se comparen entre sí y difícil no admitir que hay un fracaso en la gestión de la población y la vivienda.
Así que hemos intentado explicar a los niños que realmente ha habido un salto brutal entre las condiciones de vida de la mayoría y las condiciones ideales y que este salto ha ido menguando de modo muy significativo en el último siglo. Pero que esto no quiere decir que no haya un problema grande de vivienda.
Y para muestra un botón, creo que todos los que lean este blog tendrán en su casa electricidad y agua corriente (que la mayoría de las veces podrán, además, calentar). Pero ya hemos visto que en las casa tradicionales el cuarto de aseo era el cercado de las chumberas y en al ciudad de Ibiza, pocas chumberas había.

Foto de Jean Selz, alguien ve alguna chumbera por aquí? Pues eso. Pero había aún menos cuartos de baño. En una reforma reciente de un edificio de varios elegantes pisos en la Marina, he encontrado trazas de la comuna en la cubierta. No es muy cómodo ni sería aceptable ahora. Pero aquellos propietarios eran ricos, vivían en las inmediaciones del mercado viejo.
Mucho peor lo pasaban en el barrio de pescadores de Sa Penya. Aquí un par de fotos de lo que eran algunas viviendas en la calle Miranda, Sí, esto eran viviendas.

No me atrevo a decir donde empieza y termina cada casa. Pero había casas muy, muy pequeñas. El prisma cubierto a dos aguas bien pudiera ser una vivienda.

En primer término un cubículo blanco con un horno, acceso des de la calle. Eso es una casa. Y eran espacios de una única pieza donde había una lar de fuego para cocinar y se dormía en la misma estancia. Las marcas que han dejado estas paupérrimas casas se pueden ver aún en Google Earth, y lo que es mejor , medir. Y arrojan un resultado estremecedor de 14 m² construidos (esto será unos 11 útiles. Otros tienen más suerte y su vivienda tiene 15 o 20 m². Y de hecho los edificios de sa Penya, muchos de 3 plantas y escasísima fachada, albergaban en cada planta a una familia de 4 o 5 o más miembros, divididas en habitaciones donde apenas cabía un jergón.
Lo más inquietante era el problema del alcantarillado o saneamiento, que llanamente no existía o en el mejor de los casos abocaba a un pozo negro.
Otro caso de precariedad disfrazada en foto antigua y romántica son las moradas par agentes especialmente delgadas en el patio de armas. Aquí paso unas imágenes.

Pati d’armes, Denise Bellon Se me ocurrió ir a medir en ancho entre cara interior de la pilastra y la pared de roca original. 1,80m. En el mejor de los casos las casitas tendrían una pared de 15 o 20 cm de marés. La planta de la sala de estar tendría 1,80 x 4 o 5 metros. Alguien particularmente emprendedor y temerario, ganó espacio excavando en la roca lo que sería espacio del hogar, y llegando incluso a construir una moderna chimenea.

Esa chimenea que asoma del tejado en la foto superior evacuaba el humo de un hogar que ardía en este hueco tras la columna. Esto debió ser una cocina. 
El banco es un añadido. Este espacio tan estrecho era vivienda, una cocina comedor probablemente. 
Fotos Eivissa Antiga. No puedo evitar preguntarme dónde aliviaban sus necesidades fisiológicas estos vecinos tan frugales.

No he encontrado autor, pero se ve muy bien la fachada a la izquierda.¡, donde se levantan los adosados para gente delgada. 

Naturalmente no eran todas las viviendas así, y en Dalt Vila, no lejos de donde estos escasos hogares se encontraban, pequeños y enormes palacetes que podemos ver si nos damos un garbeo por Dalt Vila. Si uno recorre con la vista la foto aérea superpuesta con el catastro, con paciencia, verá que en general la carestía se superponía a la abundancia, y que ambas convivían de manera más o menos continua, seguramente entrelazando historias de señores y criados, en una vecindad forzada dentro de las murallas de la ciudad.
No puedo evitar agradecer que en este lugar del planeta tengamos una ley que regule las condiciones de habitabilidad, y jurar en arameo porque tenemos una clase política incapaz de generar un parque de viviendas pública de alquiler y regular la entrada en la isla (la isla, de verdad, no puede más, ni sus acuíferos, ni su parque de vivienda obsoleto, ni su red viaria escasísima para la cantidad obscena de vehículos que circulan en verano. Y la solución no es ampliar las carreteras).
Y es terrible, pero con todo y con esta sobreexplotación que nos hastía, se sigue viviendo hoy mejor que hace un siglo (sin despreciar dramas personales de hacinamiento y de infravivienda que hay muchos, pero menos que hace un siglo ). Porque se han impuesto unos mínimos a la vivienda que superan con mucho los de muchos lugares donde tenían que vivir la mayoría de nuestros abuelos.
Pero se nos ha olvidado.
¿Eran más ricos los moradores de Can Comasema en el s XIX o los inmigrantes marroquíes que se alojan en una vivienda de protección oficial y tienen nevera, lavadora y hasta lavavajillas? Porque los de Can Comasema no tenían ni vacunas, ni servicios médicos avanzados ni vitrocerámica ni agua corriente ni una educación tan cosmopolita ni tantas posibilidades educativas y de ocio y de consumo de cultura, alternativas sanitarias ni de movilidad planetaria como la humilde familia de Chouen que se hace unas vacaciones low cost cada año a un país de Europa con unos billetes tirados de precio intercambiando vivienda en Ibiza.
Se nos ha olvidado como de pobres fuimos.
Y cómo eran nuestras casas hace menos de 100 años.
Gracias al grupo de facebook fotos d’Eivissa Antiga, su material es excelso y muy enriquecedor. He intentado poner todos los créditos de fotógrafo pero algunas imágenes no tienen.
-

