• , En mi pueblo va el suelo rústico a 1-2€/m2…

    La charla de Núria Jaumà en el colegio sobre el poblamiento y la población de Ibiza y cómo tenemos los ayuntamientos que tenemos, (algunos con una tirada a la corrupción más sonada que otros, he sido arquitecto municipal y salí de ella por piernas), cómo tenemos las parroquias que tenemos y cómo se ha repartido la tierra desde el minuto 0, y sobre todo, cómo se ha respetado esta división original donde la corona tanto tenía que ver, me ha hecho pensar que en Eivissa, en el fondo, siempre ha habido un problema con el suelo. De dimensiones tan descomunales ayer como hoy.

    Para empezar, porque para sobrevivir con cierta decencia, hacía falta bastante territorio; porque a mediados del siglo XIV todavía no se había inventado el tema del alquiler turístico y se comía directamente de lo que salía de la tierra o, con un poco de suerte, se pescaba del mar. Neolítico puro en Eivissa. Incluso en la Edad Media existen varias velocidades de progreso.

    Núria, que es un sol, ahora mismo en tiempo real me envía un texto donde se especifica que en Ibiza en 1329 había unos 506 fuegos que traducen en 2.500 habitantes (a mí me parece poco, porque se tenían hijos a punta pala para contar con mano de obra y las familias eran muy extensas, pero claro, es que yo no soy historiadora). En 1335, resulta que se autoriza a un corsario Ibicenco a hacer pillaje de carne humana en las costas de Berbería porque ¡no había mano de obra suficiente para trabajar el campo! Así que el tema de la piratería iba a dos bandas, aquí también vinieron a parar a jóvenes incautos del norte de África para hacer de mano de obra esclava. Casi como hoy, vaya. Pero entonces la inmigración era bienvenida. Como que te invitaban, pero muy fuerte, atado de pies y manos. Lo que ocurría es que los norteafricanos volvían con sus chalupas y se llevaban prisioneros de Ibiza para vender en el mercado de esclavos de Argel, con lo que el flujo migratorio parece que se equilibraba, y era todo menos voluntario .

    En 1392 la cosa estaba peor y sólo quedaban 500 fuegos. A pesar de la falta de control de natalidad, pestes, hambre y moros, diezmaban la población. Hambre con tanta tierra! Porque la tierra además de tenerla, es necesario saberla cultivar y tener medios. Y no era el caso.

    Y esto me hace recordar que la casa más antigua que creo he visitado, es can Faritzeu, en Sant Rafel, que data (me dijo una arqueóloga) del s XV, es decir, de poco más tarde de esos 500 fuegos en el suelo. Y que (y eso me sorprendió), aquella casa tenía unas tierras asociadas en aquel tiempo (no quiero decir en propiedad, entonces no había notarios y uno no era propietario ni de sí mismo, que venían unos moros dejabas de ser tu propio dueño para ser de otro), que iban desde donde ahora está la iglesia de Sant Rafel hasta el Pla de Vila. Ole qué finca. Que me quedé pasmada.

    Y aún así, había hambre.

    Estos pocos fuegos, más o menos diezmados por piratas y otras fieras, debieron ir creciendo, y dieron lugar a lindes de tierra que en muchos casos debieron ser feroces, porque a día de hoy hay varios can Faritzeus (no lo digo yo, lo dice Joan Marí Cardona), y en vías tan encantadoras y concurridas como el camino de sa Vorera en Sant Antoni, donde hay todavía fincas de dimensión razonable y casas en estado bastante original, hay un 90% de posibilidades que uno de los apellidos de los propietarios sean Prats. A menudo se llaman Prats Prats.

    Vagando por varias rutas entre casas campesinas para documentarlas y hablando con los habitantes, surgía casi siempre en la conversación las transmisiones de las viviendas. cuántos, hijos, cuántos nietos qué dejaban a cada uno, quién se quedaba la casa grande quien un pedazo de tierra en un monte, quien un derecho a habitación y pozo. Derechos para cocer el pan y usar el molino. ¿Cuándo cambiarían las leyes que no dejaban construir? Me preguntaban constantemente. Esta preocupación por dejar suelo y/o techo a los descendientes es una constante que yo no he visto en el Pirineo. Claro que las montañas allí no te las acabas y acabas migrar tú a otras aldeas o pueblos es fácil. Nunca ha sido complicado. Y el coste de una vivienda, efectivamente es otro.

    Pero la preocupación de muchos clientes mis ibicencos por dejar algo a los hijos es singular y endémica en la isla. En mi pueblo la gente no sufre por eso (y no está ni mejor ni peor, sencillamente es más fácil).

    Historias de dependencia familiar en Ibiza por no tener techo (hermanas solteras, criadas casi adoptadas, hermanos menores que no iban a la iglesia a hacer de cura), veía a menudo. Por lo general la más dañada era la mujer. Pero los hijos menores no salían muy bien parados. Heredar terrenos rocosos cerca del mar no fue nunca bueno antes de los años 60; significaba venderlos al heredero e ir a emplearse en la salinera, en Vila en algún comercio o directamente emigrar. El crecimiento de la población llevó aparejado un empobrecimiento, que fue recortando y recortando las fincas, enviando a gente a vivir o malvivir a la creciente ciudad de Ibiza o a emigrar. Aquel can Faritzeu tan enorme ha quedado descuartizado en todas las fincas que puede ver en la página del catastro.

    Los matrimonios evidentemente no eran por amor sino contractuales (pero esto así era en todas partes, lo de casarse por amor es muy moderno) y la esterilidad una maldición. Y sí, los matrimonios, tenían en cuenta las tierras que aportaba cada contrayente. Y sobre todo ver si estas fincas estaban cercanas. Por eso de hacer más tierra. Esto dio lugar a la siempre curiosa endogamia.

    Y esto me hace pensar en una clienta reciente, sueca ella , de 34 años escasos, que ha comprado una bonita y enorme finca en un ANEI recóndito. La moza, una valquiria en toda regla, rubia y de ojos azules, de 90-60-90, con los 90 tan bien puestos e ingrávidos como queréis imaginar, que se dispone a reformar una vivienda tradicional y vivir y teletrabajar lejos de los duros inviernos escandinavos , ha recibido una oferta insólita de un vecino. Me lo contaba entre divertida y alucinada (y un pelin horrorizada).

    Un labrador de unos 75 años la solicita en matrimonio. Sus fincas lindan. Nunca lo ha visto en persona, pero se conoce que el labrador tiene un catalejo y buen gusto. Ha hecho llegar el mensaje mediante un tercero. Su argumento, en momentos lejanos, era inapelable: Si se casaban y tenían hijos, podrían juntar fincas.

    Ya os contaré qué contesta la valquiria, contimuarà.

  • El Sòl rústic al meu poble va a 1 o 2 € el m2…

    La xerrada de la Núria Jaumà al seu moment al col·legi sobre el poblament d’Eivissa i com tenim els ajuntaments que tenim, (alguns amb una tirada a la corrupció més sonada que d’altres, he estat arquitecte municipal i en vaig sortir per cames), com tenim els quartons que tenim i com s’ha repartit la terra des del minut 0, i sobre tot, com s’ha respectat aquesta divisió original on al corona tant tenia a veure, m’ha fet pensar el que a Eivissa, al fons, sempre hi ha hagut un problema amb el sòl.

    Per començar, perquè per sobreviure amb una certa decència, de sòl en feia falta bastant, perquè a mitjans dels segle XIV encara no s’havia inventat el tema del lloguer turístic i es menjava directament del que sortia de la terra o, amb una mica de sort, es pescava del mar. Neolític pur a Eivissa. Inclús a l’edat mitjana hi ha diverses velocitats de progrés.

    La Núria, que és un sol, ara en temps reals m’envia un texte on s’especifica que a Eivissa al 1329 hi havien uns 506 focs que tradueixen en 2500 habitants (a mi em sembla poc, perquè es tenien fills per fer de mà d’obra i les famílies eren molt extenses, pero ei, que jo no soc historiadora). Al 1335, resulta que s’autoritza a un corsari Eivissenc a fer pillatge de carn humana a les costes de Berberia perquè no hi havia mà d’obra per treballar el camp! Així que el tema de la pirateria anava a dues bandes, aquí també van venir a parar joves incauts del nord d’Àfrica per fer de mà d’obra esclava. Casi com avui, vaja. PErò que llavors la immigració era benvinguda. El que passava és que el nordafricans tornaven amb les seves xalupes i s’enduien presoners d’Eivissa per vendre al mercat d’esclaus d’alger, amb el qual la cosa el flux migratori sembla que s’equilibrava, i era tot menys voluntari.

    Al 1392 la cosa estava pitjor i només quedaven 500 focs. Tot i la manca de control de natalitat, les pestes, la fam i els moros, delmaven la població. Fam amb tanta terra! Perquè la terra a més de tenir-la, cal saber-la cultivar i tenir-ne els medis. I no era massa el cas.

    I això em fa recordar que la casa més antiga que crec he visitat, és can Faritzeu, a Sant Rafel,, que data (em va dir una arqueòloga) del s XV, és a dir, de poc més tard d’aquells 500 focs a terra. I que (i això em va sobtar), aquella casa tenia unes terres associadesallà en temps (no vull dir en propietat, llavors no hi havia notaris i un no era propietari ni de si mateix, que venien uns moros deixaves de ser teu per ser d’un altre), que anaven des de on ara és l’església fins al pla de Vila. Ole quina finca. Que em vaig quedar pasmada.

