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Sequer de can Tieta, con la variedad de mamotretos y enseres que aparecen cuando los sequers caen en desuso. Hoy todos tenemos nevera en casa (ojo que no todos tenemos aire acondicionado, ni calefacción, ni bidé, ni televisión), y el objetivo de la nevera es no padecerpor no tener alimentos a mano. Que nos permitan sobrevivir (algo que en muchos casos damos por hecho, y no, no lo es).
Pues de la misma forma que hoy todos tenemos nevera, antes, todos tenían secadero. Más o menos evidente. Algunos secaban al lado de la casa, pero pronto se ideó un aparetejo arquitectónico para esa función.
Porque el «sequer», (que ahora todos nos imaginamos unos arquitos en algún lugar de la casa, y no siempre era así), era el electrodoméstico (sin el electro) que permitía deshidratar los alimentos y por tanto, conservarlos. No sólo alimentos para las personas, también para los animales, a veces se secaban algarrobas.
El sequer es una estructura, a veces algo precaria, que le aparece en la casa con mayor o menor gracia y que básicamente precisa de un cobertizo y un lugar donde extender algarrobas o almendras. O higos. O albaricoques. O colgar tomates, o colgar pimientos, maíz….las sobrasadas y los butifarrones eran un bien demasiado preciado para dejarse al viento y a la vista y habilidades escaladoras de los hijos de los vecinos, así que solían guardarse en la cocina, o en algún cuartito interior.
El «sequer», es, además, uno de los motores de crecimiento de la vivienda, ya que en caso de urgencia rápido se transforma en «casa de dalt» o en otra estancia y mientras se secan las almendras en la cubierta, que esto me lo he encontrado.
Lo que me llama la atención es la diversidad de formas y posiciones. Así como hay elementos que tienen morfologías muy similares, las liofilizadoras payesas tienen una variedad de formas y posiciones muy curiosa. Y muchas acaban convirtiéndose en un porche que da a la «casa de dalt», en una «casa de dalt» y que finalmente se cierra y queda como salita o como habitación, y otro «sequer» aparece en otra parte insospechada de la casa.

Sequer de casa recóndita, espero que hayan reparado la cubierta, foto tomada desde el camino. 
«Sequer» de una casa particularmente bonita cuyo nombre omitiré, foto tomada desde el camino. 
«Sequer» sobre acceso a «porxo», ya cerrado con climelit y convertido en un solvente espacio de la vivienda. 
«Sequer» adosado a porxo y convenientemente elevado (muchas veces había una escalera de mano para subir a éste. 
Desde la carretera de Corona, el «sequer» encima de uno de los arcos. Con columna divisoria. Parece imprescindible, en el momento en que algo debe secarse, que el «sequer» esté cubierto, porque ahora también se nos olvida, pero la escasa pluviometría que tenemos ahora en Ibiza, no era tal 40 o 60 años atrás, y los chuzos de punta eran frecuentes antaño.
Por eso me llama la atención un elemento del que sólo he encontrado uno y agradecería que alguien me informara si sabe de otro:
El «sequer» de higos:

Secadero de higos. Parece un pequeño talayot, es una plataforma en forma de herradura la cual se corona con unas piedras planas que salen hacia fuera, aparentemente, me dijo el propietario, para que las cabras no suban arriba. Igual que algunos muros de linde con caminos o vecinos. Aquí ya no quedaban muchas.
Y evidentemente como todos los que hemos secado higos en nuestra casa sabemos, en dos días de sol ardiente y harina están listos, lo que ocurre es que si mientras te cae un chaparrón, ya se puede correr a rescatarlos o se pudrirán.
Vamos que para secar higos en este «sequer», debes saber qué tiempo hará. Lo que sabían la mayoría de payeses.
Porque como leí en alguna parte, antes, una mala previsión meteorológica no era un fin de semana sin esquiar; era más bien varios meses de pasar hambre.
En fin, acabo de ver la última ofensiva de Israel en Gaza y me parece todo deprimente. Han bombardeado tiendas desgarbadas donde pernoctaban niños refugiados y sus familias, en una zona de Rafah. Han matado a 46 personas (de momento). Además de hambre, en la franja de Gaza se pasa miedo, terror y miseria. Los piratas que saqueaban Eivissa hace 1.000 años me parecen más humanos que Netanyahu. No sé.
En fin.
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Estupendo sequer a Can Tieta, ja una mica atrotinat, amb les tradicionals andròmines pageses que s’acumulen quan el sequer deixa de secar res. Avui tots tenim nevera a casa (ojo que no tots tenim aire condicionat, ni cal·lefacció, ni bidet, ni televisió), i l’objectiu de la nevera és no patir per la possibilitat de tenir aliments a mà. Que ens permetin sobreviure (una cosa que en molts casos donem per feta, i no, no ho és).
Doncs de la mateixa manera que avui tots tenim nevera, abans, tots tenien sequer. Un o altre.
Perquè el sequer, (que ara tots ens imaginem uns arquets dalt la casa, i no), era l’electrodomèstic (sense l’electro) que permetia deshidratar els aliments i per tant, conservar-los. No només aliments per les persones, també pels animals, de vegades s’hi assecaven garroves.
El sequer es una estructura, de vegades un poc precària, que li apareix a la casa amb més o menys traça i que bàsicament precisa d’un cobert i un lloc on estendre garroves o ametlles. O figues. O albercocs. O tomàquets, o penjar pebrots, blat de moro….les sobressades i els butifarrons eren un bé massa preuat per romandre abandonat al vent i a les habilitats escaladores dels vailets dels veïns, així que solíen guardar-se a la cuina, o en algun recambró interior.
El sequer, és, a més, un dels motors de creixement de l’habitatge, ja que en cas d’urgència ràpid es transforma en casa de dalt o en una altra estança i de mentres s’assequen les ametlles a la coberta, que això m’ho he trobat.
El que em crida l’atenció és la diversitat de formes. Així com hi ha elements que tenen morfologies molt similars, les liofilitzadores pageses tenen una varietat de formes esparverant. I moltes acaben convertitn-se en un porxet que dona a la casa de dalt i que finalement es tanca i queda com saleta o com habitació, i un altre sequer apareix en una altra banda insospitada de la casa.

Sequer de casa recòndita, espero que hagin reparat la coberta. Foto des del camí. 
Sequer de casa que em va robar el cor i que no puc esmentar, però la foto és des del camí 
Sequer ja tancat amb climalit dalt l’entrada del porxo, i presumiblement convertit en chill out, ate`s qeu s’hi accedeix des de l’interior. 
Sequer adossat a porxo, a l’exterior de la casa, convenientment elevat 
Imatge des de la carretera de Corona, el sequer, a l’esquerra, sobre l’arc. Sembla imprescindible, en el moment en que s’ha d’assecar, que el sequer estigui cobert, perquè ara també se’ns oblida, però la pluviometria escassa que tenim ara a Eivissa, no era tal 40 o 60 anys enrrere, i les tabanades d’aigua eren freqüents.
Per això em crida l’atenció un element del qual només n’he trobat un i agraïria que algú m’ho fes sabre si en sap d’un altre:
El sequer de figues:

Sequer de figues, sí.
Sembla un petit talaiot, Éa una plataforma en forma de ferradura la qual es corona amb unes pedres planes que surten enfora, aparentment, em va dir el propietari, perque les cabres no hi pugin dalt.
I evidentment com tots els que hem secat figues a ca nostra sabem, en dos dies de sol ardent i farina estan llestes, el que passa és que si mentre et cau una pluja, ja pots córrer a rescatar-les o es podriran.
Vaja que per assecar figues en aquest sequer, has de saber quin temps farà. Cosa que sabien la majoria de pagesos.
Perquè com vaig llegir a alguna banda, abans, una mala previsió meteorològica no era un cap de setmana sense esquiar, era, sovint, uns quants mesos de passar gana.
En fi, acabo de veure la última ofensiva d’Israel a Gaza i em sembla tot d’una futilesa infinita. Han bombardejat tendes malgirbades on pernoctaven nens refugiats i les seves famílies. A més de gana, a la franja de Gaza es passa por, terror i misèria. Els pirates que saquejaven Eivissa fa 1.000 anys em semblen més humans que Netanyahu. No sé, potser exagero.
En fi.
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Aquí un valiente voluntario dispuesto a recibir descargas eléctricas si se equivoca en un ejercicio de aritmética, todo dirigido por este señor con bata blanca a modo dr Mengele. Tranquilos aquí hay truco. Pero sólo aquí. Iba empezar un entrada y estaba entre los «sequers» ibicencos y las casas patio menorquinas, que también existen, pero me he dado cuenta que hoy es 7 de abril, y me he estremecido al leer prensa, porque hay holocaustos muy cercanos.
Pero empecemos por la foto. En ella un señor aparece siendo preparado para un experimento.
El director del experimento era Stanley Milgram, psicólogo en la universidad de Yale, fascinado por cómo durante la segunda guerra mundial, una cantidad muy apreciable de alemanes y austríacos habían abrazado el exterminio de los que hasta el auge del nacionalsocialismo eran sus vecinos. Los judíos, pero también los homosexuales, los niños con algún tipo de patología, los sindicalistas, los (entonces escasos) habitantes de etnias no caucásicas del territorio ocupado…no sé, todos aquellos que no formaban parte del aparato nazi y de sus ínfulas.
Y sobre todo fascinado por una figura clave en el exterminio. La de un hombrecillo insignificante, y aparentemente inofensivo. Hijo de una familia alemana cuya frialdad lo llevaba en su infancia a refugiarse en casa de sus vecino. Los Solomon. Sí Judíos, que lo arropaban y acogían y con cuyos hijos jugaba. Durante años.
Ello no fue obstáculo para que entrada la adultez, y tras la pérdida de un trabajo vendedor de carburante que le mantenía, se afiliara al partido nazi presumiblemente para medrar y empezara a hacer carrera en el partido. Sintetizando, Adolf Eichmann pasó de hijo de un contable y estudiante anodino y vendedor de combustible en Austria, a erigirse en el máximo exponente de la burocracia exterminadora. No sólo organizó razzias de busca y captura de judíos, sinó que organizó su marcaje, transporte a campos de exterminio y logística de éstos, incluido el desguace de sus víctimas y su desintegración en crematorios. Suena horrible, pero fue así.
La cosa es que algo de justicia hay a veces y fue arrestado en Argentina, secuestrado, más bien, y llevado a rastras a Israel, donde se le juzgó y murió colgado. Lo previsible. Lo imprevisible fue lo que jueces y testigos vieron en Eichmann. No era un monstruo sediento de sangre y con los ojos inyectados en odio. No. Era un petimetre, poca cosa, que se tomaba el juicio como algo que no fuera con él. Ni tan solo se identificaba con la ideología nazi del todo. De hecho cuando le preguntaron porqué había organizado y por tanto formado parte del asesinato de 6.000.000 judíos, contestó con un escueto «cumplía órdenes».
Eichmann era, no sé, un imbécil. Un imbécil motivado. Me cuesta creer que no hubiera patología en lo que hizo. También había avaricia. En su momento canjeó algunos prisioneros por tres maletas hasta los topes de oro, diamantes y efectivo. Pero pudiera muy bien ser el vecino que sostiene la puerta para que entres, el tendero de en frente, el funcionario del Consell o el hotelero de turno, el bedel del colegio. Cualquiera.
Y ahí es donde Stanley Milgram maduró su experimento .
El experimento requería de voluntarios, 40 (varones todos, error, pero ya se sabe que en los 60 las mujeres éramos poco más que muebles a efectos intelectuales o académicos). A los voluntarios se les engañaba al respecto de su rol. Iban a entrar en una sala donde les había tocado el rol de «educador», junto con otro voluntario que era el «alumno». Un señor con bata blanca pero sin ningún otro distintivo estaría presente tomando notas. Los tres eran perfectos desconocidos (aparentemente). La realidad es que el conejillo de índias era el «educador» y los otros dos eran actores. Educador y alumno estaban separados por una pantalla de cristal que mitigaría alaridos posibles.
El «educador» debía formular preguntas o ejercicios al «alumno». Si éste fallaba, el educador administraba una descarga eléctrica al pobre alumno, que iría in crescendo, hasta llegar a la descarga de 450 que deja directamente en coma.
Evidentemente no hubo ninguna descarga (bueno ,sí, la primera, aplicada al maestro para que tuviera una idea del dolor, pero era la descarga inicial, de 45 voltios). Un 65 % de los participantes machacaron a su supuesto alumno con la dosis máxima de voltaje. A lo que el actor respondía fingiendo estertores moribundos. Antes, tras supuestas dolorosas descargas, cada vez más mortíferas, había suplicado al educador que parara
Un 65% podían haber sido Eichmann.
Si durante el experimento (que estaba siendo grabado) el educador mostraba reticencias, el tipo de la bata blanca (que jamás se identificó como sanitario o científico), respondía con las siguientes frases (se podía protestar hasta 4 veces)
- Continúe, por favor.
- El experimento requiere que usted continúe.
- Es absolutamente esencial que usted continúe.
- Usted no tiene opción alguna. Debe continuar.
Así que la mayoría continuaban, a pesar de que si lo que hacían no hubiera sido una simulación, hubiera costado la vida al «alumno».
Siempre me ha extrañado que no pararan, porque al entrar en al sala al «educador» le decían que su rol había sido elegido por sorteo. Así que teóricamente podría estar ocupando el puesto de «alumno». Empatía 0.
Había, según Iñaki Piñuel, un 8% de participantes que se negaban a obedecer. Aunque este dato no he podido corroborarlo.
Los resultados fueron devastadores, la mayoría actuaba como Eichmann, algo que los psicólogos de Yale no esperaban en absoluto. Se tenía la esperanza de que se pudiera probar que Eichmann era un tarado de marca mayor. Pero no. Resulta que la mayoría funcionaban como Eichmann. Peor, porque Eichmann se lucró, pero estos hubieran matado solo porque el señor de la bata les decía que «el experimento debe continuar».
La obediencia, ese peligro en que intentamos educar a los niños en lugar de educarlos en el criterio.
Y aquí Rwanda.