Ca n’Andreva hace 30 años, antes de ser devorada por el tiempo Después de la entrada del «porxo», tuve una animada tertulia con un lector que yo no me imaginaba tan estudioso y tan dedicado, por aquello de que yo no estoy inserta en la red social ibicenca (esas cosas las dejo por mi maridito, espécimen autóctono) y resulta que el tertuliano es una eminencia en cosas tradicionales de Ibiza y como las casas son cosas, pues también.
Así que como en mi haber de restauración y reforma de viviendas tradicionales tengo un par de casas sin porche cubierto, esto es con una cancela o patio, le invité a visitar una de la que apenas acabo de empezar la obra, ca Andreva.
Y fueron un par de horas muy bien empleadas, Toni, que me lo pasé muy bien, que me enteré de muchas cosas de las casas, y de las personas, así que va por ti esta entrada, que hoy cumples años.Llegamos a Ca Andreva por el caminito de carro en un coche 4×4 destartalado hasta que pudimos, porque el camino es tremendo, y llegamos a pie finalmente a la casita, por el camino de carro entre dos paredes de piedra seca con un firme criminal para un coche y para un carro con mula o burra también.
Toni dijo una obviedad, que nosotros, acostumbrados a las velocidades del motor y a las películas de cowboys y diligencias no entendemos demasiado. Las gentes de Eivissa cuando atravesaban caminos, con carro y animal de tiro, lo hacían a una velocidad muy escasa, generalmente no más rápido que ir a pie, porque el medio de transporte no era para las personas. Era más bien para llevar cosas de envergadura o para trayectos inusualmente largos. Quizas alguien fardara de carro y mula nueva en eventos sociales, como ir a misa, exactamente igual que hoy otros llevan a los niños al colegio en un coche de gran cilindrada en una isla que mide 34 km de largo, sí. Pero no era lo normal.
Esto significa que lo normal era ir por todas partes a pie. Y por tanto las distancias eran muy relativas y los caminos probados no debían ser muy buenos. La mula iba andando a su paso y si el paso es lento, el camino no debe tener una rasante perfecta.
Que es el caso de ca n ‘Andreva.
Cuando se llegaba a una vía ya de comunicación de núcleos, la cosa cambiaba y así los animales y las personas no tenían que sufrir tanto. Como es el caso del camino viejo de san Mateu a Vila, donde se tomarían las vertiginosas velocidades de 10 a 15 km/h en carreta, con una mula joven.La segunda cosa que Toni ve cuando entramos y que yo he visto en otras casas pero sin darle demasiada importancia, es la estructura de hornillo en el exterior del recinto de la casa. En el suelo, adosado a un murete que sería de cancela y que es uno de los que nos dirige hacia la casa. Porque se cocinaba fuera de diario. Lo cual no es extraño si se piensa en la falta de luz de las cocinas oscuras de carbonilla y casi sin ventana. Y en lo oscuros que son la mayoría de «porxos». Es más agradable comer con luz de día que en penumbra.
Y presumiblemente en casa de Andreva se comía fuera en verano o cuando hacía bueno (recordemos que entre el siglo XVIII, que se empezó la casa y los años 50, cuando se vivía en esta casa hacía bueno menos a menudo que ahora y llovía más, pero el acto de comer no tenía en casa de Andreva una estancia asociada más que la cocina, porque no tenía «porxo». Así que el campo era el comedor de verano y la cocina el de los días más fríos.
Pasamos al patio que ocupa el lugar del «porche»porxo», y en este patio encontramos 4 puertas. Una da a la cocina y tres a dormitorios «Casas de yacer» (así fueron descritas por el propietario, nieto de los últimos habitantes), con sus baldas y sus alacenas empotradas en el muro y con sus minúsculas ventanas, una de ellas sin una triste ventana, sí , porque ya la puerta asomaba al patio.
Que la cocina fuera negra era una necesidad, al igual que en Lleida y en cualquier lugar donde haya estructura de madera de pino, el humo va estupendamente para impedir que la carcoma se coma la madera, no es un secreto, pero Toni me explicó muchas cosas sobre la cocina que desconocía, y eso me encantó. Una de ellas, que he encontrado muy romántica y terrible, era la costumbre de algunas casas de ir moviendo el hornillo de sitio, para ir ennegreciendo y protegiendo la madera del techo de forma uniforme. Otra, más dura, era la conformidad del payés con los elementos, y la escasa estanqueidad de las cocinas, que no tenían chimeneas al el principio (nos referimos al periodo a partir del XVIII, cuando comienza la auto construcción payesa masiva), sino un par de agujeros en el techo que permitían la salida del humo. Que por suerte evolucionaron a estas chimeneas bajitas, a menudo cerámicas (porque eran ollas rotas o tejas apoyadas una en otra haciendo sombrerete) estas chimeneas que hoy aún vemos exhalar humo en los cada vez más cortos inviernos. La gente se ha tirado más a la cocina eléctrica.
La cocina junto con el «porxo» o sala principal, son las estancias más altas de la casa (como también ocurre en las casas tradicionales de casi toda la cuenca del Mediterráneo), y responde a la necesidad salubre de que el humo salga de la, llamémosle, zona habitable y respirable de la cocina y una vez acumulado en las capas superiores de la atmósfera de la estancia, evacúe al exterior. Y cierto es que la mayoría de cocinas bien conservadas cuentan con una altura apreciablemente superior a las «casas de yacer» o dormitorios.