    I tot i així, hi havia fam.

    Aquestos pocs focs, més o menys delmats per pirates i altres feres, degueren anar creixent, i van donar lloc a partions de terra que en molts casos degueren ser ferotges, perquè a dia d’avui hi ha uns quants can Faritzeus (no ho dic jo, ho diu en Joan Marí Cardona), i el llogarrets tan encantadors i concorreguts com el camí de sa Vorera a Sant Antoni, on hi ha encara finques de dimensió raonable i cases en estat força original, hi ha un 90% de possibilitats que un dels cognoms dels propietaris siguin Prats. Sovint ES diuen Prats Prats..

    Vagant per diverses rutes entre cases pageses per documentar-les i parlant amb els habitants, sorgia casi sempre a la conversa les transmissions dels habitatges. quants, fills, quants nets, què deixaven a cadascun, qui es quedava la casa grossa qui un tros de terra en un puig. Quan canviarien les lleis que no deixaven construir, em demanaven. Aquesta preocupació per deixar terra i/o sostre als descendents és una constant que jo no he vist al Pirineu. Clar que les muntanyes allà no te les acabes i acabes migrant tu a altres llogarrets. I el cost d’un habitatge, efectivament és un altre.

    Però la preocupació de molts clients meus eivissencs per deixar alguna cosa als fills és singular i endèmica a l’illa. Al meu poble la gent no pateix per això (i no està ni millor ni pitjor, senzillament, és més fàcil).

    Històries de dependència familiar per no tenir sostre (germanes solteres, criades casi adoptades, germans menors que no anaven a l’església a fer de capellà), en veia tot sovint. En general la més damnificada era la dona. Però els fills menors no sortien gaire ben parats. Heretar terrenys rocallosos vora la mar no va ser bona cosa abans dels anys 60, significava vendre’ls a l’hereu i anar a emplear-se a la salinera, a Vila en algún comerç o directament emigrar. El creixement de la població va dur aparellat un empobriment, que va anar escurçant i escurçant les finques, enviant gent a viure o malviure a la creixent ciutat d’Eivissa o emigrant. Aquell can Faritzeu tan enorme ha quedat esquarterat en totes les finques que podeu veure a la pàgina del cadastre.

    Els matrimonis evidentment no eren per amor sinó contractuals (però això era a tot arreu, això de casar-se per amor és molt modern) i l ‘esterilitat una damnació. I sí els matrimonis, tenien en compte les terres que aportava cada contraient.. I sobre tot veure si aquestes finques eren properes. Per allò de fer més terra.

    I això em fa pensar en un clienta recent, sueca, de 34 anys escassos, que ha comprat una bonica i enorme finca en un Anei recòndit. La mossa, una valquiria en tota regla, rossa i d’ulls blaus, de 90-60-90, amb els 90 tan ben posats com volgueu imaginar, que es disposa a reformar un habitatge tradicional i viure i teletreballar lluny dels durs hiverns escandinaus, ha rebut una oferta insòlita d’un veí. M’ho explicava entre divertida i al·lucinada.

    Un pagés d’uns 75 anys la sol·licita en matrimoni. Les seves finques llinden. No l’ha vist mai en persona, però és coneix que el pagés té una ullera de llarga vista i bon gust. Ha fet arribar el missatge mitjançant un tercer. El seu argument, en moments llunyans, era, inapelable: Si es casaven i tenien fills, podrien ajuntar finques.

    Ja us diré la valquiria què contesta.

  • Arquitectura tradicional a Eivissa II, pirates

    Torre de Balafia, amb creu i tot. Tota protección és poca.

    Quan vaig venir a Eivissa i em van dir que anés a Santa Inès, el poble, a menjar-me una truita, i cap allí que vaig anar i em vaig quedar esbalaïda. Perquè jo no veia poble enlloc. Una església, un bar, dues cases, una d’elles unamica semblant a un restaurant. Res que jo anomenaria teixit urbà.
    Anys més tard em vaig trobar que havia de projectar i construir un equipament per a un altre poble proper a Santa Inés. Tot va ser molt surrealista des del principi, tothom parlava del poble, però quan jo hi vaig ser, tampoc no veia poble per enlloc. Una església, dues cases deshabitades, un bar, un restaurant. I una escola. D’on sortirien els nens que estudiaven a aquesta escola?
    Per a l’equipament em vaig citar amb el regidor del poble, em vaig asseure a esperar a les escales del porxo de l’església, va aparèixer un home a shorts, una camisa descordada una mica tacada, fumant una cigarreta. No hi havia ningú al carrer, que jo més aviat definiria com una carretera, perquè no hi ha teixit urbà de cap mena tampoc. Em va mirar de reüll, jo tenia a la mà un rotllo de plànols i l’entorn era desert. Però els plànols no semblaven prou prova, així que es va girar com buscant algú, però ningú caminava per l’entorn. Ni una ànima. Va mirar cap a l’altra banda. Però no hi havia ningí a part de nosaltres. Aleshores em va tornar a mirar.
    Ets l’arquitecte? Jo li vaig dir que sí, em vaig incorporar i em vaig acostar. Ell sense gaire ímpetu, va recórrer al telèfon mòbil i va trucar a qui se suposava era responsable que jo m’encarregués de la feina. “Hola, sí, estic aquí, és que l’arquitecte és una al·lota”. Des de l’altra banda de la línia li van assegurar que no es preocupés pel detall, que allò sortiria bé encara que jo no tingués cromosoma Y. Compte que això va passar el 2006, no a l’alta edat mitjana.
    Tranquil·litzat el regidor sobre la meva capacitat. Va passar a explicar-me l’important de l’equipament. Aquest poble que jo veia (perdó? Poble, on?) era un dels més cohesionats (com?) actius i d’associació de veïns amb més activitat de l’illa (on eren els veïns, sota les pedres? ). Hi havia diverses associacions que necessitaven cadascuna d’oficina, necessitaven a més consultori mèdic per l’avançada edat dels seus molts veïns i un altre reguitzell d’informació sobre la munió que sembla que poblava aquella cruïlla de camins on s’erigia l’església.
    Per poble jo podia entendre Santa Gertrudis, Sant Agustí, però clar aleshores jo encara havia d’aprendre moltes coses.

    Aleshores no ho sabia, i els motius els he anat aprenent, però el regidor tenia raó. Pel que fa a la gran vida social d’aquell poble, vull dir.
    El que em passava era una prova que sóc forastera. He vist els pobles dels Pirineus, d’on la meva família ve, on les cases s’amunteguen, hi ha porxos que a la nostra infància donaven entrada als estables de les vaques, si calia, les cases per ampliar-se arriben a fer ponts sobre els carrerons, de manera que un circula pels nuclis antics com en una mena de gran edifici on es barreja públic amb privat. I moltes vegades el poble es tanca a la nit, amb unes portes grans. Perquè abans, sí, a les muntanyes, hi havia llops. I altres gents de malviure. I he crescut als pobles de la costa, on el casc dels pescadors i els nuclis urbans tenen carrers, cases i vies estretes. No camps de cultiu a la trama que fa el poble. Els camps de cultiu queden fora dels espais urbans, dins de la meva normalitat. S’habita a zones establertes per a assentaments humans, i aquestes zones afavoreixen la relació social (o això volem creure). Originalment afavorien la defensa, a més (aquest era el seu origen). I sovint s’emmurallaven. Com Eivissa city, home, Vila, això sí que és un poble.

    Per què algú voldria establir-se pel camp podent tenir els avantatges (en té, botigues, informació, tràfic de mercaderies…) d’un entorn urbà.
    El meu llavors xicot i ara esforçat pare dels meus fills, em va dir que era cosa de pirates. Jo no m’ho vaig creure. Tot i que ara en perspectiva veig el seu raonament era bo.
    “Veníen uns pirates amb vaixell, a robar. Havien d’atracar el vaixell, i després començar a caminar per trobar un poble. La pirateria és més efectiva a nuclis urbans compactes, Hi ha més gent amb més coses, així que pots robar més. Si les coses estan escampades, tu robes aquí una mica, has de caminar allà carregant el que has robat, segueixes mangant, carregat, i caminant, et costa molt més saquejar la meitat del que robaries a una ciutat portuària, te’n fas un fart de caminar, i per quan tens força botí per tornar-te a Alger, estàs rebentat i amb butllofes als peus i d’entre la malesa uns xavals desnodrits que no es veuen a penes, llencen pedres amb fona amb una punteria infernal, t’han deixat borni ; tornes carregat on tenies la barca i et trobes els cabrons dels eivissencs te l’han cremat, perquè t’has entretingut massa temps robant, i al guaita gairebé l’ han lapidat els bassatjadors.
    Perquè eren pocs i pobres, però es defensaven. I escampar-se pel territori era una estratègia de defensa.”
    Gairebé cert. O cert del tot. Però amaga alguna cosa.
    I va ser la Núria Jaumà qui ho va explicar l’altre dia.
    El que vénen a robar els pirates no és exactament material. Què s’enduran d’Eivissa a l’edat mitjana que és gairebé com el neolític en aquesta illa.
    Els pirates vénen a per la gent. És el més valuós que té l’illa (això i la sal).
    Eivissa és un viver d’esclaus per als berberiscos. Aquí els esclaus potencials es crien sols, i després els buscaran amb barca i els venen. Hi ha 30 hores amb barca a vent o a corrent des d’Alger, en una embarcació a vela. És facilíssim.
    I un nucli urbà a la costa o prop hauria significat que potser haguessin acabat delmant la població, Arrasant amb els habitants en edat de merèixer o treballar.
    Una cosa que passava massa sovint a Eivissa city i que va fer que Felip II ordenés construir una defensa que donaria lloc a la muralla. Eivissa city tenia la població i béns suficients per ser objectiu dels pirates turcs que entraven molt ben proveïts per les salines. I per això Sant Jordi també té una Església ben emmurallada, amb cabuda per a força població. I possiblitat de llençar projectils entre els merlets
    Que quatre matats berberiscos vinguessin des de la costa nord-africana, atraquessin al port de Sant Miquel, fessin una incursió terra endins i transportessin càrrega humana, que camina sola (a cops si cal) pels camins, era fàcil i devia tenir un preu alt al mercat d’esclaus del nord d’Àfrica, d’on solien venir part dels pirates.