Preciosos niños ruandeses que no saben lo que pasó en 1994 La culpa, como tan frecuentemente pasa, es de Europa y su avaricia, corto y pego de wikipedia.
En Ruanda, a partir del siglo xix, el gobierno colonial belga estableció un sistema social racista para lo cual utilizó una antigua distinción dentro de la etnia banyarruanda del pueblo bantú, a la que pertenece casi toda la población, organizándolas institucionalmente como castas, aun cuando no existía ningún rasgo étnico ni lingüístico específico que las diferencie: la minoría tutsi (15 %) fue establecida como casta dominante y la mayoría hutu (85 %) como casta subordinada, sometida incluso a regímenes de trabajo forzado. La subordinación de la mayoría hutu a la minoría tutsi, en el marco de un orden colonial e injusto, exacerbó las diferencias y el odio social dentro de la sociedad ruandesa.
Lo curioso es que de tutsi se pasaba a hutu y de hutu a tutsi, porque tutsi era básicamente el ganadero y hutu era el agricultor, y si se cambiaba de profesión ¡se cambiaba de casta! Había matrimonios mixtos, no había lenguas distintas, la sociedad estaba perfectamente encajada salvo por la cizaña que habían introducido los belgas. La religión era indistinta de la casta. Vamos, que ser tutsi no era como ser judío en Alemania, era más bien como ser del Barça en Zaragoza.
Bien el 1994 el 7 de abril, la primera ministra Agathe Uwlingiyimana y 10 soldados belgas de las fuerzas de la ONU que la custodiaban, fueron asesinados por la guardia presidencial, acusando al contingente de la ONU, de haber derribado el avión del presidente.
Bueno . Antes ya había un caldo de cultivo importante de rivalidad entre tutsis y hutus. Vale.
Una emisora de radio, cantantes, políticos muy interesados, incluso miembros de congregaciones religiosas católicas, comienzan a clamar contra los tutsis. A lo bestia, Figuras de autoridad. Y estrellas del rock (hay uno cumpliendo condena por animar a matar tutsis por la radio). Valga decir que entre la minoría musulmana (donde también hay tutsis y hutus), no se produjo ningún asesinato en mezquitas. Pero sí se perpetraron en iglesias cristianas. Los musulmanes fueron parte del 8% dela población que no hace caso a consignas brutales. Que no obedece a la figura de autoridad si le ordenan una barbaridad. De los que son personas. Hubo también cristianos que se negaron, muchos. Pero hubo también próceres católicos que animaron la masacre e incluso dos monjitas cedieron gasolina sabiendo que era para rociar y quemar vivos a tutsis escondidos en un cobertizo.
Desde la radio, desde la televisión, se instó a matar a los vecinos, a despedazarlos a machetazos. Figuras políticas, pero también religiosas del mundo del arte. Figuras públicas. Se invirtieron fondos gubernamentales en compra de machetes, hachas y azadas para descuartizar vecinos. Muchos lo asumieron como un trabajo. Si estaban cansados y aún les quedaban vecinos que matar, les segaban la pierna de un machetazo para que no huyeran, se preparaban un infusión o se tomaban un respiro, y si no se habían desangrado los remataban después. Mataron niños de pecho, delante de sus madres. Violaban a mujeres sistemáticamente, las supervivientes si se quedaban embarazadas, mataban a los niños tras dar a luz. Cortaban a trocitos a los niños delante de sus padres y algunos llegaron a pagar para que les pegaran un tiro y no los trocearan. El horror puro, Sistema de exterminio, igual que Adolf Eichmann pero a la africana. Podría seguir explicando lo que he leído al respecto, pero prefiero no hacerlo.
A día de hoy, la implicación social en el asesinato es tan salvaje qua ha sido imposible condenar a los obedientes asesinos. Ha sido imposible cuantificar las víctimas. Muchos no saben donde están los cuerpos de sus hijos, nietos, padres, madres, hermanos.
Los tutsis se cruzan con los asesinos de sus padres, hijos, hermanos, y se saludan. Sí. Se les parte el alma a las víctimas, pero conviven. El infierno deber ser muy parecido a eso. A tener al asesino de tu familia tomando café en el mismo bar que tu y revivir esas muertes violentas cada vez que le ves. Y no poder hacer nada.
Adolf Eichmann en estado puro. Esto lo hago porque sí, porque me lo han mandado. Tendré que buscar el libro de Hannah Arendt.
Que peligrosa es la obediencia. Que absurdo no tener criterio de lo que es el mal.
Feliz día 7 de abril. Israel parece que retira las tropas de parte de Gaza. Ha matado solo 35.000 personas, 15.000 son niños. No aprendemos
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Acceso a porche de Can Manyà, en es Fornàs. La vista atraviesa el espacio del «porxo» (porche), la cocina y se divisa el campo a poniente a través de la puerta de ésta.
Como casi la primera casa tradicional que intervine fue Can Pardal, y no tenía ese espacio mítico de (casi) todas las casas tradicionales que se llama «porxo», en alusión a un porche, yo no entendía qué querían decir. Si un porche es un cobertizo abierto por todos lados, ventilado y generalmente luminoso y no una habitación cerrada y generalmente oscura.
Ahora, que me ha tocado recuperar otra (no le queda ni una triste vigueta de sabina arriba), ca n’Andreva, que pertenece a la categoría de «casa campesina sin porxo», tengo otra perspectiva. Y no porque sea una casa distinta a las demás.
Es que no llegó a terminar su metamorfosis. Y así está todavía.
Pero para cualquier ibicenco que conozca el mundo rural o tenga suficientes apellidos autóctonos (como mi marido), el «porxo» de una casa es un espacio generalmente rectangular (aunque los hay declaradamente cuadrados o en L) donde vierten todas las estancias de la casa con uso más o menos noble. Esto es, cocina, dormitorios y algún almacén o zona de guardar utensilios, secar sobrasadas o despensa. Lo que serían zonas menos nobles como la almazara o trull (si la había) a veces tienen acceso desde el interior del propio «porxo», aunque lo más frecuente es que no. Pero he de decir que he llegado a ver una almazara de jácena de pino de melis dentro de una cocina (negra como la noche). Las estancias que no vertían nunca en el porche, eran corrales, y nunca he visto un molino de sangre que abocara a «porxo» tampoco. Toda casa de ganado se disponía más o menos aseadamente en las inmediaciones de la casa, lo suficientemente cerca para tener un ojo puesto en ellas, y lo suficientemente lejos para que los efluvios animales no entraran hasta la cocina. aunque entonces la gente, ni aquí ni en Lleida, era tan delicada. Los establos a veces se alineaban tocando la casa delante, como precediendo la entrada, o estaban no demasiado lejos de ésta.
La primera impresión que tuve del «porxo», era que cómo sala de estar dejaba bastante que desear, y no entendía que necesariamente las habitaciones tuvieran que dar a norte. La cocina, no parecía importar de que lado, siempre se situaba orientada este-oeste a un lado de ese porche. Haciendo L con las habitaciones, y a partir de esta posición, alterada y modificada según pendientes, lindes, vecinos, muros de bancal, rocas que afloraban o trazas de tierra fértil, se disponían las habitaciones y el resto de estancias.
Y me hacía mucha gracia que el padre de mis hijos siempre llamara a cualquier cuartucho «la casa de». La casa del Carro, la casa de la Paja, la casa de Arriba «Dalt» «Pero si es un dormitorio», «No, pero es la casa de Dalt Esto es la casa de tumbarse (jeure)» Y resulta que la de arriba también era para tumbarse, pero él, «que no era igual». La casa de las matanzas, la casa del vino….La cocina no era casa de nada, era la cocina, y la almazara, también, resulta que no se llamaba la casa del aceite, era el trull. O yo nunca lo he oído casa del oli (aceite), mi suegra dice que sí; y otras casas que conformaban la finca. Lo cual es consecuente con que las casitas albergaban a menudo varias unidades familiares, y todas debían tener un espacio más o menos definido, aunque a veces se solaparan funciones (los padres, los hijos algunos ya casados y herederos, o hermanas solteras, los hijos más pequeños y la criada o mozo que algunas casas tenían). Había casas por las cosas y casas por la gente.
Y a mí me parecía que era una pena que todos los dormitorios dieran a norte o a poniente, pero fíjate que casi todos en planta baja tenían un ventanuco a norte, y que había que esperar a que se hiciera una casa de arriba para tener un dormitorio a sur , como Dios manda, y a veces ni balconcito le hacían, que sólo tenía una ventanita minúscula para ver la viña y ya está. Que hacer grandes ventanas no era barato. Y a mí este orientar a los dormitorios tan mal me parecía (y me parece) una pena.

Aquí subiendo a casa de arriba de Can Manyà, escalones de 24 cm, para hacer salud.

Ca n’Andreva, foto de 1990, donde el porche nunca se cerró del todo. El patio-porche es este espacio descubierto entre la estancia del dormitorio con la ventanitaa blanca y el almacén-corral que cierra la entrada a la casa. Lo que se divisa en el patio, es la puerta de un dormitorio.
Lo que ocurre, es que en realidad, de origen los dormitorios estaban muy bien orientados, a sur o sureste rabioso. Y recibían un solecito estupendo en las aberturas de las puertas, y gracias a éstas y las ventanas traseras, que podían ser pequeñas porque ya entraba sol por la puerta, tenían una ventilación cruzada muy conveniente.
Porque el porche no era tal. El espacio de porche era un patio. Y me parece bastante acertado creer, como he escuchado, que venía algo del concepto de alquería árabe. Las casas andaluzas y norteafricanas tradicionales de las medinas, son básicamente una retahíla de estancias en torno a un patio abierto. En las medinas no tienen la suerte de tener un paisaje despejado en frente, pero la disposición de estancias que se articulan en un espacio muy necesario de iluminación y ventilación. Dónde llevar actividades al exterior que precisan de luz pero también de cobijo (como coser o hilar, o elegir lentejas, quizás reparar los aparejos de la mula). Igualmente se llevaban a cabo en el «porxo», faenas comunes del campo, como preparar las sobrasadas o abrir los hijos para ponerlos a secar o «desclovar» (desprender de la cáscara) las almendras.
Si uno echa un vistazo a las construcciones tradicionales del Mediterráneo (aquí añado algunas), y está familiarizado con las plantas de las casas campesinas de Ibiza, verá muchas similitudes.
El espacio exterior delimitado en la casa es en todo el mediterráneo un modelo que aparece de forma compulsiva. Sucede en las casas etruscas y romanas, y lo llaman impluvium; en las griegas (que exportan el modelo de Egipto); y en las más primitivas, en las viviendas mesopotámicas, las primeras viviendas en Ur, que giran en torno a un patio, algunas en las zonas urbanas, de planta cuadrangular, y en las zonas rurales de plantas circulares u ovaladas, también con patio. Y hasta las heterodoxas casas menorquinas de la época talayótica, también circulares, cuentan con un exiguo espacio exterior junto a las «taulas» o pilares estructurales que conforman su núcleo. Espacio donde llueve, se cocina, se hace fuego, se divisan las nubes.
La casa mediterránea es una coraza hacia el exterior que domestica un poco de tierra y cielo, para disfrutar de la luz del sol de forma segura.
Aquí bajo unos ejemplos arquitectura andalusí, donde en un patio central vierten todas las estancias. Normal, este patio da luz y aire a los espacios cerrados. El primero de la publicación de Antonio Orihuela.


Aquí un muy buen ejemplo de alquería alarbe, las edificaciones más a norte, particularmente interesantes en relación a la casa patio rural de Ibiza.