Cocina de Ca n’Andreva, la franja de cal es curiosamente baja, el horno ha conocido días mejores. 
El horno, hace 30 años La suerte que hemos tenido, es que can Andreva era una casa muy, muy, pobre, y por tanto, pequeña, sí, pero también desnuda de lujos. De modo que las paredes hablan. El blanqueado a media altura de las cocinas antes de transformarse en negra noche, en can Andreva es de menos de un metro de alto. Y las paredes no están tapadas de mortero ni de nada que las vista. Así que dejan ver de forma descarnada unos agujeros que se encuentran cada dos en alturas idénticas. A mí me parecían muy pequeños por ser estantes y Toni me ha explicado lo que eran.

Eran andamios.
Llegados a un punto de la construcción de la pared, levantar piedras hasta cierta altura es realmente pesado. Esto se soluciona del siguiente modo: A partir de los 4 o 5 palmos de altura se dejan unas ramas apoyadas en la pared, salientes, y se sigue subiendo muro, y éstas quedan empotradas, deviniendo dos ménsulas en la pared. Entonces sobre estas ménsulas se pone un tablón. Uno de los improvisados albañiles subido arriba esta (precaria) estructura, puede coger una piedra que le pasa un compañero desde abajo y ponerla en el muro sin grandes aspavientos.
Aquí figura, que los arquitectos mejor dibujamos que explicamos
Y las cicatrices de estas ménsulas acaban siendo agujeritos para dejar cosas. Muy a menudo se tapan, pero aquí no fue el caso.Estructuras similares de menor escalera se encuentran en las habitaciones. Pero no son andamios. Son los «tinells». Acostumbrados a verlos elaborados en casas más boyantes, en el humilde can Andreva son poco más que dos ramas que sobresalen de la pared, como los andamios, donde entonces se coloca una tabla para guardar las flacas pertenencias de los habitantes.

Y como no podía faltar la alacena o armario, que se centra en la puerta, como me hace ver a Toni. Cierto es que he visto otros desplazados del eje de la habitación, pero son la excepción.

Hay un criterio estético o funcional.En la parte del patio está lo que Toni llama (y yo no había oído nunca) “un mur de deixa” o muro de deja. Deja como aquellode las lentejas, qeu si no las quieres, las dejas. Que significa, nada menos, que dejes un muro a medias para continuarlo más adelante, cuando tengas tiempo y ganas.
Al caso de Ca n’Andreva lo dejaremos cómo está, ya para siempre.Nosotros en el proyecto, también lo hemos dejado así. Las casas están vivas, pero me gusta conservar las huellas de la historia que hay detrás cuando esto no supone un agravio a la seguridad de la casa o sus habitantes o un engorro.
I en el «porxo» perdón , en el patio que será «porxo», está el «banc gerrer»l nicho en el muro que contenía las jarras de agua de consumo humano.