    Disgregar la població i tancar-se a torres de defensa era la solució a Santa Inès i Sant Mateu, ia Sant Llorenç, i a moltes localitats terra endins. La població, que cultivava els plans fèrtils de les fondalades, construïen el seu habitatge lluny del pla (no calia estar a la vista ni arruïnar terres de cultiu, tota terra fèrtil és poca en una illa), s’inserien als límits de la fondalada i ben lluny els uns dels altres. Si els africans s’enduien els habitants d’una casa (les barques de molts dels pirates tampoc eren grans vaixells), ja es donarien per contents amb el botí, no anirien cap altra casa llunyana. Més temps a terra era més risc (hi havia guaites eivissencs que feien torns, avisaven, i probablement quan els pirates deixaven la barca per anar a perseguir cristians, els que es quedaven a port eren vulnerables als pagesos emprenyats i de punteria encertada).
    Les torres de defensa que tan inútils em semblaven, amb una porta de fusta, van agafar sentit.
    Si algú es quedava en silenci allà dins, si els nens no ploraven, podien passar desapercebuts, i si cremaven la porta, a l’interior moririen, i morts no servien als pirates, millor emportar-se un parell de cabres. Carregar la xalupa de bestiar. És millor agafar-los en un renunci en una altra ocasió, sabent on vivien. Era poc rendible per als pirates matar gent que podria emportar-se en una altra incursió.
    Les esglésies fortificades apareixen a poblacions properes a la costa, Sant Jordi, Sant Miquel. I amb merlets per respondre als atacs.
    Però les torres de defensa dels habitatges les vaig entendre l’altre dies amb la Núria, són només de defensa, l’últim escut. Perquè el principal o més lucratiu objectiu de la pirateria a l’edat mitjana a Eivissa eren la sal i les persones.
    Quin horror, que dura i que salvatge la vida a l’illa fa mil anys.


    I sí, Sant Mateu i Santa Inès, són pobles. Diferents dels que estem acostumats, però amb una estratègia intel·ligent al darrere. I amb una població cohesionada.
    I les torres, que van ser necessàries.
    Quan els berberiscos trobaven les portes tancades, sabien que havien de tornar un altre dia. I els eivissencs, que havien de donar gràcies a Déu i estar sempre preparats.
    Quina vida.

    Bon any nou.

    Segona torre de Balafia, que devien ser uns quants i pròspers per necessitar dues torres en un llogarret tan petit.

  • Arquitectura tradicional en Ibiza II, piratas

    Torre en el poblado de Balafia. Con cruz protectora incluida.

    Cuando vine a Ibiza y me dijeron que fuera a Santa Inès, el pueblo, a comerme una tortilla, y fui, me quedé pasmada. Porque yo no veía pueblo por ninguna parte. Una Iglesia, un bar, dos casas algo parecido a un restaurante. Nada que yo llamaría tejido urbano.

    Años más tarde me encontré con que debía proyectar y construir un equipamiento para otro pueblo cercano a Santa Inés. Todo fue muy surrealista desde el principio, todo el mundo hablaba del pueblo, pero cuando yo fui, tampoco veía pueblo por ninguna parte. Una iglesia, dos casas deshabitadas, un bar, un restaurante. Y una escuela. De dónde saldrían los niños que estudiaban en esa escuela?

    Para el equipamiento me cité con el regidor del pueblo, me senté a esperar en las escaleras del porche de la iglesia, apareció un hombre en shorts, una camisa desabrochada algo manchada, fumando un cigarrillo. No había nadie en la “calle”, que yo más bien definiría como carretera, porque no hay tejido urbano tampoco. Me miró de soslayo, yo tenía en la mano un rollo de planos. Pero lso planos no parecían ser suficiente prueba, así que se dió la vuelta como buscando a alguien, pero todo estaba desierto. Ni un alma. Miró hacia el otro lado. Pero ni un alma a parte de nosotros. Entonces volvió a mirarme.

    “Eres el arquitecto?” Yo le dije que sí, me incorporé y me acerqué. El sin demasiado ímpetu, echó mano de su teléfono móvil y llamó a quien se suponía era responsable de que yo me encargara del trabajo. “Hola, sí, estic aquí, és que l’arquitecte es una al·lota”. Desde el otro lado de la línea le aseguraron que no se preocupara por el detalle, que aquello iba a salir bien aunque yo no tuviera cromosoma Y. Ojo que esto pasó en 2006, no en la alta edad media.

    Tranquilizado el regidor al respecto de mi capacidad. Pasó a explicarme lo importante del equipamiento. Ese pueblo que yo veía (¿perdón? Pueblo, ¿dónde?) era uno de los mas cohesionados (¿cómo?) activos y de asociación de vecinos con más actividad de la isla (¿dónde estaban los vecinos, debajo de las piedras?). Había varias asociaciones que precisaban cada una de ellas de oficina, necesitaban además consultorio médico por la avanzada edad de sus muchos vecinos y otra retahila de información sobre la muchedumbre que al parecer poblaba aquel cruce de caminos donde se erigía la iglesia.

    Por pueblo yo podía entender Santa Gertrudis, Sant Agustí, pero claro entonces yo aún tenía que aprender muchas cosas.

    Entonces no lo sabía, y los motivos los he ido aprendiendo, pero el regidor tenía razón. En lo de la gran vida social de aquel pueblo, quiero decir.

    Lo que me pasaba era una prueba de que yo soy forastera. He visto los pueblos de los Pirineos, de donde mi familia viene, donde las casas se apiñan, hay soportales que en nuestra infancia daban entrada a los establos de las vacas, si es preciso las casas para ampliarse llegan ha hacer puentes sobre las callejuelas, de modo que uno circula por los cascos antiguos como en una suerte de gran edificio donde se mezcla público con privado. Y muchas veces el pueblo se cierra por la noche, con unas grandes puertas. Porque antes, sí, en las montañas, había lobos. Y otras gentes de malvivir. Y he crecido en los pueblos de la costa, donde el casco de los pescadores y los cascos urbanos tienen calles, casas y vías estrechas. No campos de cultivo en su trama. Los campos de cultivo quedan fuera de los espacios urbanos, dentro de mi normalidad. Se habita en zonas establecidas para asentamientos humanos, y esas zonas favorecen la relación social (o eso queremos creer). Originalmente favorecían la defensa, además (ese era su origen). Y con frecuencia se amurallaban. Como Ibiza city, hombre, Vila, eso sí es un pueblo.

    Por qué iba alguien querer desperdigarse por el campo pudiendo tener las ventajas (las tiene, tiendas, información, trasiego de mercancías…) de un entorno urbano.

    Mi entonces novio y ahora esforzado padre de mis hijos ame dijo que era cosa de piratas. Yo no me lo creí. Aunque ahora en perspectiva veo su razonamiento era bueno.

    “Venían unos piratas en barco, a robar. Tenían que atracar el barco, y luego echarse a caminar para encontrar un pueblo. La piratería es más efectiva en núcleos urbanos compactos, Hay más gente con más cosas, así que puedes robar más. Si las cosas están desperdigadas, tu robas aquí un poco, tienes que andar allá cargando lo que has robado, sigues mangando, cargado, y caminando, te cuesta mucho más saquear la mitad de lo que robarías en una ciudad portuaria, te haces un hartón de andar, y para cuando tienes bastante botín para volverte a Argel, estás reventado y con ampollas en los pies y de entre la maleza unos chavales desnutridos que no se ven a penas, tiran piedras con honda con una puntería infernal, te han dejado tuerto; vuelves cargado donde tenías la barca y te encuentras los cabrones de los ibicencos te la han quemado, porque te has entretenido demasiado tiempo robando, y al vigía casi lo han lapidado los bassatjadors.

    Porque eran pocos y pobre, pero se defendían. Y desperdigarse por el territorio era una estrategia de defensa.”

    Casi cierto. O cierto del todo. Pero esconde algo.

    Y fue Núria Jaumà la lo explicó el otro día.

    Lo que vienen a robar los piratas no es exactamente material. Qué se van a llevar de Ibiza en la edad Media que es casi como el neolítico en esta isla.

    Los piratas vienen a por personas. Es lo más valioso que la isla tiene (eso y la sal).

    Ibiza es un vivero de esclavos para los berberiscos. Aquí se crían solos, y luego los van a buscar en barca y los venden. Hay 30 horas en barca a viento o a corriente desde Argel, en una embarcación a vela. Es facilísimo.