Y aquí un muy buen ejemplo de crecimiento ideal de la casa campesina cortesía de la Enciclopedia de Ibiza y Formentera.

Conste que todavía no he visto la casa payesa que responda fielmente a este esquema porque los campesinos son muy creativos. Pero la simulación de crecimiento ideal es muy buena (por algo está en la enciclopedia)
La cosa es que este espacio central, el techo no le aparece hasta muy finales del SXVIII, comienzos del XIX y en algunas (ya pocas, porque cuando las cosas se ponen de moda son un peligro), nunca ha habido un porche central, y se sigue con un patio. PAra muestra Can Frare Verd. O Can Pardal.
Es el caso de Can Pardal, con antiguas habitaciones que abocan a sur a un encantador patio que se subdividió en dos tancons y en un horno exento en uno de ellos se cocía el pan.
O el caso de can Andreva, que a mediados de los años 80 detuvo su evolución. Su patio, efectivamente, podía empezar a llamarse «porxo», porque empezaba a tener alguna característica de éste. Se había cubierto someramente con unas viguetas y un muro de menos de un metro de altura a la manera de verja cerraba un trocito del patio original.

Esta foto la tomamos nosotros, desde el mismo punto de vista desde donde se tomó en 1990. Esto que le falta un muro en primer término era un dormitorio o casa de «jeure», pero su puerta aboca a un espacio central en la casa, que nunca estuvo completamente cerrado ni cubierto. Únicamente se le dotó de un pequeño porche, que permitía ir del dormitorio a la cocina sin mojarse si llovía, pero que no tenía cierre vertical a sur ni cubría completamente el espacio de patio. Era un patio en transformación a estancia principal de la casa tradicional de Ibiza, tal y como se conoce hoy. Ca n’Andreva aún era una casa patio.
Hoy las casas tradicionales en el campo de Eivissa no las asociaríamos nunca a casas patio, pero originalmente, lo eran. Y probablemente a raíz de la nueva costumbre o del prestigio que debió tener el «porxo» como aposento simbólico central (el de Can Pereta en Sant Mateu es espectacular), muchas ya construidas a finales del XVIII y sobre todo en el XIX, debían de incorporar esta pieza inmediatamente, sin que prácticamente nunca funcionaran como casas patio.
Pero en origen las agregaciones de casas de Ibiza abocaban a un espacio común exterior.
Y el padre de Alicia de can Andreva lo recuerda así en su infancia en casa de sus abuelos.
Padre de Alicia que por cierto tiene un centenar de sabinas sembradas a posta desde hace más de 30 años en previsión de la reconstrucción de los techos de la vivienda por su hija.
En el departamento de patrimonio del Consell d’Eivissa les parecerá estupendo.
A ver que dirá el departamento de Medio Ambiente, por esto de que la sabina está protegida…
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Accés a porxo de Can Manyà, a es Fornàs. La vista travessa espai de porxo, cuina i es veu el camp a ponent a través de la porta.
Com que casi la primera casa tradicional que vaig intervenir va ser Can Pardal, i no tenia aquest espai mític de (casi) totes les cases pageses que hom anomena «porxo», jo no entenia què volien dir. Si un porxo és un cobert obert per totes bandes i no una habitació tancada i generalment fosca.
Ara, que m’ha tocat recuperar-ne una altra (no li queda ni una trista bigueta de savina dalt), ca n’Andreva, que pertany a la categoria de «casa pagesa sense porxo», tinc una altra perspectiva. I no pas perquè sigui una casa diferent de les altres.
És que no va arrivar a acabar la seva metamorfosi. I així està encara.
Però per qualssevol eivissenc que conegui el món rural o tingui prou cognoms autòctons (com el meu home), el porxo d’una casa és un espai generalment quadrangular (tot i que n’hi han declaradament quadrats o en L) on hi aboquen totes les estances de la casa amb un ús més o menys noble. Això és, cuina, dormitoris i algún magatzem o zona de guardar estris, secar sobrassades o fer de rebost. El que serien zones menys nobles com el trull (si n’hi havia) de vegades tenen accés des de l’interior del propi porxo, tot i que el més freqüent és que no. He de dir, però, que he arrivat a veure un trull de jàssera de pi de melis dins d’una cuina (negra com la nit). Les estances que no abocaven mai al porxo, eren corrals, i mai he vist un molí de sang que hi aboqués tampoc. Tota casa de bestiar es disposava més o menys endreçadament a les rodalies de la casa, prou prop per tenir-hi un ull posat, i prou lluny per que la ferum no entrés fins a la cuina. Tot i que llavors la gent, ni aquí ni a Lleida, era tan delicada. Els estables de vegades s’arrengleraven tocant la casa al seu davant, com precedint l’entrada, o eren no massa lluny d’aquesta.
La primera impressió que vaig tenir del porxo, era que con sala deixava bastant que desitjar, i no entenia massa que necessariament els habitacions haguessin de donar a nord. La cuina, no semblava importar gaire on donés, sempre es situava orientada est-oest a una banda d’aquest porxo. Fent L amb les habitacions, i a partir d’aquest aposició, alterada i modificada segons pendents, partions, veins, murs de feixa, es disposaven les habitacions i la resta d’estances.
I em feia molta gràcia que el meu home sempre en deia «la casa de». La casa del Carro, la casa de la Palla, la casa de Dalt «Però si és un dormitori», «No, però és la casa de dalt. Això és la casa de jeure» I resulta que la de dalt també era per jeure, però ell, «que no era igual». La casa de les matances, la casa del vi….La cuina no era casa de res, era la cuina, i el trull, també, resulta que no se’n deia la casa de l’oli. O jo mai ho he sentit, la meva sogra diu que sí; i algunes altres cases. El qual és conseqüent amb que els casaments albergaven sovint diverses unitats familiars, i tots havien de tenir un espai més o menys definit (els pares, els fills alguns ja casats i hereus, o germanes solteres, els fills més petits i la criada o mosso que algunes cases tenien). Hi havia cases per les coses i cases per la gent.
I a mi em semblava que era una pena que tots els dormitoris donessin a nord o a ponent, però fixa’t que casi tots en planta baixa donaven a nord, i que calia esperar que es fes una casa de dalt per tenir un dormitori a sud, com Déu mana, i de vegades ni balconet li feien, que només tenia un finestró minuscul per llucar la vinya i ja està. Que fer finestres grosses no era barat. I a mi aquest orientar els dormitoris tan malament em semblava (i em sembla) un esguerro.

Aquí pujant a casa de dalt de can Manyà, en graons de 24 cm, per fer cames.

Ca n’Andreva, foto de 1990, on el porxo no es va tancar mai del tot. El «pati-porxo» és aquest espai descobert entre l’estança del dormitori amb la finestreta blanca i el magatzem que tanca l’entrada a la casa. El que s’albira al pati, és la porta d’un dormitori.
El que passa, és que en realitat, d’origen els dormitoris estaven molt ben orientats, a sud o sudest rabiós. I rebien un solet escalfador a les obertures de les portes, i mercés a aquestes i les finestres posteriors, que podien ser petites perquè ja entrava sol per la porta, tenien una ventilació creuada estupenda.
Perquè el porxo no era tal. L’espai de porxo era un pati. I em sembla prou encertat creure, com he escoltat, que venia una mica del concepte d’alqueria àrab. Les cases andalusís i nordafricanes tradicionals de les medines, són bàsicament un reguitzell d’estances entorn un pati obert. A les medines no tenen la sort de tenir un paisatge obert però la disposició d’estances que s’articulen en un molt necessari espai d’il·luminació i ventilació. On dur activitats a l’exterior que precisen de llum però també de recer (com cosir o filar, o triar llenties, potser adobar arreus de la mula),
Si hom dona un cop d’ull a les construccions tradicionals del Mediterrani (aquí n’afegeixo algunes), i està familiaritzat amb les plantes de les cases pageses d’Eivissa, hi veurà moltes similituds.
L’espai exterior delimitat dins la casa és a tota la mediterrània un model que apareix de manera compulsiva. Succeix a les cases etrusques i romanes, i l’anomenen impluvium; a les gregues (que exporten el model d’Egipte); als habitatges mesopotàmics, els primers habitatges a Ur, que giren entorn un pati, alguns en les zones urbanes, de planta quadrangular, i a les zones rurals, hi haurà patis en habitatges de plantes circulars o bé ovalades. I fins a les heterodoxes cases menorquines de l’època talaiotica, també circulars, compten amb un exigu espai exterior vora les taules estructurals que en conformen el nucli. Espai on hi plou, es cuina, es fa foc, s’albiren els núvols.
La casa mediterrània és una cuirassa cap a l’exterior que domestica una mica de terra i cel, per gaudir-ne de manera segura.
Aquí sota uns exemples arquitectura andalusí, on en un pati central aboquen totes les estances. Normal ,aquest pati dona llum i aire als espais tancats

Aquí un encabir-se de mala manera en cases pati de trama urbana

Aquí un molt bon exemple d’alqueria alarb, les edficacions més a nord, particularment interesants

I aquí un molt bon exemple de creixement ideal de la casa pagesa cortesia de l’Enciclopèdia d’Eivissa i Formentera.