El horno se adosa a la cocina y al igual que ésta, sus paredes hacen una función de contención y yo sospecho que a menudo intentan sacar provecho de la inercia térmica del terreno. En la tierra los cambios de temperatura son menores que en la superficie. La tierra mantiene una temperatura más estable, al tiempo que impide una fácil migración del calor en invierno. y en verano mitiga el calor.
La parte de la conversación con Toni que más me interesó, como siempre, es la que refiere a las personas.
Toni ha estudiado linajes y familias enteras, y ha buscado árboles genealógicos en archivos. Y encuentra una realidad terrible al respecto de la mortalidad infantil. Y otra no menos terrible, que era el enorme abandono o cesión de niños como criados a otras familias o casas. Los niños eran propiedades.
Y esto me recordó el caso de la casa de Can Reïal. donde un ya anciano propietario me contaba que allí en tiempo (a principios del siglo veinte, hace cosa de 100 años o menos, muriendo uno de los dueños de Can Reïal, dejó en testamento a su criada (una niña de 12 años) , derecho a una habitación y a agua del pozo hasta que se casara. Para que no fuera de patitas a la calle.
Porque los niños eran moneda de cambio y cuando sabían guardar el ganado (5 años en el caso de mi madre), en las casas de pocos posibles (y eran la mayoría) iban cedidos a casas donde necesitaban mano de obra barata o acasas donde había alguna pareja maldita con la infertilidad.
Y cada habitación, realmente era una casa. Una casa que volcaba primero en el patio y después en el porxo, cuando este patio se cubría.
Obertura sin marco ni ventana en dormitorio La conversación dio para mucho y Toni me habló de un sistema de estructura bastante interesante que yo he visto poco, pero mira que se alinean los astros, que a la semana siguiente fui a conocer a un cliente con otra increíble casa campesina (de bien conservada) y allí estaba el sistema de Permotu y Perfila. Y otras muchas cosas, pero eso ya me lo guardo por otra entrada.
Lo que más me gustó, es que la conversación fue hacia las condiciones de vida (condiciones que idealizamos y no tienen la menor gracia). Y que alguien gaste tiempo en investigar linajes y circunstancias de gente de hace tres siglos, nos da una perspectiva muy buena de nuestro presente, del qeu solemos quejarnos amargamente con la nevera llena.
Recuerdo el caso de un campesina ya muy anciana que me dijo dónde nació y dónde hubo que casi que colver cuando a poco de casada y con un hijo de meses, se le murió el marido y quedó ella sola y un niño tan pequeño, en una casa lejana en la suya, que era de los suegros aún.
Y todo esto da coherencia con que cada aposento fuera una casa. Ella tenía una casa, los suegros tenían otra. Los hermanos del difunto también otra. La criada de Can Reïal también tenía casa.
Cada casa era un dado, un paralelepípedo de piedra encalado que daba a un espacio más o menos comunal, en un mundo de agua de lluvia y escasez absoluta.Gracias Toni, si puedo te llevo a Can Tieta, que es una casa super interesante y donde te presentaré a una valquiria.
-