    Y un núcleo urbano en la costa o cerca hubiera significado que quizás hubieran terminado diezmando la población, Arrasando con los habitantes en edad de merecer o trabajar.

    Algo que pasaba con demasiada frecuencia en Eivissa city y que hizo que Felipe II ordenara construir una defensa que daría lugar a la muralla. Eivissa city tenía la población y bienes suficientes como para ser objetivo de los piratas turcos que entraban muy bien pertrechados por las salinas. Y por eso Sant Jordi también tiene una Iglesa bien amurallada, con cabida para bastante población.

    Que cuatro matados berberiscos vinieran desde la costa norteafricana, atracaran en el port de Sant Miquel, hicieran una andanada tierra adentro y transportaran carga humana, que camina sola (a golpes si hace falta) por los caminos, era fácil y debió tener un precio alto en el mercado de esclavos del norte de África, de donde solían venir parte de los piratas.

    Disgregar la población y encerrarse en torres de defensa era la solución en Santa Inès y Sant Mateu, i en Sant Llorenç, y en muchas localidades tierra adento. La población, que cultivaba los llanos fértiles de las hondonadas, construían su vivienda lejos del llano (no había que estar a la vista ni arruinar tierras de cultivo, toda tierra fértil es poca en una isla), se insertaban en los lindes de la hondonada y bien lejos unos de otros. Si los africanos se llevaban a los moradores de una casa (las barcas muchos de los piratas tampoco eran grandes bajeles), ya se darían por contentos con el botín, no irían a por otra casa lejana. Más tiempo en tierra era más riesgo (había vigías ibicencos que se turnaban, avisaban, y probablemente cuando los piratas dejaban la barca para ir a perseguir cristianos, los que se quedaban en puerto eran vulnerables a los payeses cabreados y de puntería certera).

    Las torres de defensa que tan inútiles me parecían, con una puerta de madera, cobraron sentido.

    Si alguien se quedaba en silencio ahí dentro, si los niños no lloraban, podían pasar desapercibidos, y si quemaban la puerta, en el interior morirían, y muertos no servían a los piratas, mejor llevarse un par de cabras. Cargar la chalupa de ganado. Era mejor pillarlos en un renuncio en otra ocasión, sabiendo dónde vivían. Era poco rentable para los piratas matar a gente que podría prender en otra incursión.

    Las iglesias fortificadas aparecen en poblaciones cercanas a la costa, Sant Jordi, Sant Miquel. Y con almenas para responder a los ataques.

    Pero las torres de defensa de las viviendas las entendí el otro días con Nuria son sólo de defensa, el último escudo. Porque el principal o más lucrativo objetivo de la piratería en la edad media en Ibiza eran la sal y las personas..

    Que horror, que dura y que salvaje la vida en la isla hace mil años.

    Y sí, Sant Mateu y Santa Inès, son pueblos. Distintos de los que estamos acostumbrados, pero con una estrategia inteligente está detrás. Y con una población cohesionada.

    Y las torres, que necesarias fueron.

    Cuando los berberiscos encontraban las puertas cerradas, sabían que debían volver otro día. Y los ibicencos, que debían dar graciasa Dios y estar siempre preparados.

    Que vida.

    La otra torre del conjunto de Balafia. Debían ser bastante prósperos, y por lo tanto numerosos y estar bastante apurados por los piratas para tener dos.

    Feliz año nuevo.

  • Can Pardal de 1960 a 2007

    Vaig arribar a Eivissa sense saber res d’arquitectura vernacular. I la casualitat em va dur a un encàrrec inicial, fa ara 20 anys, que va ser la primera petja que em va fer entendre l’arquitectura com una altra cosa.

    Inculcada fins a la sacietat en les escoles d’arquitectura la idea que l’arquitectura era obra d’un ser culte i versat en molts coneixements (l’arquitecte), i que aquesta obra tenia un procés, un començament, un germen, un acte seminal als plànols o projecte bàsic, una gestació o projecte d’execució i direcció d’obra, i un naixement, l’obra acabada, llesta per fotografiar (que canviava molt quan l’habitava el client). Un procés nítid i lineal.

    El temps i les experiències ens recol·loquen. I quan em van encarregar can Pardal em va semblar que una reforma en arquitectura tradicional era una obra menor. I allí vaig començar a aprendre que no.

    Can Pardal explicava històries que no hem entés encara.

    L’arquitectura tradicional de l’illa parteix d’un esquema d’espais que canvia durant el temps, i té múltiples arquitectes, tots amb criteris comuns (la necessitat), i eines semblants (la pedra, la savina, la cendra, l’alga, la cal i l’argil·la).

    Quan intervenim una casa tradicional, a banda d’on aniran les cambres de bany, ens hem d’apartar.

    Les cases expliquen històries íntimes de creixement d’una família, de cismes en aquesta, de morts prematures d’una mare o un pare i d’un cònjuge que es torna a casar i té altres fills i ha de partir la terra, i potser la casa, o ha de fer una casa de dalt, o ha de comprar un tros de terra més o ha de fer uns corrals nous o un molí de sang. I la casa es troba en un permanent créixer, esventrar-se, dividir-se, remuntar, tapar finestres, obrir portes on abans hi havia armaris embeguts al mur, cobrir carbonella de parets que deixen de ser cuina, estintolar savines, rebaixar nivells o trepar enlaire, bastir sequers, tancar-los per fer-los cambra. Cloure arcs, trepanar crostes de terra per fer cisternes que potser descalçaran alguna paret, consolidar-la després. Emblanquinar, substituir biguetes. Argilar.

    I totes aquestes accions, s’esdevenen durant els segles, i no es transmeten de propietari a propietari, sinó que queden cicatritzades en els murs i de vegades en les bigues, en la roca, de vegades en escriptures. Que expliquen la mala fortuna dels que es queden sense casa, i de vegades han d’emigrar o malviure. I emigrar al segle XVIII i XIX moltes sovint volia dir no tornar més.

    De vegades en cases veïnes en mig del terç, allunyades de les altres, s’hi troben dos trulls. I hom imagina que les famílies no es parlaven. I confirma després una enemistat íntima, només separada per una paret de pedra seca de tres pams i les dues lamines de cal que la vesteixen.

    De vegades hom troba un pagès sol, hereu, delicat, de moltes lectures i que no s’ha casat mai, i que explica com va decidir enrajolar el porxo a mitja altura amb ceràmica de Lisboa i una sensibilitat singular, amb un aire femení, solter i tràgic. I em presenta son germà petit, masculí,casat i amb fills, que heretarà. De vegades hom troba iniciatives poètiques, on una cambra era cedida a una criada òrfena de poc més de 15 anys a la mort del hereu, que quedava amb un sostre i dret a aigua de la cisterna fins que es casés (que no era poc al s XIX).

    De vegades hom escolta la història de com avis pensen en quin tros de terra deien a cada net, pensant en a qui li pot fer falta, i com les nenes comencen a heretar.

    He escoltat la història d’un propietari amb 4 fills que va voler-los donar a tots terra i casa i va llogar-se a la salinera per comprar terra i casa pels que no eren hereus o construir-la. Un silenci espès va pesar quan jo vaig preguntar què hi havia de les filles, o era aquell esforç familiar només pels nois?

    He escoltat la història del vidu amb una casa gran i rica i terres que ja tenia un fill hereu i que es va casar amb una jove que li’n va donar un altre, i va fer força per emportar-se la terra mes fèrtil pel seu, i dret a trull i molí de sang, i així en morir el pare, el més jove va fer emergir com un bolet una casa del tros millor de terra i no va haver d’hipotecar-se en un trull.

    He sentit històries de cases perdudes en joc i malvenudes. Cases que es deixen per fugir, cases que es roben després de venudes a estrangers que moren sobtadament i després els seus hereus no troben escriptura i són ocupades subtilment pels antics propietaris que les tornen a fer seves.

    Les històries íntimes de la gent que les habita les modifica, la seva orfandat, la seva vocació, la seva sexualitat, la seva ambició, el seu triomf, la seva tragèdia, fan una arquitectura singular, amb unes pautes de sol i assentament que gairebé mai són seguides al peu de la lletra perquè l’ànima del qui s’hi estatja i les condicions de l’entorn les modifiquen.

    He vist torres de defensa magnífiques i torres que eren poc més que un galliner i que hom s’hi havia d’amagar acotxat entre el ferum a família.

    Així que l’arquitectura sense arquitecte s’imposa de manera subtil, i quan hom m’encarrega dotar d’aigua i llum un lloc que ja ha estat habitat i habitable d’una manera que ara ens resulta insuportable, m’aparto, i miro de netejar les cicatrius de la història empeltada en la casa. No cal, en general que nosaltres ens hi posem pel mig.

    Les cases d’Eivissa no han necessitat un autor, sinó una multitud, i sempre estan inacabades.

    Van essent carcassa de cada morador, i creixen o minven amb ell, com una hidra o una ameba, i engoleixen històries tan recòndites que de vegades arrenquen una llàgrima o un calfred.

    Arcs amagats i recuperats a Can Pardal, abans que fos obligari que un arqueòleg ho supervisés absolutament tot.

