
Torre en el poblado de Balafia. Con cruz protectora incluida.
Cuando vine a Ibiza y me dijeron que fuera a Santa Inès, el pueblo, a comerme una tortilla, y fui, me quedé pasmada. Porque yo no veía pueblo por ninguna parte. Una Iglesia, un bar, dos casas algo parecido a un restaurante. Nada que yo llamaría tejido urbano.
Años más tarde me encontré con que debía proyectar y construir un equipamiento para otro pueblo cercano a Santa Inés. Todo fue muy surrealista desde el principio, todo el mundo hablaba del pueblo, pero cuando yo fui, tampoco veía pueblo por ninguna parte. Una iglesia, dos casas deshabitadas, un bar, un restaurante. Y una escuela. De dónde saldrían los niños que estudiaban en esa escuela?
Para el equipamiento me cité con el regidor del pueblo, me senté a esperar en las escaleras del porche de la iglesia, apareció un hombre en shorts, una camisa desabrochada algo manchada, fumando un cigarrillo. No había nadie en la “calle”, que yo más bien definiría como carretera, porque no hay tejido urbano tampoco. Me miró de soslayo, yo tenía en la mano un rollo de planos. Pero lso planos no parecían ser suficiente prueba, así que se dió la vuelta como buscando a alguien, pero todo estaba desierto. Ni un alma. Miró hacia el otro lado. Pero ni un alma a parte de nosotros. Entonces volvió a mirarme.
“Eres el arquitecto?” Yo le dije que sí, me incorporé y me acerqué. El sin demasiado ímpetu, echó mano de su teléfono móvil y llamó a quien se suponía era responsable de que yo me encargara del trabajo. “Hola, sí, estic aquí, és que l’arquitecte es una al·lota”. Desde el otro lado de la línea le aseguraron que no se preocupara por el detalle, que aquello iba a salir bien aunque yo no tuviera cromosoma Y. Ojo que esto pasó en 2006, no en la alta edad media.
Tranquilizado el regidor al respecto de mi capacidad. Pasó a explicarme lo importante del equipamiento. Ese pueblo que yo veía (¿perdón? Pueblo, ¿dónde?) era uno de los mas cohesionados (¿cómo?) activos y de asociación de vecinos con más actividad de la isla (¿dónde estaban los vecinos, debajo de las piedras?). Había varias asociaciones que precisaban cada una de ellas de oficina, necesitaban además consultorio médico por la avanzada edad de sus muchos vecinos y otra retahila de información sobre la muchedumbre que al parecer poblaba aquel cruce de caminos donde se erigía la iglesia.
Por pueblo yo podía entender Santa Gertrudis, Sant Agustí, pero claro entonces yo aún tenía que aprender muchas cosas.
Entonces no lo sabía, y los motivos los he ido aprendiendo, pero el regidor tenía razón. En lo de la gran vida social de aquel pueblo, quiero decir.
Lo que me pasaba era una prueba de que yo soy forastera. He visto los pueblos de los Pirineos, de donde mi familia viene, donde las casas se apiñan, hay soportales que en nuestra infancia daban entrada a los establos de las vacas, si es preciso las casas para ampliarse llegan ha hacer puentes sobre las callejuelas, de modo que uno circula por los cascos antiguos como en una suerte de gran edificio donde se mezcla público con privado. Y muchas veces el pueblo se cierra por la noche, con unas grandes puertas. Porque antes, sí, en las montañas, había lobos. Y otras gentes de malvivir. Y he crecido en los pueblos de la costa, donde el casco de los pescadores y los cascos urbanos tienen calles, casas y vías estrechas. No campos de cultivo en su trama. Los campos de cultivo quedan fuera de los espacios urbanos, dentro de mi normalidad. Se habita en zonas establecidas para asentamientos humanos, y esas zonas favorecen la relación social (o eso queremos creer). Originalmente favorecían la defensa, además (ese era su origen). Y con frecuencia se amurallaban. Como Ibiza city, hombre, Vila, eso sí es un pueblo.
Por qué iba alguien querer desperdigarse por el campo pudiendo tener las ventajas (las tiene, tiendas, información, trasiego de mercancías…) de un entorno urbano.
Mi entonces novio y ahora esforzado padre de mis hijos ame dijo que era cosa de piratas. Yo no me lo creí. Aunque ahora en perspectiva veo su razonamiento era bueno.