Ca n’Andreva abans de caure víctima del temps. Després de l’entrada del porxo, vaig tenir una animada tertúlia amb un lector que jo no m’imaginava tan estudiós i tan dedicat i tan culte, per allò de que jo no estic inserta a la xarxa social eivissenca (aquestes coses les deixo pel meu home, espècimen autòcton) i resulta que el tertulià és una eminència en coses tradicionals d’Eivissa i com que les cases són coses, doncs també.
Així que com al meu haver de restauració i reforma d’habitatges tradicionals tinc un parell de cases sense porxo cobert, això és amb un tancó o pati, el vaig convidar a visitar-ne una a la que tot just començo l’obra,a ca n’Andreva.
I van ser un parell d’hores molt ben emprades, Toni, que m’ho vaig passar molt bé, que em vaig assabentar de moltes coses de les cases, i de les persones, així que va per tu aquesta entrada, que avui fas anys.
Vam arribar a ca n’Andreva pel caminet de carro en un cotxe 4×4 atrotinat fins que vam poder, perquè el camí és tremendo, i vam arribar a peu finalment a la caseta, pel camí de carro entre dos parets de pedra seca amb un ferm criminal per un cotxe i per un carro amb mula o somera també.
El Toni va dir una obvietat, que nosaltres, acostumats a les velocitats del motor i a les pelís de cowboys i diligencies no entenem massa. Les gents d’Eivissa quan travessaven camins, amb carro i animal de tir, ho feien a una velocitat molt escassa, generalment no més ràpid que l’anar a peu, perquè el medi de transport no era pas per les persones. Era més aviat per dur coses d’envergadura o per trajectes inusualment llargs. I jo sospito de que vegades, com avui dia, a les cases amb poderio econòmic, per ensenyar la mula nova quan anaves a missa com avui s’ensennya el Jeep.
Això vol dir que el normal era anar arreu a peu. I per tant les distàncies eren molt relatives i els camins privats no havien de ser gaire bons. La mula anava fent al seu pas i si el pas es lent, el camí no ha de tenir una rasant perfecta.
Que és el cas de ca n’Andreva.
Si llavors s’arribava a una via ja de comunicació de nuclis, la cosa canviava i així els animals i les persones no havien de patir tant. Com ara és el cas del camí vell de sant Mateu a Vila, on es devien agafar les vertiginoses velocitats de 10 a 15 km/h en carreta, amb una mula jove.
La segona cosa que el Toni veu quan entrem i que jo he vist en altres cases però sense donar-li massa importància, és l’estructura de fornell a l’exterior del recinte de la casa. En terra, adossat a un muret que seria de tancó i que és un dels que ens dreça cap a la casa. Perquè es cuinava fora de diari. El qual no és estrany, si hom pensa en la manca de llum de les cuines fosques de carbonella i casi sense finestra. I en com de foscos són la majoria de porxos. És més agradable menjar amb llum de dia que en penombra.
I presumiblement a ca n’Andreva es menjava fora a l’estiu o quan feia bo (recordem que entre el segle XVIII, que es va començar la casa i els anys 50, quan es vivia en aquesta casa feia bo menys sovint que ara i plovia més, però l’acte de menjar no tenia a ca n’Andreva una estança associada més que la cuina, perquè no tenia porxo. Així que el camp era el menjador d’estiu i la cuina el dels dies més freds.
Vam passar al pati que ocupa el lloc del porxo, i en aquest pati trobem 4 portes. Una per la cuina i tres per cambres de jeure (així van ser descrites pel propietari, net dels darrers habitants), amb els seus tinells i els seus armariets encastats al mur i amb les seves minúscules finestres, dos d’ells sense finestra, sí, perque ja la porta abocava al pati.
Que la cuina fos ben negra era una necessitat, igual que a Lleida i arreu on hi ha fusta de pi, el fum va estupendament per impedir que el corc es mengi la fusta, no és un secret, però el Toni va explicar-me moltes coses sobre la cuina que desconeixia, i això em va encantar. Una d’elles, que he trobat molt romàntica i terrible, era la costum d’algunes cases d’anar movent el fornell de lloc, per anar ennegrint i protegint la fusta del sostre de manera uniforme. Altra, més dura, era la conformitat del pagés amb els elements, i l’escassa estanquitat de les cuines, que no tenien fumerals de bon principi (parlem a partir del XVIII, quan comença l’auto construcció pagesa massiva, corregeix-me Toni si m’equivoco), sinó un parell de forats al sostre que permetien la sortida del fum. Que per sort van evolucionar a aquestos fumerals baixets, sovint ceràmics (perquè eren olles trencades o teules fent capell) que veiem exhalar fum als cada vegada més curts hiverns.
L’altura de les cuines era molt significativa. Generalment amb el porxo les estances més altes de la casa (com també passa a les cases tradicionals de casi tota la conca del Mediterrani), i respon a la necessitat salubre que el fum surti de la, diguem-ne, zona habitable i respirable de la cuina i un cop acumulat a les capes superiors de l’atmosfera de l’estança, fugi a l’exterior. I cert és que la majoria de cuines ben conservades que compten amb una altura apreciablement superior a les cases de jeure.

Ca n’Andreva on l’emblanquinat parcial de cuina era particularment baix. El forn se’ns desmorona 
Aquí el forn fa una trentena d’anys La sort que hem tingut, és que ca n’Andreva era una casa molt, molt, pobra, i per tant, petita, sí, però també despullada de luxes. L’emblanquinat a mitja altura de les cuines abans de transformar-se en negra nit, a ca n’Andreva és de menys d’un metre d’alt. I les parets no estàn tapades de morter de sorra de torrent ni de res que les vesteixi. Així que deixen veure d’una manera descarnada uns forats que es troben cada dos a alçàries idèntiques. A mi em semblaven molt petits per ser lleixes i el Toni m’ha exlicat el què eren.

Aquests foradets a les parets sostenien bastides. Encara som a la cuina. Eren bastides.
Arribats a un punt de la construcció de la paret, aixecar pedres fins a certa alçària és realment feixuc. Si a partir dels 4 o 5 pams d’altura es deixen unes branques recolzades a la paret, sortint, i es continua pujant mur, i llavors queden encastades, essent dues mènsules a la paret y llavors sobre aquestes mènsules es posa un tauló. Un dels improvisats paletes pujat dalt aquesta (precària) estructura, pot agafar una pedra que li passa un company des de baix i posar-la al mur sense grans escarafalls.

Aquí figura, que els arquitectes millor dibuixem que expliquem.
I les cicatrius d’aquestes mènsules acaben sent foradets per deixar-hi coses. Molt sovint es tapen, però aquí no fou el cas.
Estructures similars de menor escala es troben a les habitacions. Però no són bastides. Són els tinells. Acostumats a veure’ls elaborats en cases bones, a l’humil ca n’Andreva són poc més que dues branques encastades a la paret on llavors hi ha haver un tauló per guardar les magres pertinences dels habitants.

I com no podia faltar l’armariet, que es centra a la porta, com em fa veure el Toni. Cert és que n’he vist de desplaçats, però són l’excepció.