  • Can Pardal, Sant Miquel de 1960 a 2007

    Llegué a Ibiza sin saber nada de al arquitectura de la isla. Y la casualidad me llevó a un encargo inicial, hace 20 años, que fue el germen que me hizo entender la arquitectura como otra cosa.
    Inculcada hasta la saciedad en las escuelas de arquitectura la idea de que la arquitectura era obra de un ser culto y versado en muchos conocimientos (el arquitecto, claro), que la acción de la arquitectura no podía ser llavada a cabo por cualquiera, y que esta obra tenía un proceso, un comienzo, una concepción, un acto seminal en los planos o proyecto básico, una gestación o proyecto de ejecución y dirección de obra, y un nacimiento, la obra terminada, lista para fotografiar (que cambiaba mucho y eso no me lo dijeron, cuando la habitaba cliente, y que eso no la hacía peor) y por eso era arquitectura. Un proceso nítido y lineal.
    El tiempo y las experiencias nos recolocan. Y cuando me encargaron Can Pardal me pareció que una reforma en arquitectura tradicional era una obra menor. Y allí empecé a aprender que no.
    Can Pardal contaba historias que no hemos entendido todavía.
    La arquitectura tradicional de la isla parte de un esquema de espacios que cambia durante la vida de los que la habitan, y tiene múltiples arquitectos, todos con criterios comunes (la necesidad), y herramientas similares (la piedra, la sabina o el pino; la caña o el olivo;la ceniza, el alga, la cal y la arcilla).
    Cuando intervengo una casa tradicional, aparte de dónde irán los cuartos de baño, que preferiría siempre que me dejaran hacerlos fuera, para no modificar estancias interiores, suelo apartarme.
    Las casas cuentan historias íntimas de crecimiento de una familia, de cismas en ésta, de muertes prematuras de una madre o un padre y de un cónyuge que vuelve a casarse y tiene otros hijos y debe partir la tierra, y quizá la casa, o debe hacer una casa de arriba, o debe comprar un pedazo de tierra más o debe hacer unos corrales nuevos o un molino de sangre. Y la casa se encuentra en un permanente crecer, , demediarse, remontar, tapar ventanas, abrir puertas donde antes había armarios embebidos en el muro, cubrir de cal el hollín de paredes que dejan de ser cocina, apear sabinas, rebajar niveles o escalar arriba, levantar secaderos, cerrarlos para hacerlos dormitorio. Ocluir arcos, trepanar costras de tierra para hacer cisternas que quizás descalzarán alguna pared, consolidarla después. Encalar, sustituir viguetas. Arcillar.
    Y todas estas acciones, acontecen durante los siglos, y no se transmiten de propietario a propietario, sino que quedan cicatrizadas en los muros y a veces en las vigas, en la roca, a veces en escrituras que explican de modo velado la mala fortuna de los que se quedan sin casa, que quizás deban emigrar. Y emigrar hace siglos significaba no volver.


    A veces en casas vecinas en medio del campo, alejadas de las demás, se encuentran dos trulls o molinos de aceite. Y se imagina que las familias no se hablaban. Y confirma después una enemistad íntima, sólo separada por una pared de piedra seca de tres palmos y las dos laminas de cal que la visten.
    A veces se encuentra un campesino solo, delicado, de muchas lecturas y que nunca se ha casado, y que es el heredero, y que explica cómo decidió embaldosar el porche hasta media altura con cerámica de Lisboa, con un aire femenino, soltero y trágico. Y me presenta a su hermano, velludo y casado, y con hijos, que heredará. En ocasiones se encuentran iniciativas poéticas, donde un cuarto era cedido a una criada huérfana de poco más de 15 años a la muerte del heredero, que quedaba con un techo y derecho a agua de la cisterna hasta que se casara (que no era poco en el s XIX).
    A veces se escucha la historia de cómo abuelos piensan en qué pedazo de tierra darían a cada nieto, pensando en a quién le puede hacer falta, y cómo las niñas empiezan a heredar.
    He escuchado la historia de un propietario con 4 hijos que les quiso dar a todos tierra y casa y se empleó en la salinera para comprar tierra y casa para los que no eran herederos o construirla. Un silencio espeso en el aire del porxo pesó cuando yo pregunté qué había de las hijas, o era ese esfuerzo familiar sólo por los varones?
    He escuchado la historia del viudo con una casa grande y rica y tierras que ya tenía un hijo heredero y que se casó con una joven que le dio otro, y lidió para llevarse la tierra más fértil para el benjamín, y derecho a molino de aceite y molino de sangre, y así al morir el padre, el más joven hizo emerger como una seta una casa del pedazo mejor de tierra y no tuvo que hipotecarse en molino, porque la escritura permitió que usara los de su hermano para siempre.
    He oído historias de casas perdidas en juego y malvendidas. Casas que se dejan para huir, casas que se roban como si fueran cestos de higos, después de vendidas a extranjeros que mueren repentinamente y después sus herederos no encuentran escritura y son ocupadas súbitamente por los antiguos propietarios que las vuelven a hacer suyas. Y todo el pueblo calla ante los extranjeros.

    Las historias íntimas de la gente que las habita las modifica, su orfandad, su vocación, su sexualidad, su ambición, su triunfo, su tragedia, hacen una arquitectura singular, con unas pautas de sol y asentamiento que casi nunca son seguidas al pie de la letra porque el alma de quien se está allí y las condiciones del entorno las modifican.
    He visto torres de defensa magníficas y torres que eran poco más que un gallinero y en las que había que esconderse acurrucado, constreñido entre el tufo a miedo y familia.


    Así que la arquitectura sin arquitecto se impone de manera sutil, y cuando me encargan dotar de agua y luz a un lugar que ya ha sido habitado y habitable de una forma que ahora nos resulta insoportable, me aparto, y trato de limpiar las cicatrices de la historia injertada en la casa. No hace falta, en general que nosotros nos pongamos demasiado en medio.
    Las casas de Eivissa no han necesitado un autor, sino una multitud, y siempre están inacabadas.
    Van siendo carcasa de cada morador, y crecen o menguan con él, como una hidra o una ameba, y tragan historias tan recónditas que a veces arrancan una lágrima o un escalofrío.

    Arcos escondidos que aparecen en una obra

  • Un amigo mío, muy versado en pintura y licenciado en Bellas Artes (da clases de dibujo en IES sa Colomina, con una paciencia infinita), me comenta que cuando Velázquez pinta a Inocencio X, realmente retrata al diablo. Y sí es inquietante este retrato, sin el menor resquicio de símbolo cristiano y con una zarpa o garra sobre el brazo de un sillón. El Papa mira entre amenazador y malévolo, parece más un tahúr que un pontífice. Casi parece estar suplantando a alguien, ejerciendo un poder que no merece, usurpado.

    Parece Inocencio X el retrato de la maldad. Y el propio papa rechazó el retrato con un «troppo vero». demasiado real.

    Hace un par de días monseñor Juan José Omella, arzobispo de Barcelona y presidente de la Conferencia Episcopal se ha pronunciado sobre la maldad: Que la Iglesia es santa (dice ella misma) y todo el rato necesitada de purificación. Pero que esos abusos que dicen a los niños y adolescentes, que no, que no eran tantos, que los abusos a menores ocurren en el senos de las familias en su mayoría, y que lo de la iglesia es pecatta minuta.

    Vamos, que después de no actuar ante las víctimas durante décadas, después de trasladar a sacerdotes violadores y abusadores de diócesis sin mediar denuncia, de encubrir, y proteger a depredadores sexuales, resulta que ahora no hay para tanto porque la mayoría de abusos no los han hecho los capellanes. Fíjate.

    Y no solo eso, resulta que según Omella las cifras que los medios de comunicación dan de los abusados son excesivas. Hombre, que eran menos.

    Parece que este señor no sabe que desgraciadamente los abusos prescriben y que cuando muchos abusados por fin tienen capacidad y arrojo para denunciar o bien tienen ya 40 años y el delito ha prescrito, o el capellán que les destrozó la vida ha muerto o nunca se ven capaces de hacerlo.

    Pero que para Omella son todo exageraciones.

    Y que la Iglesia estará siempre con las víctimas. Bueno podrían empezar excomulgando a los victimarios. Denunciando en lugar de encubrir. Si no pasará como con Galileo, que per pedirán perdón 400 años tarde. Y a estas alturas a Galileo poco le importa. A las víctimas hay que resarcirlas ya, y hay que reparar ya. Y como no se puede devolver una infancia o una inocencia, por lo menos se puede encerrar en el trullo a los asquerosos violadores. Lo que se pueda.

    Pero estaría bien que no minimicemos la vergüenza y el asco con un «y tu más». En las familias se viola más. Porque Omella se retrata cuando dice esto.

    Y su retrato no queda muy lejos del de Inocencio X.

    Retrato de Inocencio X por Francis Bacon. Parece haber dolor en la maldad. No sé que sentirá Omella por dentro. Yo hacia él tras sus declaraciones, asco.

  • Combate de arqueros en la Cueva de Morella.

    Mi entorno conoce mi afición por el arte Paleolítico (y neolítico), o mejor, por lo Paleolítico en general. No es que crea que fueran tiempos mejores (no lo eran). Es que me parece que en algunos términos la sociedad era más igualitaria que la actual pero los individuos mucho más parecidos a nosotros de lo que pudiéramos imaginar. Aquí en la foto de Morella, el arquero inferior para mi que es una mujer (tiene un intencionado pecho), y ahí está, arco en ristre.

    Hace no demasiado, en 2016, se encontró cerca del lago de Turkana, en Kenia, a un tiro de piedra de donde se encontró a Lucy, el australopiteco afarensis, una masacre en toda regla.