Consti que encara no he vist la casa pagesa que respongui fidelment a aquest esquema perquè els pagesos són molt creatius. Però la simulació de creixement ideal és molt bona (per alguna cosa està a l’enciclopedia)
La cosa és que aquest espai central, el sostre no li apareix fins a finals del SXVIII, començaments del XIX i en algunes (ja poques, perquè quan les coses es posen de moda són un perill), mai hi ha hagut un porxo central, i es continua amb un pati.
És el cas de Can Pardal, amb antigues habitacions que aboquen a sud a un pati encantador.
O el cas de ca n’Andreva, que a mitjans dels anys 80 va aturar la seva evolució. El seu pati, efectivament, podia començar a anomenar-se «porxo», perque començava a tenir-ne alguna caracterísitica. S’havia cobert somerament amb unes biguetes i un mur de menys d’un metre d’altura tancava el recinte.

Això que li falta un mur era un dormitori o casa de jeure, pero la seva porta aboca a un espai central en la casa, que mai va estar completament tancat. Únicament se li va dotar d’un petit «porxo», que permetia anar del dormitori a la cuina sense mullar-se si plovia, però que no tenia tancament vertical a sud. Era un pati en transformació a estança principal de la casa pagesa tal i com es coneix avui.
Avui les cases tradicionals al camp d’Eivissa no les associariem mai a cases pati, però originalment, ho eren. I probablement a arrel de la nova costum o de la predicamenta que degué tenir el porxo com estança simbólica central (el de Can Pereta a Sant Mateu és espectacular), moltes ja construides a finals del XVIII devien incorporar aquesta peça immediatament, sense que pràcticament mai funcionessin com cases pati.
Però en origen els casament d’Eivissa abocaven a un espai comú exterior.
I el pare de n’Alicia de ca n’Andreva ho recorda així a la seva infància a casa dels seus avis.
Pare de n’Alicia que per cert té un centenarde savines sembrades a posta des de fa més de 40 anys en previsió de la reconstrucció dels sostres de l’habitatge per la seva filla.
Al departament de patrimoni del Consell d’Eivissa els semblarà estupendo.
A veure que dirà el departament de Medi Ambient, per allò que la la savina està protegida…
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, En mi pueblo va el suelo rústico a 1-2€/m2…
La charla de Núria Jaumà en el colegio sobre el poblamiento y la población de Ibiza y cómo tenemos los ayuntamientos que tenemos, (algunos con una tirada a la corrupción más sonada que otros, he sido arquitecto municipal y salí de ella por piernas), cómo tenemos las parroquias que tenemos y cómo se ha repartido la tierra desde el minuto 0, y sobre todo, cómo se ha respetado esta división original donde la corona tanto tenía que ver, me ha hecho pensar que en Eivissa, en el fondo, siempre ha habido un problema con el suelo. De dimensiones tan descomunales ayer como hoy.
Para empezar, porque para sobrevivir con cierta decencia, hacía falta bastante territorio; porque a mediados del siglo XIV todavía no se había inventado el tema del alquiler turístico y se comía directamente de lo que salía de la tierra o, con un poco de suerte, se pescaba del mar. Neolítico puro en Eivissa. Incluso en la Edad Media existen varias velocidades de progreso.
Núria, que es un sol, ahora mismo en tiempo real me envía un texto donde se especifica que en Ibiza en 1329 había unos 506 fuegos que traducen en 2.500 habitantes (a mí me parece poco, porque se tenían hijos a punta pala para contar con mano de obra y las familias eran muy extensas, pero claro, es que yo no soy historiadora). En 1335, resulta que se autoriza a un corsario Ibicenco a hacer pillaje de carne humana en las costas de Berbería porque ¡no había mano de obra suficiente para trabajar el campo! Así que el tema de la piratería iba a dos bandas, aquí también vinieron a parar a jóvenes incautos del norte de África para hacer de mano de obra esclava. Casi como hoy, vaya. Pero entonces la inmigración era bienvenida. Como que te invitaban, pero muy fuerte, atado de pies y manos. Lo que ocurría es que los norteafricanos volvían con sus chalupas y se llevaban prisioneros de Ibiza para vender en el mercado de esclavos de Argel, con lo que el flujo migratorio parece que se equilibraba, y era todo menos voluntario .
En 1392 la cosa estaba peor y sólo quedaban 500 fuegos. A pesar de la falta de control de natalidad, pestes, hambre y moros, diezmaban la población. Hambre con tanta tierra! Porque la tierra además de tenerla, es necesario saberla cultivar y tener medios. Y no era el caso.
Y esto me hace recordar que la casa más antigua que creo he visitado, es can Faritzeu, en Sant Rafel, que data (me dijo una arqueóloga) del s XV, es decir, de poco más tarde de esos 500 fuegos en el suelo. Y que (y eso me sorprendió), aquella casa tenía unas tierras asociadas en aquel tiempo (no quiero decir en propiedad, entonces no había notarios y uno no era propietario ni de sí mismo, que venían unos moros dejabas de ser tu propio dueño para ser de otro), que iban desde donde ahora está la iglesia de Sant Rafel hasta el Pla de Vila. Ole qué finca. Que me quedé pasmada.
Y aún así, había hambre.
Estos pocos fuegos, más o menos diezmados por piratas y otras fieras, debieron ir creciendo, y dieron lugar a lindes de tierra que en muchos casos debieron ser feroces, porque a día de hoy hay varios can Faritzeus (no lo digo yo, lo dice Joan Marí Cardona), y en vías tan encantadoras y concurridas como el camino de sa Vorera en Sant Antoni, donde hay todavía fincas de dimensión razonable y casas en estado bastante original, hay un 90% de posibilidades que uno de los apellidos de los propietarios sean Prats. A menudo se llaman Prats Prats.
Vagando por varias rutas entre casas campesinas para documentarlas y hablando con los habitantes, surgía casi siempre en la conversación las transmisiones de las viviendas. cuántos, hijos, cuántos nietos qué dejaban a cada uno, quién se quedaba la casa grande quien un pedazo de tierra en un monte, quien un derecho a habitación y pozo. Derechos para cocer el pan y usar el molino. ¿Cuándo cambiarían las leyes que no dejaban construir? Me preguntaban constantemente. Esta preocupación por dejar suelo y/o techo a los descendientes es una constante que yo no he visto en el Pirineo. Claro que las montañas allí no te las acabas y acabas migrar tú a otras aldeas o pueblos es fácil. Nunca ha sido complicado. Y el coste de una vivienda, efectivamente es otro.
Pero la preocupación de muchos clientes mis ibicencos por dejar algo a los hijos es singular y endémica en la isla. En mi pueblo la gente no sufre por eso (y no está ni mejor ni peor, sencillamente es más fácil).
Historias de dependencia familiar en Ibiza por no tener techo (hermanas solteras, criadas casi adoptadas, hermanos menores que no iban a la iglesia a hacer de cura), veía a menudo. Por lo general la más dañada era la mujer. Pero los hijos menores no salían muy bien parados. Heredar terrenos rocosos cerca del mar no fue nunca bueno antes de los años 60; significaba venderlos al heredero e ir a emplearse en la salinera, en Vila en algún comercio o directamente emigrar. El crecimiento de la población llevó aparejado un empobrecimiento, que fue recortando y recortando las fincas, enviando a gente a vivir o malvivir a la creciente ciudad de Ibiza o a emigrar. Aquel can Faritzeu tan enorme ha quedado descuartizado en todas las fincas que puede ver en la página del catastro.
Los matrimonios evidentemente no eran por amor sino contractuales (pero esto así era en todas partes, lo de casarse por amor es muy moderno) y la esterilidad una maldición. Y sí, los matrimonios, tenían en cuenta las tierras que aportaba cada contrayente. Y sobre todo ver si estas fincas estaban cercanas. Por eso de hacer más tierra. Esto dio lugar a la siempre curiosa endogamia.