Hi ha un criteri estètic o funcional per això.
A la part del pati que serà porxo hi ha el que en Toni anomena (i jo no havia sentit mai) “un mur de deixa”. Que vol dir, ni més ni menys ,que deixes un mur a mitges per continuar-lo més endavant, quan tinguis temps i ganes
Al cas de Ca n’Andreva el deixarem con està, ja per sempre.
I nosaltres la projecte, també l’hem deixat així. Les cases estan vives, però m’agrada conservar les petges de la història que hi ha al darrere quan això no suposa un greuge a la seguretat de la casa o dels seus habitants.
I al porxo, perdó, al pati que serà porxo, hi ha el banc gerrer.

Accés a la cuina des del pati/porxo i banc gerrer annexe a porta El forn s’adossa a la cuina i igual que aquesta, les seves parets fan una funció de contenció i jo sospito que sovint intenten treure profit de la inèrcia tèrmica del terreny. Dins la terra els canvis de temperatura són menors que a la superfície. La terra manté una temperatura més estable, i alhora impedeix una fàcil migració de la calor a l’hivern. I a l’estiu mitiga la calor.
La part de la conversa amb el Toni que em va interessar més, com sempre, és la que refereix a les persones.
El Toni ha estudiat llinatges i famílies senceres, i ha buscat arbres genealògics en arxius. I troba una realitat terrible al respecte de la mortalitat infantil. I una altra no menys terrible, que era l’enorme abandó o cessió d’infants amb la figura de criats.
I això em va recordar el cas de la casa de can Reial. on un ja ancià propietari m’explicava que allà en temps (a començaments del segle vint, fa cosa de 100 anys o menys, morint un dels amos de can Reial, va deixar en testament a la seva criada (una nena de 12 anys), dret a una habitació i a aigua del pou fins que es casés. Perquè no anés a petar al carrer. Pot semblar poc, però a mi em va semblar d’una generositat immensa.
Perquè els infants eren moneda de canvi i quan sabien guardar el bestiar (5 anys al cas de ma mare), a les cases de pocs possibles (i eren la majoria) anaven cedits o a cases on necessitaven mà d’obra barata o a cases on hi havia alguna parella maleïda amb la infertilitat.
I cada habitació, realment era una casa. Una casa que abocava primer al pati i després al porxo, quan aquest pati es cobria.

Finestra sense marc ni fusteria, dins de casa de jeure. La conversa va donar per molt i el Toni el va parlar d’un sistema d’estructura força interessant que jo he vist poc, però mira que s’alineen els astres, que a la semana següent vaig anar a conèixer un client amb una altre increïble casa pagesa (de ben conservada) i allí estava el sistema de Permotu i Perfila. I moltes altres coses, però això ja m’ho guardo per una altra entrada.
El que més em va agradar, és que la conversa va anar cap a les condicions de vida (condicions que idealitzem i que no tenen la menor gràcia). I que algú gasti temps a investigar llinatges i circumstàncies de gents de fa tres segles, ens dona una perspectiva molt bona de la nostra vida.
Recordo el cas d’un pagesa ja molt anciana que em va dir on va nèixer i on se’n va haver d’entornar quan a poc de casada i amb un fill de mesos, se li va morir l’home i va quedar ella sola i un nen tan petit, als anys 50, allà per Santa Inès, en una casa llunyana a la seva, que era dels sogres encara.
I tot això fa sentit amb que cada estança fos una casa. Ella tenia una casa, els sogres en tenien una altra. Els germans també una altra. La criada de can Reïal també tenia casa.
Cada casa era un cub de pedra emblanquinat de fora que donava a un espai més o menys comunal, en un mon d’aigua de pluja i escassetat absoluta.
Qui ho diria que ara els qui tenen una casa pagesa són moltes vegades els més rics.
Gràcies Toni, si puc et duc a can Tieta, que és una casa super interessant i que hi coneixeràs una valquíria.
-

El meu home volia que fes una entrada de molí de sang, trull o això però em semblava una mica que tothom ho sap tot d’això, i m’agradaria tornar al trull de Can Reial a veure com està, abans d’escriure’n una. O al Trull de la Penella.
I li he dit que em sembla que tothom veu l’arquitectura tradicional com un amuntegament de pedres i no , l’arquitectura, tradicional o no, és l’art que tracta de modificar l’entorn perquè els éssers humans visquin millor. Amb economia de solucions, a ser possible.
La bona arquitectura sol ser frugal. Suposo que per això tants arquitectes moderns van quedar copsats de la casa tradicional (tot i que van reconèixer que millorava força si li poses una cambra de bany i tal).
I a l’arquitectura hi ha altres coses que no són pedres que contribueixen activament a millorar l’entorn , i que a més estan vives i són indissociables de la casa d’Eivissa.
A saber, el llimoner, la figuera, la figuera de pic (importantíssima) el magraner, el nisprer. I altres herbes exòtiques com la bouganvilia.
Aquí l’experta és na Gertrudis de can Canals, la meva sogra, tot i que he anat preguntant a altres amics i amigues clarament dintre del que s’entén per exemplar autòcton.