    En Nataruk encontraron 27 cuerpos. No era un enterramiento, era una masacre. Eran los cuerpos de 8 hombres, 8 mujeres, una de ellas a punto de parir, un cadáver de un adolescente y cinco de niños menores de 6 años, bebés. Los niños y bebés estaban con los cuerpos de las mujeres y otros cinco cuerpos cuyo sexo no se ha podido identificar. La joven embarazada, de entre 12 y 15 años (su primer hijo, sí), a juzgar por la posición encontrada del cuerpo debió ser atada de pies y manos.

    Lo de Nataruk es un ejemplo de violencia grupal. Un grupo humano aniquiló a otro, sin miramientos, sin justicia, sin dar explicaciones a nadie, no hacía falta. Dejaron los cuerpos al sol. Se supone que la matanza se llevó a cabo por competencia entre grupos por los recursos.

    Por la tierra.

    Justo como en Palestina.

    En Gaza alguien ha bombardeado un hospital donde se refugiaban 4.000 personas. Sin miramientos. Habrá como 500 muertos, mutilados, Había niños, había civiles, había enfermos tratando sus problemas, médicos, personal sanitario, mujeres embarazadas y niños pequeños y bebés.

    Pero mirad como hemos mejorado. Todo el mundo da explicaciones y echa las culpas a otro. Oí a un representante del bando palestino afirmar enojado como los israelitas se habían sentido validados por las reuniones con dirigentes europeos o norteamericanos como Biden y nada más terminar la reunión, habían bombardeado el hospital anglicano. Más tarde fuentes israelíes culpan a un cohete desviado de los 10 que venían de la parte palestina a la parte israelí. Que inexplicablemente se había se había desviado hacia el hospital cristiano. Donde había gente de todas las confesiones, probablemente ateos también, si eso es posible cerca de Jerusalén.

    Hemos mejorado mucho, ahora matamos de manera mucho más eficiente, dolorosa, y todo el mundo se explica y encuentra razones válidas, para excusarse y culpar a otros. Las imágenes de la intimidad del dolor y de la muerte surcan el metaverso y el mundo puede observar los cuerpos esparcidos desde cualquier rincón del mundo. Y nunca es culpa de nadie, o hay una causa justa. Y todo el mundo quiere proteger a los civiles, pero son los primeros que ven su vida destrozada. Por un misil, o porque se arrasa su entorno de tal manera que quedan condenados a una miseria infinita, de la que uno no se rehace si además ha perdido a los que ama.

    Hemos mejorado mucho. Tanto que no sabemos quien ha matado a quien, como en el paleolítico. Los niños, cerca de Turkana, hace más de 9.000 años, sabían exactamente quien les mataba.

    Recemos a ese Dios de la Franja de Gaza. Que parece ser el mismo para los dos bandos. A ver si paran.

    Prayer for an absent God Nili Hadida es franco israelita. Cuando dice Jah, significa Jahvé.

    Si alguien se interesa por la letra, la encontrará en internet. Verá que la cantante no tiene mucha fe en ese Jah.

    Venga la cuelgo

    [Verse 1]
    Yah, you never said a word
    You didn’t send me no letter
    Don’t think I could forgive you

    See, our world is slowly dying
    I’m not wasting no more time
    Don’t think I could believe you

    [Verse 2]
    Yah, our hands will get more wrinkled
    And our hair will be grey
    Don’t think I could forgive you

    And see the children are starving
    And their houses were destroyed
    Don’t think they could forgive you

    [Verse 3]
    Hey, when seas will cover lands
    And when man will be no more
    Don’t think you can forgive you

    Yeah, when there’ll just be silence
    And when life will be over
    Don’t think you will forgive you

  • Fui una alumna retraída de un colegio católico, tirando a opusiano (era lo que había). Siempre me llenó de terror y de incomprensión que Herodes, celoso de un Mesías, celoso hasta sacar espumarajos por la boca, ante la negativa de los tres reyes magos a decirle dónde se encontraba Jesús recién nacido Rey de los Judíos, (que desfachatez, que el rey de los judíos era él, Herodes), decidió que matar a todo niño menor de 2 años era buena idea para proteger su corona. Por si acaso.

    Siempre me estremezco delante de estos cuadros.

    Cuando ya adolescente me volví descreída, y me pareció que gran parte de la Biblia eran patrañas sin fundamento. Más tarde, en la facultad de arquitectura de Barcelona, los extraordinarios profesores de estética me dieron opción a aprender que tras un mito suele haber un hecho concreto, quizás menor (o no), pero real que lo origina.

    Y ya con la edad he aprendido que los los historiadores antiguos son importantes. Y que Flavio Josefo fue historiador judeo-romano en Palestina. Con una vida muy interesante Nacido en una familia noble judía, rica y de casta sacerdotal, lucho contra el imperio romano, fue hecho prisionero, luego esclavo, luego tuvo una revelación, Dios le habló y le dijo que a los romanos les había enviado él para castigar al pueblo judío y que luego Vespasiano sería emperador.

    Resulta que acertó en esto último, consiguiendo la gracia de Vespasiano y pingües beneficios, y se dedicó, primero a luchar en el bando romano, traicionando a todo quisque, y luego a escribir las guerras judeo romanas y sobre todo y muy principalmente, a denostar a Herodes el Grande, a quien detestaba.

    Y de entre todo lo que pudo contar (siempre mal), de Herodes I, que efectivamente mandó asesinar a miembros de su propia familia para conservar el poder y era un pájaro de cuidado, hay una laguna. Y eso que en muchos casos, las afirmaciones contra Herodes, sí eran una sarta de mentiras.

    Resulta que no aparece nada en las crónicas de Flavio Josefo sobre una matanza de niños de menos de dos años. Y tiempo le hubiera faltado a Flavio Josefo, una sabandija,, para incluir una masacre contra niños y aún magnificarla para atribuírsela a Herodes si hubiera tenido el menor indicio. Así que se da por bueno que tal episodio fuera improbable, quizás no llego a ser. O quizás el pequeño número de niños menores de dos años en Belén, una aldea minúscula, hizo que se pasara por alto, Es un mito del que no conocemos base, aunque sí conocemos a Herodes, y hubiera sido muy capaz de hacerlo. Un mito, quizás basado en aquella orden del Faraón de matar a los reción nacidos varones judíos, de la que milagrosamente se salvó Moisés.

    O quizás, además de mito neblinoso era una premonición, porque el pasado Sábado 7 de octubre Hamás entró a sangre en un kibutz de la franja de Gaza, y mató familias enteras, niños y niñas delante de sus padres.

    Y entró en una tienda donde dormían 40 niños y bebés, no sé quien pudo haberlo hecho, no me lo explico, y desfallezco mientras tecleo esto, pero paso a cuchillo a todos los durmientes, menores de catorce, muchos menores de dos.

    Herodes, hoy, otra vez.

    El estado de Israel no será menos y ha dado a los palestinos de la franja de Gaza 24 horas para evacuar la zona que van a bombardear. A sabiendas de que es imposible mover dos millones de personas, civiles, niños, embarazadas, gente mayor y pequeña que llevan años sufriendo violencia, violencia de la que reniegan, Y saben que no es posible sacarlos de la ratonera de Gaza porque no hay donde acogerlos y las carreteras están cortadas o colapsadas. Y van a bombardear y mataran 40.000 niños menores de 14, muchos menores de dos. Atrapados sin poder huir.

    Tan inocentes como los que dormían en la tienda del kibutz.

    Ese capítulo del evangelio de San Mateo, sí, era una premonición. Murieron inocentes el sábado y moriran mañana, en Palestina, como siempre.

    Que asco y que angustia siento, Dios mío.

    Sinopsis de la historia de Palestina, de Nina Paley, animadora, artista gráfica. Cortesia de Pedro Azara. Espeluznante. Herodes no tiene bando.

  • En la gruta de Trois Freres, se puede ver esta estupenda pintura rupestre.

    A mi lo que representa me parece obvio, cuando le he preguntado a mi marido, arquitecto y nada versado en pintura rupestre, y me ha contestado «Una mujer pariendo, no?». Parece bastante obvio.

    Hace tiempo que me intereso por el arte rupestre. O más bien, mejor no llamarle arte. Me he interesado por la producción de elementos aparentemente sin finalidad para la supervivencia que se han amontonado en cuevas, abrigos, y que de modo sorpresivo, ocupan paredes rocosas y también me interesan objetos de uso cotidiano, como las lanzaderas de azagaya, los colgantes de hueso y otros útiles.

    Se diría que en la prehistoria se daba un gran aburrimiento o se tenía mucho tiempo libre, porque algunas de las producciones pictóricas están muy por encima de la media. Y me refiero a la media de hoy.

    La cuevas de Chauvet y de Altamira, cuentan con artistas que han debido practicar mucho en el exterior y en diversos soportes y con diversas técnicas, antes de mostrar esa precisión de trazo en los techos y paredes de cuevas. Han debido recoger minuciosamente pigmentos, mezclarlos, producir pinceles o rollos de cuero o «lápices» de grasa y pigmento para aplicarlos; han debido preparar un soporte en una cueva oscura con iluminación precaria a base de médula de animal grande, y aún han sido capaces de dotar de volumen y movimiento a su obra. Cuentan, además, una historia (creo yo), y sobre todo, muestran el sistema de creencias más sólido y más duradero en el tiempo con diferencia de la historia humana.

    Eso si es que la producción de dibujos y escenas en las cuevas tiene que ver con la espiritualidad.