“Venían unos piratas en barco, a robar. Tenían que atracar el barco, y luego echarse a caminar para encontrar un pueblo. La piratería es más efectiva en núcleos urbanos compactos, Hay más gente con más cosas, así que puedes robar más. Si las cosas están desperdigadas, tu robas aquí un poco, tienes que andar allá cargando lo que has robado, sigues mangando, cargado, y caminando, te cuesta mucho más saquear la mitad de lo que robarías en una ciudad portuaria, te haces un hartón de andar, y para cuando tienes bastante botín para volverte a Argel, estás reventado y con ampollas en los pies y de entre la maleza unos chavales desnutridos que no se ven a penas, tiran piedras con honda con una puntería infernal, te han dejado tuerto; vuelves cargado donde tenías la barca y te encuentras los cabrones de los ibicencos te la han quemado, porque te has entretenido demasiado tiempo robando, y al vigía casi lo han lapidado los bassatjadors.
Porque eran pocos y pobre, pero se defendían. Y desperdigarse por el territorio era una estrategia de defensa.”
Casi cierto. O cierto del todo. Pero esconde algo.
Y fue Núria Jaumà la lo explicó el otro día.
Lo que vienen a robar los piratas no es exactamente material. Qué se van a llevar de Ibiza en la edad Media que es casi como el neolítico en esta isla.
Los piratas vienen a por personas. Es lo más valioso que la isla tiene (eso y la sal).
Ibiza es un vivero de esclavos para los berberiscos. Aquí se crían solos, y luego los van a buscar en barca y los venden. Hay 30 horas en barca a viento o a corriente desde Argel, en una embarcación a vela. Es facilísimo.
Y un núcleo urbano en la costa o cerca hubiera significado que quizás hubieran terminado diezmando la población, Arrasando con los habitantes en edad de merecer o trabajar.
Algo que pasaba con demasiada frecuencia en Eivissa city y que hizo que Felipe II ordenara construir una defensa que daría lugar a la muralla. Eivissa city tenía la población y bienes suficientes como para ser objetivo de los piratas turcos que entraban muy bien pertrechados por las salinas. Y por eso Sant Jordi también tiene una Iglesa bien amurallada, con cabida para bastante población.
Que cuatro matados berberiscos vinieran desde la costa norteafricana, atracaran en el port de Sant Miquel, hicieran una andanada tierra adentro y transportaran carga humana, que camina sola (a golpes si hace falta) por los caminos, era fácil y debió tener un precio alto en el mercado de esclavos del norte de África, de donde solían venir parte de los piratas.
Disgregar la población y encerrarse en torres de defensa era la solución en Santa Inès y Sant Mateu, i en Sant Llorenç, y en muchas localidades tierra adento. La población, que cultivaba los llanos fértiles de las hondonadas, construían su vivienda lejos del llano (no había que estar a la vista ni arruinar tierras de cultivo, toda tierra fértil es poca en una isla), se insertaban en los lindes de la hondonada y bien lejos unos de otros. Si los africanos se llevaban a los moradores de una casa (las barcas muchos de los piratas tampoco eran grandes bajeles), ya se darían por contentos con el botín, no irían a por otra casa lejana. Más tiempo en tierra era más riesgo (había vigías ibicencos que se turnaban, avisaban, y probablemente cuando los piratas dejaban la barca para ir a perseguir cristianos, los que se quedaban en puerto eran vulnerables a los payeses cabreados y de puntería certera).
Las torres de defensa que tan inútiles me parecían, con una puerta de madera, cobraron sentido.
Si alguien se quedaba en silencio ahí dentro, si los niños no lloraban, podían pasar desapercibidos, y si quemaban la puerta, en el interior morirían, y muertos no servían a los piratas, mejor llevarse un par de cabras. Cargar la chalupa de ganado. Era mejor pillarlos en un renuncio en otra ocasión, sabiendo dónde vivían. Era poco rentable para los piratas matar a gente que podría prender en otra incursión.
Las iglesias fortificadas aparecen en poblaciones cercanas a la costa, Sant Jordi, Sant Miquel. Y con almenas para responder a los ataques.
Pero las torres de defensa de las viviendas las entendí el otro días con Nuria son sólo de defensa, el último escudo. Porque el principal o más lucrativo objetivo de la piratería en la edad media en Ibiza eran la sal y las personas..
Que horror, que dura y que salvaje la vida en la isla hace mil años.
Y sí, Sant Mateu y Santa Inès, son pueblos. Distintos de los que estamos acostumbrados, pero con una estrategia inteligente está detrás. Y con una población cohesionada.
Y las torres, que necesarias fueron.
Cuando los berberiscos encontraban las puertas cerradas, sabían que debían volver otro día. Y los ibicencos, que debían dar graciasa Dios y estar siempre preparados.
Que vida.

La otra torre del conjunto de Balafia. Debían ser bastante prósperos, y por lo tanto numerosos y estar bastante apurados por los piratas para tener dos.
Feliz año nuevo.

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