Accés a Can Mariano Vicent, amb permís del propietari, a l’entrada llimoner en primer terme. El llimoner: Sempre l’he trobat a prop de l’entrada, casi donant la benvinguda. Preguntades les meves fonts. La Joana, de can Mayans de Sant Joan, ha dit clarament “qui té un llimoner té una farmàcia”, cosa que després ha corroborat la meva sogra, explicant que el llimó va molt bé per “rebaixar la sang”, cosa que no m’ha quedat molt clara. Ma sogra també ha afegit usos culinaris diversos. Evidentment per tenir vinagre cal primer tenir vi (car) i que se’t faci malbé (quina gràcia). El llimó el supleix a amanides. Na Maria Fita em parla de les virtuts conservants del llimó. Jo he escoltat mil vegades la necessitat de llimó a les matances, per fer neta la tripa del porc, pel qual també son bones les taronges amargues o matanceres (mira els anglesos en fan melmelada, però aquí són per netejar budells.) A ma sogra sa mare els tractava mil malures amb mel i llimó. I les amanides i el peix eren condimentats sistemàticament amb llimó.
En cara un altre ús, atès que és tan àcid, és un bon netejador. Diverses padrines eivissenques m’han confirmat les virtuts higièniques del llimó, com antisèptic i com element per fer “escurades a fons”.
Per això vora de cada casa pagesa hi ha un llimoner. O dos.
D’entre les virtuts biològiques del llimó hi ha que pot romandre molt de temps en branca sense pansir-se ni fer-se malbé. I conservar quan no hi havia nevera, no era fàcil.
El llimoner casi és l’únic arbre que he trobat invariablement a les cases tradicionals. Inclús en patis petits a Dalt Vila.
La figuera de pic (a Catalunya de Moro): En tancó generalment a una part més aviat posterior de la casa o separada, fa d’excusat, d’ajocador de les gallines (imagino que refugi de les rapinyaires, que poca por li deu fer al gat) que diu ma sogra que elles estaven més felices que un raio al tacó de les figueres de pic.

A can Maimó, Santa Inés, a l’esquerra una figuera de pic pujava en temps dalt del tancó. Sembla que les figueres de pic tenien usos medicinals, entre ells de cataplasma per contusions (les pales) i per curar afeccions pulmonars (e lsuc que deixaven algunes parts en deixar-es en sucre a la serena.
Jo diria que no m’ho crec però des que van trobar que un barregim medieval de ceba, all, vi i fels de vaca és un efectiu antibiòtic, ja no m’atreveixo posar la mà al foc per res.
Té una potència visual molt important, atès que generalment les figues de pic creixen ufanosament (ara no que se les menja un fong), i necessiten poca aigua, fan massissos gaudinians i s’aixequen per sobre dels tancons.

Visualment són molt importants i configuren un espai definit que la fauna agraeix bastant.
El fruit s’utilitza a més de per consum humà, per engreixar el pobre porc els darrers mesos abans de gener.
S’adossa a la casa
Parlant amb na Maria Fita, comentem els tres tipus d’arbre que apareixen únicament per consum propi de cada casa: El magraner, el caquiter, l’aubercoquer el nesprer i la pomera/perera.
El magraner: és un arbre poc exigent, però de creixement lent. La seva gran virtut és que tolera força bé la salinitat. Li convenen llocs humits i assolellats per produir. Suposo que per això me l’acostumo a trobar separat de la casa. Tots coneixeu les virtuts de les magranes pel que fa a conservació. Duren amb poca fresca, i això està molt bé quan no tens nevera. Un, dos o tres a cada casa. La cosa és que aquests arbres eren per consum propi. Poca gent duia magranes a vendre al mercat, n’era l’excepció.