    Porque esto, en honor a la verdad, no lo sabemos.

    Bien, ahora volveré a llamarle arte, porque creo que su utilidad para la supervivencia y el día a día, de pongamos, el Solutrense y el Magdaleniense, es nula. Así que sólo podemos llamar arte a la voluntad y capacidad de observación, y a la técnica que recorta ciervos en mangos de hueso que se emplean como lanzaderas. Pero no a las lanzaderas mismas.

    Volvía yo de un viaje a Chauvet, (de ver la reproducción, claro, la cueva, sagradísima, no está abierta al público), cuando Pedro Azara, un profesor de la Estética de la escuela de arquitectura con quien mantengo contacto, me hizo llegar su video de presentación del curso. “Teoría del arte”. Veo que la asignatura ha cambiado de nombre, Yo aún no sé muy bien que se da en esa asignatura, recuerdo que me gustaba mucho, que asistía a sus clases, clases abarrotadas de alumnos, la gente no faltaba a esas clases. Recuerdo también que no me costó aprobar, pero si ahora me preguntaran de qué se trataba, no sabría decir.

    Creo que el podcast de Pedro Azara , me ayudó a entender algo de lo que escuché hace tanto, y hubo una parte de él que me llevó otra vez a las cuevas, esta vez a otra, a la de Trois Frères, y a un personaje que, de saque, a mi ya no me gustaba demasiado, y que de golpe entendí porqué.

    Aquí el video presentaciòn. Productor David Mesa, arquitecto.

    Presentación del curso 22-23 de la asignatura de Teoría del Arte, ETSAB.

    Ese fragmento habla de lo sesgado que puede ser interpretar o entender el arte. Interpretamos el arte dependiendo de nuestra circunstancia, sin mediar muchas veces, conocimiento del autor de ese arte. Y me recuerda también a una clase de Ferran Lobo. En que destripaba la República /el Banquede de Platón. Una mala interpretación de un sarcasmo escrito de Platón, cambia la concepción de arte en el cristianismo platónico.

    Todos interpretamos o entendemos un cuento o una historia o una pintura dependiendo de nuestra psique, de nuestra educación, de nuestra edad, salud y posición económica y de nuestras lecturas. Pero sobre todo interpretamos lo que vemos en museos dependiendo de la sociedad en que nos ha tocado vivir y del momento histórico.

    Disfrutamos (más o menos) de esa producción inútil en las paredes de las cavernas dependiendo de nuestra sensibilidad, pero la interpretamos dependiendo de nuestra historia. Que no es la del autor o más frecuentemente, autora (Dean Snow lo documenta claramente) hace a veces más de 30.000 años.

    Y aquí entra en escena el Abbé Breuil. Ese hombre que no termina de gustarme.

    Henri Breuil es un joven inteligente y sensible, hijo de magistrado (no veo yo ahí penurias económicas), y de una profunda fe. Así que se educa en el seminario de Saint Sulpice y en la Sorbona, y con 23 años en 1900 se ordena capellán. Dada su inteligencia y su interés el lo antiguo, la iglesia le da permiso para dedicarse a perseguir sus intereses, esto es, la prehistoria.

    Llega a ser alguien influyente en el campo, reconocido y dará clase en la universidad de Friburgo y más tarde en el collège de France. Un erudito.

    O no.

    Porque la perspectiva de la prehistoria ha cambiado desde 1900, y su perspectiva es definitivamente la de un sacerdote católico.

    Sorprende su interés por la religiosidad precristiana, y su afán por visitar cuevas cigarrillo en ristre. Interpretando hallazgos desde un punto de vista no científico sino romántico, que eran tendencias más bien comunes en la época. Y Breuil no es la excepción.

    Como esto que digo igual no es muy evidente, podré un ejemplo que me viene al pelo.

    En 1908 se descubrió en la localidad de Cap Blanc, en un abrigo rocoso, un espectacular friso magdaleniense, en alto y bajo relieve, con detalles delicadísimos de los ollares de los animales, bisontes, caballos cabras, ciervos. Ahí se presento Breuil de inmediato a solazar su espíritu ávido de paleolítico.

    En Cap Blanc, se excavó y se encontró abundante material magdaleniense. Y en 1911, acabando la excavación, se encontró un esqueleto en muy buenas condiciones. Cap Blanc había sido pues, también una tumba. En seguida las especulaciones románticas y nada científicas de los arqueólogos armaron una película o suposición: El finado era el autor de la obra. Su vínculo con el lugar era evidente. Por ello le habían enterrado ahí. Parece que a nadie se le ocurrió que se hubiera podido esculpir justo después. O antes.

    Bien. La posibilidad existe, y eso no hay quien lo niegue. Quien quiera que fuese el finado, podría ser autor o parte del friso, porqué no. Un fin prematuro para un hombre de 25 años. Qué corta la vida en el magdaleniense.

    Lástima que examinados los restos por parte de antropólogos, 25 años más tarde, se llegara a la conclusión que evidentemente los huesos no pertenecían a un hombre. Una mujer en la veintena, había sido enterrada en la cueva de Cap Blanc.

    Súbitamente, los huesos perdían toda capacidad creativa. Ya no podían pertenecer al autor de la obra maestra. Henry Field, quien compró el esqueleto que permanece en el museo con su nombre en Chicago (Museo Field), escribió además una retahila de posibilidades al respecto de la identidad de la joven. Pero ya no es autora de nada, lo sería su padre, el chamán, claro. La lista, es bochornosa. Está claro que si vives en el magdaleniense eres una mujer florero de manual, traduzco:

    «¿Por qué había sido enterrada bajo el friso de caballos? ¿Fue asesinada por la punta de lanza de marfil de su amante? ¿Fue por otra chica de Cromañón? ¿Estaba su hermano vengando el honor de la familia? ¿La mataron en batalla? ¿Por qué fue enterrada en ¿El santuario? ¿Era ella la hija del escultor-sumo sacerdote? No había evidencia real, excepto que la muerte probablemente se debió a un envenenamiento de la sangre «.

    Y ni siquiera en la causa de la muerte acierta, porque lo atribuye a una punta de marfil de mamut que se encontró cerca del abdomen, y dado lo raro de ésta en las inmediaciones, bien pudo haber sido una ofrenda.

    Así que en el momento en que el cuerpo pierde su condición masculina, pierde su potencialidad de pertenecer a quien produjo los maravillosos frisos. Las mujeres a la cocina. Normal, no ha habido jamás escultoras de ningún tipo y las que lo han probado no han tenido la menor relevancia. Louise Bourgeois, Camille Claudel, Anna Hyat, Properzia di Rossi, Úrsula Forment. En fin, unas pringadas.

    Pues por ahí va la cosa con Henri Breuil.

    Él es un hombre sagaz, pero no deja de ser un sacerdote católico, con todo lo que eso implica. Su universo está despojado de mujeres, no se ha casado (ignoro si es célibe, pero desde luego no convive con ninguna mujer, ni tiene hijos) no habla con ellas, mientras es profesor en la universidad, a penas se educan éstas, sus compañeros de aventuras arqueológicas son fundamentalmente hombres, su mundo, el de Breuil, es un mundo eminentemente masculino. Las mujeres son animalillos que se dedican a la reproducción y no a actividades intelectuales, y el tema de la reproducción es un efecto fisiológico que implica fluidos (como la regla), y que por ello siendo repugnante (y femenino), la iglesia se ha encargado de reprimir y eliminar de cualquier imaginario artístico (no así la violencia extrema, como las matanzas de los inocentes y las torturas de mártires, tan normales y saludables). No hay partos en las iglesias. Es algo tan obsceno que se ha liberado a la Virgen Maria de pasar por ellos. Es Virgen y es un misterio cómo pare.

    Los conocimientos de obstetricia de Breuil son nulos. Y los de sus amigotes arqueólogos, también. No son tan distintos.

    ¿Y esto a que viene?

    A esto de aquí.

    Que es mentira.

    A la derecha el original en la roca de la cueva de Trois Frères. A la izquierda el calco que Breuil llevo a cabo inventándose lo que le dió la gana y suponiendo que los usuarios de la cueva no sabían dónde va la cola de un animal.

    Supuestamente esto es lo que se encuentra el cueva de Trois Frères.

    Leo en wikipedia,

    La gruta fue descubierta el 20 de julio de 1912​ por los tres hijos del conde de Bégouën, a los cuales debe su nombre (Trois Frères significa “Tres Hermanos”). El abad, arqueólogo y prehistoriador Henri Breuil (1877-1961) estudió en profundidad la caverna y realizó una serie de dibujos basándose en sus fantásticas figuras.

    Efectivamente, Henri Breuil dibuja unos cuantos esbozos, y el más famoso es el del hechicero. Al parecer en una de las paredes de la cueva, un ser antropomorfo con pies de hombre (hombre, seguro, no mujer), garras delanteras de animal indeterminado, cola de lobo, cuernos de ciervo y hermosos genitales tras las ancas en una posición anatómicamente imposible. Y eso que en paleolítico de anatomía sabían lo suyo.

    Despiezaban animales y personas, por motivos rituales, con frecuencia. La precisión en el dibujo de algunos animales es exquisita.

    La diferencia entre lo que se percibe en el dibujo de Breuil y la realidad, es estratosférica, pero no importa, se ha dado por bueno.