Y esto me hace pensar en una clienta reciente, sueca ella , de 34 años escasos, que ha comprado una bonita y enorme finca en un ANEI recóndito. La moza, una valquiria en toda regla, rubia y de ojos azules, de 90-60-90, con los 90 tan bien puestos e ingrávidos como queréis imaginar, que se dispone a reformar una vivienda tradicional y vivir y teletrabajar lejos de los duros inviernos escandinavos , ha recibido una oferta insólita de un vecino. Me lo contaba entre divertida y alucinada (y un pelin horrorizada).
Un labrador de unos 75 años la solicita en matrimonio. Sus fincas lindan. Nunca lo ha visto en persona, pero se conoce que el labrador tiene un catalejo y buen gusto. Ha hecho llegar el mensaje mediante un tercero. Su argumento, en momentos lejanos, era inapelable: Si se casaban y tenían hijos, podrían juntar fincas.
Ya os contaré qué contesta la valquiria, contimuarà.
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El Sòl rústic al meu poble va a 1 o 2 € el m2…
La xerrada de la Núria Jaumà al seu moment al col·legi sobre el poblament d’Eivissa i com tenim els ajuntaments que tenim, (alguns amb una tirada a la corrupció més sonada que d’altres, he estat arquitecte municipal i en vaig sortir per cames), com tenim els quartons que tenim i com s’ha repartit la terra des del minut 0, i sobre tot, com s’ha respectat aquesta divisió original on al corona tant tenia a veure, m’ha fet pensar el que a Eivissa, al fons, sempre hi ha hagut un problema amb el sòl.
Per començar, perquè per sobreviure amb una certa decència, de sòl en feia falta bastant, perquè a mitjans dels segle XIV encara no s’havia inventat el tema del lloguer turístic i es menjava directament del que sortia de la terra o, amb una mica de sort, es pescava del mar. Neolític pur a Eivissa. Inclús a l’edat mitjana hi ha diverses velocitats de progrés.
La Núria, que és un sol, ara en temps reals m’envia un texte on s’especifica que a Eivissa al 1329 hi havien uns 506 focs que tradueixen en 2500 habitants (a mi em sembla poc, perquè es tenien fills per fer de mà d’obra i les famílies eren molt extenses, pero ei, que jo no soc historiadora). Al 1335, resulta que s’autoritza a un corsari Eivissenc a fer pillatge de carn humana a les costes de Berberia perquè no hi havia mà d’obra per treballar el camp! Així que el tema de la pirateria anava a dues bandes, aquí també van venir a parar joves incauts del nord d’Àfrica per fer de mà d’obra esclava. Casi com avui, vaja. PErò que llavors la immigració era benvinguda. El que passava és que el nordafricans tornaven amb les seves xalupes i s’enduien presoners d’Eivissa per vendre al mercat d’esclaus d’alger, amb el qual la cosa el flux migratori sembla que s’equilibrava, i era tot menys voluntari.
Al 1392 la cosa estava pitjor i només quedaven 500 focs. Tot i la manca de control de natalitat, les pestes, la fam i els moros, delmaven la població. Fam amb tanta terra! Perquè la terra a més de tenir-la, cal saber-la cultivar i tenir-ne els medis. I no era massa el cas.
I això em fa recordar que la casa més antiga que crec he visitat, és can Faritzeu, a Sant Rafel,, que data (em va dir una arqueòloga) del s XV, és a dir, de poc més tard d’aquells 500 focs a terra. I que (i això em va sobtar), aquella casa tenia unes terres associadesallà en temps (no vull dir en propietat, llavors no hi havia notaris i un no era propietari ni de si mateix, que venien uns moros deixaves de ser teu per ser d’un altre), que anaven des de on ara és l’església fins al pla de Vila. Ole quina finca. Que em vaig quedar pasmada.
I tot i així, hi havia fam.
Aquestos pocs focs, més o menys delmats per pirates i altres feres, degueren anar creixent, i van donar lloc a partions de terra que en molts casos degueren ser ferotges, perquè a dia d’avui hi ha uns quants can Faritzeus (no ho dic jo, ho diu en Joan Marí Cardona), i el llogarrets tan encantadors i concorreguts com el camí de sa Vorera a Sant Antoni, on hi ha encara finques de dimensió raonable i cases en estat força original, hi ha un 90% de possibilitats que un dels cognoms dels propietaris siguin Prats. Sovint ES diuen Prats Prats..
Vagant per diverses rutes entre cases pageses per documentar-les i parlant amb els habitants, sorgia casi sempre a la conversa les transmissions dels habitatges. quants, fills, quants nets, què deixaven a cadascun, qui es quedava la casa grossa qui un tros de terra en un puig. Quan canviarien les lleis que no deixaven construir, em demanaven. Aquesta preocupació per deixar terra i/o sostre als descendents és una constant que jo no he vist al Pirineu. Clar que les muntanyes allà no te les acabes i acabes migrant tu a altres llogarrets. I el cost d’un habitatge, efectivament és un altre.
Però la preocupació de molts clients meus eivissencs per deixar alguna cosa als fills és singular i endèmica a l’illa. Al meu poble la gent no pateix per això (i no està ni millor ni pitjor, senzillament, és més fàcil).
Històries de dependència familiar per no tenir sostre (germanes solteres, criades casi adoptades, germans menors que no anaven a l’església a fer de capellà), en veia tot sovint. En general la més damnificada era la dona. Però els fills menors no sortien gaire ben parats. Heretar terrenys rocallosos vora la mar no va ser bona cosa abans dels anys 60, significava vendre’ls a l’hereu i anar a emplear-se a la salinera, a Vila en algún comerç o directament emigrar. El creixement de la població va dur aparellat un empobriment, que va anar escurçant i escurçant les finques, enviant gent a viure o malviure a la creixent ciutat d’Eivissa o emigrant. Aquell can Faritzeu tan enorme ha quedat esquarterat en totes les finques que podeu veure a la pàgina del cadastre.
Els matrimonis evidentment no eren per amor sinó contractuals (però això era a tot arreu, això de casar-se per amor és molt modern) i l ‘esterilitat una damnació. I sí els matrimonis, tenien en compte les terres que aportava cada contraient.. I sobre tot veure si aquestes finques eren properes. Per allò de fer més terra.
I això em fa pensar en un clienta recent, sueca, de 34 anys escassos, que ha comprat una bonica i enorme finca en un Anei recòndit. La mossa, una valquiria en tota regla, rossa i d’ulls blaus, de 90-60-90, amb els 90 tan ben posats com volgueu imaginar, que es disposa a reformar un habitatge tradicional i viure i teletreballar lluny dels durs hiverns escandinaus, ha rebut una oferta insòlita d’un veí. M’ho explicava entre divertida i al·lucinada.
Un pagés d’uns 75 anys la sol·licita en matrimoni. Les seves finques llinden. No l’ha vist mai en persona, però és coneix que el pagés té una ullera de llarga vista i bon gust. Ha fet arribar el missatge mitjançant un tercer. El seu argument, en moments llunyans, era, inapelable: Si es casaven i tenien fills, podrien ajuntar finques.
Ja us diré la valquiria què contesta.
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Torre de Balafia, amb creu i tot. Tota protección és poca.
Quan vaig venir a Eivissa i em van dir que anés a Santa Inès, el poble, a menjar-me una truita, i cap allí que vaig anar i em vaig quedar esbalaïda. Perquè jo no veia poble enlloc. Una església, un bar, dues cases, una d’elles unamica semblant a un restaurant. Res que jo anomenaria teixit urbà.
Anys més tard em vaig trobar que havia de projectar i construir un equipament per a un altre poble proper a Santa Inés. Tot va ser molt surrealista des del principi, tothom parlava del poble, però quan jo hi vaig ser, tampoc no veia poble per enlloc. Una església, dues cases deshabitades, un bar, un restaurant. I una escola. D’on sortirien els nens que estudiaven a aquesta escola?