Nesprer a can Toni d’en Jaume Negre, finca custodiada pel GEN. part primordial de l’espai d’entrada i garant d’obra. 
La mateixa casa amb un magraner a l’esquerra, més isolat i allunyat de la casa, vol més terra, aigua i és menys sofert que el nesprer. El Nesprer: Són llei a la meva família política perquè a totes les cases que tenen jardí o terreny en tenen, la meva sogra dos que ens fan molt feliços. No tenen gastronomia associada, però jo tinc llucats uns quants arbres en cases que estan deixades de la mà de Deu a l’interior d’Eivissa i encara conserven nesprers, I com els magraners, aguanten.
L’albercoquer: A Lleida, abricocs. Aquí hi ha la variant que més m’agrada de totes, una de verdosa, que compro a n’en Vicent de can Planells que els importa de Sant Rafel quan és temporada. En tinc alguns rulls per sembrar-los (a la finca de la sogra, clar). Trobo que a Eivissa als anys quarantes i cinquantes, abans del desarrollisme, van consistir una exportació. Jo casi tots els que he trobat ha estat per la banda de Sant Antoni, com el Magraner, volen sol i aigua, i estar un poc distants de la casa, sense ombra. Tret de les explotacions, que n’hi va haver per vendre’ls secs a València, dos o tres arbres per casa. Consum propi.
Caquiter. M’agraden els d’Eivissa perquè són espècies més primitives i amb llavor, i molt més dolces que les del supermercat. Igual que l’albercoquer i els altres, un poc aïllat de la casa. M’agrada particularment quan han caigut les fulles i es veuen els fruits d’un taronja viu penjat de les branques, contra el cel blau, contra la casa. Requereix més cura que el nesprer i no sobreviu a la casa tan fàcilment com el llimoner o el nesprer si aquesta és abandonada.
Vol aigua abundant.
La figuera.
La figuera no és un arbre que estigui generalment a l’entorn de la casa, sinó al camp. I acaba configurant una arquitectura en sí mateixa, tota vegada que s’estintolen com paraigües per afavorir el creixement de branques, per tal que que faci més fruita, i sobretot, que aquesta fruita no se la mengin les cabres.

Figuera estintolada amb els seus primers puntals La figuera és un arbre crucial que apareix solitària o en petits grups als terços, i quan dic crucial, és crucial.
És el sucre dels pobres (a Catalunya i a València també).
És mengen tendres i són una llaminadura a la tardor, la mesada que n’hi ha, i sobre tot, es sequen. Per guardar-les tot l’any, M’ha sorprès que fàcil és assecar-les al meu poble, que només cal estendre-les al sol i enfarinar-les, i el laboriós procés d’assecat d’Eivissa, que inclou escaldar-les i que duu aparellat un cistell específic per emmagatzemar-les.
Com anècdota esmentar que na Maria Fita té coneguts que expliquen que havien de durar tot l’any perquè eren el sistema que tenien els pagesos d’atipar-se: Abans de dinar, se’n menjaven un parell perquè el menjar els fes més profit i els omplís abans. Efectivament, com ha dit na Maria, tenim el passat molt idealitzat.
De les varietats a Eivissa, les d’assecar eren la martinenca i la blanca (just les dues que hi ha vora el tancó del mossènyer a Sant Mateu).
Les de coll de dama no són especialment apreciades (són les més populars a Catalunya) i les Orioles aquí són una delicatessen, a Catalunya es deuen fer servir per assecar.
Els arbres són part del paisatge de la casa i de l’ecosistema de la pròpia casa. Son una part indissoluble de com les persones han anat modificant l’entorn; a majoria d’arbres que ara considerem autòctons són introduïts.
Com que amb la figuera ja he anat una mica massa lluny de la casa i no considero que ametllers, garrovers ni olivers contribueixin a generar espais o condicions especials a l’entorn immediat de la casa. No així la bouganvilia.
Entre els vegetals introduïts es troba la brasilera bouganvilia. Insertada a Eivissa des del XVIII. Perquè? Quina utilitat té? No dona ni medecina ni res per menjar.
Pero dona aixopluc del sol. I de vegades del vent.
I sobre tot dona bellesa.

A la minuciosa austeritat de la casa d’Eivissa, a les pulcres parets emblanquinades, esclata com un esquitx de lila o rosa.
Les taques acolorides són fulles, no flors, com molta gent es pensa.
I tenen a bé manifestar la sensibilitat dels habitants de la casa. No és igual fer un umbracle amb pedaços de fusta que amb una parra que amb una trepadora. Hi ha marge de creativitat.
Segons na Maria de can Fita, la bouganvilia “és una bèstia parda”. Aguanta el sol, aguanta sequeres, viu amb poc aigua, aguanta ventades, i f ala sensació de floració perenne.
No és una bellesa gratuïta ni flaca. És una bellesa dura, espartana, bàsica.
I quan la veig col·locada en algunes de les cases de pagès que visito, em recorda que no calen estudis massa esmerats perquè algunes persones tinguin una intuició esmolada per millorar l’entorn amb la decisió de plantar una enredadora en un lloc estratègic de la casa. I que a més aquestes persones tenen una cosa que ens falta sovint a dia d’avui.
Paciència.
Perquè la bouganvilia trigarà anys a fer aquesta fotografia meravellosa d’enramada que ens roba el cor i que potser li devem a una tia Cati que fa temps va pensar una frase prescrita a les escoles arquitectura una frase que m’hagués dut al suspens més ignominiós:
“Això aquí farà bonic.”

I la tia Cati es marca un Pèrgola millor que Le Corbusier (que d’altra banda, tampoc és tant).

Agafen ganes de prendre’s un café sota aquesta ombra.