    Al parecer no hay ni ha habido nunca rastro de la cornamenta, fue una licencia o momento de inspiración del abate; los ojos que miran de frente en la figura de Breuil parecen bastante extraños si es que son ojos, y de hecho no hay dos, hay varios más, así que igual no son ojos y son abalorios de un peinado, a mi ojos no me lo parecen, los brazos o garras no se parecen a nada de lo dibujado por Breuil y la textura, trazos, y detalles del abate no aparecen por ningún lado.

    No solo eso, la abultada panza se matiza, de modo que mediante trazos engañosos del abate, tergiversando lo que hay en la pared, la panza parece menos.

    Y esa panza es más.

    Y resulta que esta panza es fundamental. Esta panza, igual que la de la cierva (preñada) de Altamira, es fundamental..

    El abate lo bautiza como un hechicero y declara que probablemente es un chamán, una figura religiosa (como él, que curioso). Dado el prestigio de Breuil en ese momento, todo el mundo asiente, y ya.

    Vamos, igual que como cuando se consideró que la tumba de Cap Blanc era de un hombre de 25 años, que duda cabía, autor de los frisos de Cap Blanc, Porque yo lo valgo. Si es que no hay nada más que decir.

    Yo la primera vez que vi el grabado repasadito de Breuil, también creí que se trataba de un hechicero bastante chapucero. Hasta que se me ocurrió buscar la pintura original en internet, y se me cayó el alma al suelo de la gruta, porque yo lo que vi y lo vi inmediatamente, no era un hechicero.

    Igual haya tenido que ver que yo he estado embarazada y de parto.

    Igual el hartón de mirar y leer sobre las venus magdalenienses, y las consideraciones de Dean Snow sobre las autorías de aproximadamente el 75% de las pinturas rupestres (os dejo enlace, una pista, lo de Pech Merle parece que son yeguas preñadas…. ) Y quien las retratara dejó su firma en forma de mano en negativo. Dean Snow ha comprobado que fue una señora.

    Pero es que en Pech Merle también se habla de ese hechicero que está en Trois Frères.

    El sistema de creencias y/o cultural magdaleniense es sorprendentemente uniforme, aún dejando espacio a la individualidad. Así las figurillas de Venus aparecen preñadas, sin rostro o con el mentón bajo, casi dirigiendo su mirada a penas esbozada a su vientre prominente. Veamos.

    Venus de Willendorf, pelo trenzado o en abalorios, maternidad pasada evidente.

    Venus de Brassenpuy, pelo trenzado o en abalorios.

    Venus de Kostenki, preñada, pelo trenzado o en abalorios.

    Venus de Zaraysk, preñada, pelo trenzado o con abalorios

    Venus de Adveebo, preñada, pelo texturizado también Podría seguir, pero estamos en Trois Frères

    Bien, pero hablamos de estatuillas. Sí. Cierto.

    Resulta que en Pech Merle hay tres figuras inequívocas, bastante más esquemáticas pero de características prácticamente idénticas al lo que Breuil interpreta como hechicero. Aquí van. Cortesía de Don’s Maps, maravilloso blog sobre sitios paleolíticos.

    Son las tres figuras, de perfil rojas, Y todas ellas representan a una mujer, ostensiblemente embarazada. En una posición por la que yo he pasado. Verticalidad y movimiento, para favorecer el expulsivo. ¿Alguien se extraña? En la Venus de Losange, un gestación muy avanzada y una dilatación evidente preludian un inminente expulsivo, el bebé va a nacer, ya.

    Lo que el arte cristiano (y etrusco, y griego, y romano, y púnico, y persa, lo que sea tras el neolítico….) ha reprimido, es fundamental en el paleolítico. La mayoría de figurinas humanas son señoras embarazadas. No hay apenas rastro de hombres. Algunas, como la de Gagarino, está en trance de alumbrar. La de Losange ha sido tildada de monstruosa. No lo es. Es alguien pariendo.

    La de Tursac justo acaba de hacerlo, algo sale hacia abajo entre sus piernas bajo su vientre. Algo tan esquemático y tan evidente como ella. Algunos dirán que se trata de un modo de sujetar la estatuïlla, claro, para clavarla en el suelo, entonces, ¿por qué no lo tendrán todas? Y porqué es redondito si se tiene que clavar el el suelo?

    Venus de Tursac. Curioso objeto, no?

    Más allá de la coincidencia entre vientres abultados y posturas de manos, la completa indefinición de la figura en la parte del rostro, casa con las tres mujeres preñadas de Pech Merle.

    Cambia la cosa cuando uno pone la figura de Pech Merle al lado del supuesto hechicero de Breuil.

    Y donde el abate ve la cara del hechicero yo veo algo que se parece mucho a una sucesión de puntos, texturas, quizás un perfil (sería lo lógico), no veo ojos mirando frontalmente, veo una maraña de peinado, parecido al que he visto en otras partes.

    Sí, las venus de Willendorf, Kostenki, Gagarino, Avdeevo, Brassempouy, Lespugue, Renancourt, Regalik…tienen un peinado o tocado curioso, texturizado, no me atrevo a decir si son cuentas, si es una malla o si son trenzas. No lo sé.

    Pero cuando miro la cabeza del hechicero, veo una maraña de peinado similar. Veo un perfil, quizás un boca abierta.

    Y como en la venus de Balzi Rossi, y la de Losange, literalmente pariendo (a la primera le sale la cabeza del bebé entre las piernas, bajo el vello púbico, alguien lo ha confundido con un escroto, ¿Soy la única que ve la cabeza de un bebé ahí? Y la llaman erróneamente “hermafrodita”, nos hubiera ido mejor si hubiera más mujeres arqueòlogas, no ahora, que son mayoría, hace 100 años). Hay más venus en trance de parto, no voy a enumerarlas todas. Pero lo que se define normalmente como “vagina grotesca” es un proceso fisiológico de dilatación durante el parto, que estamos tan poco acostumbrados a ver o reconocer, que nos parece una caricatura.

    Pero es un parto.

    Decía antes que en el paleolítico se sabe de anatomía. Se insertan las colas a continuación del sacro y los testículos y pene de los machos en su sitio.

    Bueno, como el abbé ha dibujado lo que ha visto (o lo que le ha dado la gana), yo también lo haré. Total, voy a calcar lo que yo he visto en la roca, porqué no. Y en lugar de hacerlo sobre la roca a la brava mientras fumo, voy a imprimir una foto en alta definición, pondré un vegetal encima y calcaré y comprobaré en pantalla lo que veo. En gris lo que tengo menos claro, en negro y gris oscuro lo evidente.

    Mira Henri, este es mi calco. No veo cuernos ni garras por ninguna parte. Una señora se apoya en algo para pujar y ayudar al bebé a salir.

    Y donde el Abate sitúa un pene y unos testículos imposibles, yo veo una cabecita, con una boca abierta y dos bracitos abiertos extendidos, en el reflejo de Moro, de sobresalto, ese reflejo que tienen los niños recién nacidos y que desaparece a los 3 o 4 meses, y que se puede manifestar durante el expulsivo (si no se lo cree, abate, aquí le dejo una bella imagen de parto vaginal con niño, con boca presumiblemente abierta para respirar mejor, puesto que la naricilla a veces aún está inundada de fluidos y la primera inspiración suele ser por la boca). La mitad de un ser humano diminuto ya está fuera. Unos trazos van más allá de esa cabecita y bracitos. Podría ser una cola, dirían algunos.

    Y también podría ser líquido amniótico.

    Que en la misma cueva se representa la sangre de un oso alanceado fluyendo por sus fauces, mediante líneas. Los fluidos también tienen representación abstracta en el paleolítico.

    Y esto es lo que yo veo en la figura de la pared de Trois Freres. Una mujer con un vientre abultado, pariendo, en posición de parir, como estuve yo, como otras de Pech Merle.

    Y lo que yo veo es por lo menos tan válido como lo que vió y dibujó el abate el abate. Porque yo me he visto de parto. (Igual que el abate se habrá visto oficiando misa, de chamán vamos) Y también me he visto dibujando, modelando barro con mis hijos y proyectando edificios.

    Y porque una vez mientras esperaba en las oficinas del obispado de Ibiza con unos planos enrollados, bajo el brazo a que me dieran paso para mostrar un proyecto que yo había firmado, viéndome en la antesala, alguien preguntó “¿Ha llegado ya el arquitecto?” Me vieron y alguien respondió. No, aún no ha llegado.

    No, no me fío del criterio de hombres ordenados por la iglesia católica.

    Así que creo que tengo algo más de vista que el abate. O por lo menos que mi perspectiva no es menos válida.

    Aquí, una cabecita y dos brazos estirados saliendo de…¡Mira, como en la cueva de Trois Frères!

    Porque la historia, es la que es, no la que nos inventamos, y no vale cambiar de género a un esqueleto o suponer en base a su género y a unos prejuicios decimonónicos a qué se dedica. No vale encontrar una figura humana con una panza prominente y algo saliendo del perineo, y una cabeza formada de una textura similar a la de la Venus de Willendorf y suponer que es un hechicero macho inventándose unos cuernos de ciervo. Y decir que el Pene sale de las nalgas No vale.

    No todo por defecto es macho, aunque en los libros de historia lo parezca. Aunque no salga ni una pintora rupestre en los libros de texto y de historia.

    Aunque hayamos demonizado la fisiología de las hembras en el arte durante años. No siempre ha sido así.

    No siempre algo importante ha sido macho. A veces ha sido hembra. La mitad de las veces, más o menos.

    Que tengas un buen parto, hechicera.