Per a l’equipament em vaig citar amb el regidor del poble, em vaig asseure a esperar a les escales del porxo de l’església, va aparèixer un home a shorts, una camisa descordada una mica tacada, fumant una cigarreta. No hi havia ningú al carrer, que jo més aviat definiria com una carretera, perquè no hi ha teixit urbà de cap mena tampoc. Em va mirar de reüll, jo tenia a la mà un rotllo de plànols i l’entorn era desert. Però els plànols no semblaven prou prova, així que es va girar com buscant algú, però ningú caminava per l’entorn. Ni una ànima. Va mirar cap a l’altra banda. Però no hi havia ningí a part de nosaltres. Aleshores em va tornar a mirar.
Ets l’arquitecte? Jo li vaig dir que sí, em vaig incorporar i em vaig acostar. Ell sense gaire ímpetu, va recórrer al telèfon mòbil i va trucar a qui se suposava era responsable que jo m’encarregués de la feina. “Hola, sí, estic aquí, és que l’arquitecte és una al·lota”. Des de l’altra banda de la línia li van assegurar que no es preocupés pel detall, que allò sortiria bé encara que jo no tingués cromosoma Y. Compte que això va passar el 2006, no a l’alta edat mitjana.
Tranquil·litzat el regidor sobre la meva capacitat. Va passar a explicar-me l’important de l’equipament. Aquest poble que jo veia (perdó? Poble, on?) era un dels més cohesionats (com?) actius i d’associació de veïns amb més activitat de l’illa (on eren els veïns, sota les pedres? ). Hi havia diverses associacions que necessitaven cadascuna d’oficina, necessitaven a més consultori mèdic per l’avançada edat dels seus molts veïns i un altre reguitzell d’informació sobre la munió que sembla que poblava aquella cruïlla de camins on s’erigia l’església.
Per poble jo podia entendre Santa Gertrudis, Sant Agustí, però clar aleshores jo encara havia d’aprendre moltes coses.
Aleshores no ho sabia, i els motius els he anat aprenent, però el regidor tenia raó. Pel que fa a la gran vida social d’aquell poble, vull dir.
El que em passava era una prova que sóc forastera. He vist els pobles dels Pirineus, d’on la meva família ve, on les cases s’amunteguen, hi ha porxos que a la nostra infància donaven entrada als estables de les vaques, si calia, les cases per ampliar-se arriben a fer ponts sobre els carrerons, de manera que un circula pels nuclis antics com en una mena de gran edifici on es barreja públic amb privat. I moltes vegades el poble es tanca a la nit, amb unes portes grans. Perquè abans, sí, a les muntanyes, hi havia llops. I altres gents de malviure. I he crescut als pobles de la costa, on el casc dels pescadors i els nuclis urbans tenen carrers, cases i vies estretes. No camps de cultiu a la trama que fa el poble. Els camps de cultiu queden fora dels espais urbans, dins de la meva normalitat. S’habita a zones establertes per a assentaments humans, i aquestes zones afavoreixen la relació social (o això volem creure). Originalment afavorien la defensa, a més (aquest era el seu origen). I sovint s’emmurallaven. Com Eivissa city, home, Vila, això sí que és un poble.
Per què algú voldria establir-se pel camp podent tenir els avantatges (en té, botigues, informació, tràfic de mercaderies…) d’un entorn urbà.
El meu llavors xicot i ara esforçat pare dels meus fills, em va dir que era cosa de pirates. Jo no m’ho vaig creure. Tot i que ara en perspectiva veig el seu raonament era bo.
“Veníen uns pirates amb vaixell, a robar. Havien d’atracar el vaixell, i després començar a caminar per trobar un poble. La pirateria és més efectiva a nuclis urbans compactes, Hi ha més gent amb més coses, així que pots robar més. Si les coses estan escampades, tu robes aquí una mica, has de caminar allà carregant el que has robat, segueixes mangant, carregat, i caminant, et costa molt més saquejar la meitat del que robaries a una ciutat portuària, te’n fas un fart de caminar, i per quan tens força botí per tornar-te a Alger, estàs rebentat i amb butllofes als peus i d’entre la malesa uns xavals desnodrits que no es veuen a penes, llencen pedres amb fona amb una punteria infernal, t’han deixat borni ; tornes carregat on tenies la barca i et trobes els cabrons dels eivissencs te l’han cremat, perquè t’has entretingut massa temps robant, i al guaita gairebé l’ han lapidat els bassatjadors.
Perquè eren pocs i pobres, però es defensaven. I escampar-se pel territori era una estratègia de defensa.”
Gairebé cert. O cert del tot. Però amaga alguna cosa.
I va ser la Núria Jaumà qui ho va explicar l’altre dia.
El que vénen a robar els pirates no és exactament material. Què s’enduran d’Eivissa a l’edat mitjana que és gairebé com el neolític en aquesta illa.
Els pirates vénen a per la gent. És el més valuós que té l’illa (això i la sal).
Eivissa és un viver d’esclaus per als berberiscos. Aquí els esclaus potencials es crien sols, i després els buscaran amb barca i els venen. Hi ha 30 hores amb barca a vent o a corrent des d’Alger, en una embarcació a vela. És facilíssim.
I un nucli urbà a la costa o prop hauria significat que potser haguessin acabat delmant la població, Arrasant amb els habitants en edat de merèixer o treballar.
Una cosa que passava massa sovint a Eivissa city i que va fer que Felip II ordenés construir una defensa que donaria lloc a la muralla. Eivissa city tenia la població i béns suficients per ser objectiu dels pirates turcs que entraven molt ben proveïts per les salines. I per això Sant Jordi també té una Església ben emmurallada, amb cabuda per a força població. I possiblitat de llençar projectils entre els merlets
Que quatre matats berberiscos vinguessin des de la costa nord-africana, atraquessin al port de Sant Miquel, fessin una incursió terra endins i transportessin càrrega humana, que camina sola (a cops si cal) pels camins, era fàcil i devia tenir un preu alt al mercat d’esclaus del nord d’Àfrica, d’on solien venir part dels pirates.
Disgregar la població i tancar-se a torres de defensa era la solució a Santa Inès i Sant Mateu, ia Sant Llorenç, i a moltes localitats terra endins. La població, que cultivava els plans fèrtils de les fondalades, construïen el seu habitatge lluny del pla (no calia estar a la vista ni arruïnar terres de cultiu, tota terra fèrtil és poca en una illa), s’inserien als límits de la fondalada i ben lluny els uns dels altres. Si els africans s’enduien els habitants d’una casa (les barques de molts dels pirates tampoc eren grans vaixells), ja es donarien per contents amb el botí, no anirien cap altra casa llunyana. Més temps a terra era més risc (hi havia guaites eivissencs que feien torns, avisaven, i probablement quan els pirates deixaven la barca per anar a perseguir cristians, els que es quedaven a port eren vulnerables als pagesos emprenyats i de punteria encertada).
Les torres de defensa que tan inútils em semblaven, amb una porta de fusta, van agafar sentit.
Si algú es quedava en silenci allà dins, si els nens no ploraven, podien passar desapercebuts, i si cremaven la porta, a l’interior moririen, i morts no servien als pirates, millor emportar-se un parell de cabres. Carregar la xalupa de bestiar. És millor agafar-los en un renunci en una altra ocasió, sabent on vivien. Era poc rendible per als pirates matar gent que podria emportar-se en una altra incursió.
Les esglésies fortificades apareixen a poblacions properes a la costa, Sant Jordi, Sant Miquel. I amb merlets per respondre als atacs.
Però les torres de defensa dels habitatges les vaig entendre l’altre dies amb la Núria, són només de defensa, l’últim escut. Perquè el principal o més lucratiu objectiu de la pirateria a l’edat mitjana a Eivissa eren la sal i les persones.
Quin horror, que dura i que salvatge la vida a l’illa fa mil anys.
I sí, Sant Mateu i Santa Inès, són pobles. Diferents dels que estem acostumats, però amb una estratègia intel·ligent al darrere. I amb una població cohesionada.
I les torres, que van ser necessàries.
Quan els berberiscos trobaven les portes tancades, sabien que havien de tornar un altre dia. I els eivissencs, que havien de donar gràcies a Déu i estar sempre preparats.
Quina vida.Bon any nou.

Segona torre de Balafia, que devien ser uns quants i pròspers per necessitar dues torres en un llogarret tan petit.
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Torre en el poblado de Balafia. Con cruz protectora incluida.
Cuando vine a Ibiza y me dijeron que fuera a Santa Inès, el pueblo, a comerme una tortilla, y fui, me quedé pasmada. Porque yo no veía pueblo por ninguna parte. Una Iglesia, un bar, dos casas algo parecido a un restaurante. Nada que yo llamaría tejido urbano.
Años más tarde me encontré con que debía proyectar y construir un equipamiento para otro pueblo cercano a Santa Inés. Todo fue muy surrealista desde el principio, todo el mundo hablaba del pueblo, pero cuando yo fui, tampoco veía pueblo por ninguna parte. Una iglesia, dos casas deshabitadas, un bar, un restaurante. Y una escuela. De dónde saldrían los niños que estudiaban en esa escuela?
Para el equipamiento me cité con el regidor del pueblo, me senté a esperar en las escaleras del porche de la iglesia, apareció un hombre en shorts, una camisa desabrochada algo manchada, fumando un cigarrillo. No había nadie en la “calle”, que yo más bien definiría como carretera, porque no hay tejido urbano tampoco. Me miró de soslayo, yo tenía en la mano un rollo de planos. Pero lso planos no parecían ser suficiente prueba, así que se dió la vuelta como buscando a alguien, pero todo estaba desierto. Ni un alma. Miró hacia el otro lado. Pero ni un alma a parte de nosotros. Entonces volvió a mirarme.
“Eres el arquitecto?” Yo le dije que sí, me incorporé y me acerqué. El sin demasiado ímpetu, echó mano de su teléfono móvil y llamó a quien se suponía era responsable de que yo me encargara del trabajo. “Hola, sí, estic aquí, és que l’arquitecte es una al·lota”. Desde el otro lado de la línea le aseguraron que no se preocupara por el detalle, que aquello iba a salir bien aunque yo no tuviera cromosoma Y. Ojo que esto pasó en 2006, no en la alta edad media.
Tranquilizado el regidor al respecto de mi capacidad. Pasó a explicarme lo importante del equipamiento. Ese pueblo que yo veía (¿perdón? Pueblo, ¿dónde?) era uno de los mas cohesionados (¿cómo?) activos y de asociación de vecinos con más actividad de la isla (¿dónde estaban los vecinos, debajo de las piedras?). Había varias asociaciones que precisaban cada una de ellas de oficina, necesitaban además consultorio médico por la avanzada edad de sus muchos vecinos y otra retahila de información sobre la muchedumbre que al parecer poblaba aquel cruce de caminos donde se erigía la iglesia.
Por pueblo yo podía entender Santa Gertrudis, Sant Agustí, pero claro entonces yo aún tenía que aprender muchas cosas.
Entonces no lo sabía, y los motivos los he ido aprendiendo, pero el regidor tenía razón. En lo de la gran vida social de aquel pueblo, quiero decir.
Lo que me pasaba era una prueba de que yo soy forastera. He visto los pueblos de los Pirineos, de donde mi familia viene, donde las casas se apiñan, hay soportales que en nuestra infancia daban entrada a los establos de las vacas, si es preciso las casas para ampliarse llegan ha hacer puentes sobre las callejuelas, de modo que uno circula por los cascos antiguos como en una suerte de gran edificio donde se mezcla público con privado. Y muchas veces el pueblo se cierra por la noche, con unas grandes puertas. Porque antes, sí, en las montañas, había lobos. Y otras gentes de malvivir. Y he crecido en los pueblos de la costa, donde el casco de los pescadores y los cascos urbanos tienen calles, casas y vías estrechas. No campos de cultivo en su trama. Los campos de cultivo quedan fuera de los espacios urbanos, dentro de mi normalidad. Se habita en zonas establecidas para asentamientos humanos, y esas zonas favorecen la relación social (o eso queremos creer). Originalmente favorecían la defensa, además (ese era su origen). Y con frecuencia se amurallaban. Como Ibiza city, hombre, Vila, eso sí es un pueblo.
Por qué iba alguien querer desperdigarse por el campo pudiendo tener las ventajas (las tiene, tiendas, información, trasiego de mercancías…) de un entorno urbano.
Mi entonces novio y ahora esforzado padre de mis hijos ame dijo que era cosa de piratas. Yo no me lo creí. Aunque ahora en perspectiva veo su razonamiento era bueno.
“Venían unos piratas en barco, a robar. Tenían que atracar el barco, y luego echarse a caminar para encontrar un pueblo. La piratería es más efectiva en núcleos urbanos compactos, Hay más gente con más cosas, así que puedes robar más. Si las cosas están desperdigadas, tu robas aquí un poco, tienes que andar allá cargando lo que has robado, sigues mangando, cargado, y caminando, te cuesta mucho más saquear la mitad de lo que robarías en una ciudad portuaria, te haces un hartón de andar, y para cuando tienes bastante botín para volverte a Argel, estás reventado y con ampollas en los pies y de entre la maleza unos chavales desnutridos que no se ven a penas, tiran piedras con honda con una puntería infernal, te han dejado tuerto; vuelves cargado donde tenías la barca y te encuentras los cabrones de los ibicencos te la han quemado, porque te has entretenido demasiado tiempo robando, y al vigía casi lo han lapidado los bassatjadors.
Porque eran pocos y pobre, pero se defendían. Y desperdigarse por el territorio era una estrategia de defensa.”
Casi cierto. O cierto del todo. Pero esconde algo.
Y fue Núria Jaumà la lo explicó el otro día.
Lo que vienen a robar los piratas no es exactamente material. Qué se van a llevar de Ibiza en la edad Media que es casi como el neolítico en esta isla.
Los piratas vienen a por personas. Es lo más valioso que la isla tiene (eso y la sal).
Ibiza es un vivero de esclavos para los berberiscos. Aquí se crían solos, y luego los van a buscar en barca y los venden. Hay 30 horas en barca a viento o a corriente desde Argel, en una embarcación a vela. Es facilísimo.
Y un núcleo urbano en la costa o cerca hubiera significado que quizás hubieran terminado diezmando la población, Arrasando con los habitantes en edad de merecer o trabajar.
Algo que pasaba con demasiada frecuencia en Eivissa city y que hizo que Felipe II ordenara construir una defensa que daría lugar a la muralla. Eivissa city tenía la población y bienes suficientes como para ser objetivo de los piratas turcos que entraban muy bien pertrechados por las salinas. Y por eso Sant Jordi también tiene una Iglesa bien amurallada, con cabida para bastante población.
Que cuatro matados berberiscos vinieran desde la costa norteafricana, atracaran en el port de Sant Miquel, hicieran una andanada tierra adentro y transportaran carga humana, que camina sola (a golpes si hace falta) por los caminos, era fácil y debió tener un precio alto en el mercado de esclavos del norte de África, de donde solían venir parte de los piratas.
Disgregar la población y encerrarse en torres de defensa era la solución en Santa Inès y Sant Mateu, i en Sant Llorenç, y en muchas localidades tierra adento. La población, que cultivaba los llanos fértiles de las hondonadas, construían su vivienda lejos del llano (no había que estar a la vista ni arruinar tierras de cultivo, toda tierra fértil es poca en una isla), se insertaban en los lindes de la hondonada y bien lejos unos de otros. Si los africanos se llevaban a los moradores de una casa (las barcas muchos de los piratas tampoco eran grandes bajeles), ya se darían por contentos con el botín, no irían a por otra casa lejana. Más tiempo en tierra era más riesgo (había vigías ibicencos que se turnaban, avisaban, y probablemente cuando los piratas dejaban la barca para ir a perseguir cristianos, los que se quedaban en puerto eran vulnerables a los payeses cabreados y de puntería certera).
Las torres de defensa que tan inútiles me parecían, con una puerta de madera, cobraron sentido.
Si alguien se quedaba en silencio ahí dentro, si los niños no lloraban, podían pasar desapercibidos, y si quemaban la puerta, en el interior morirían, y muertos no servían a los piratas, mejor llevarse un par de cabras. Cargar la chalupa de ganado. Era mejor pillarlos en un renuncio en otra ocasión, sabiendo dónde vivían. Era poco rentable para los piratas matar a gente que podría prender en otra incursión.
Las iglesias fortificadas aparecen en poblaciones cercanas a la costa, Sant Jordi, Sant Miquel. Y con almenas para responder a los ataques.
Pero las torres de defensa de las viviendas las entendí el otro días con Nuria son sólo de defensa, el último escudo. Porque el principal o más lucrativo objetivo de la piratería en la edad media en Ibiza eran la sal y las personas..
Que horror, que dura y que salvaje la vida en la isla hace mil años.
Y sí, Sant Mateu y Santa Inès, son pueblos. Distintos de los que estamos acostumbrados, pero con una estrategia inteligente está detrás. Y con una población cohesionada.
Y las torres, que necesarias fueron.
Cuando los berberiscos encontraban las puertas cerradas, sabían que debían volver otro día. Y los ibicencos, que debían dar graciasa Dios y estar siempre preparados.
Que vida.

La otra torre del conjunto de Balafia. Debían ser bastante prósperos, y por lo tanto numerosos y estar bastante apurados por los piratas para tener dos.
Feliz año nuevo.
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Can Pardal de 1960 a 2007
Vaig arribar a Eivissa sense saber res d’arquitectura vernacular. I la casualitat em va dur a un encàrrec inicial, fa ara 20 anys, que va ser la primera petja que em va fer entendre l’arquitectura com una altra cosa.
Inculcada fins a la sacietat en les escoles d’arquitectura la idea que l’arquitectura era obra d’un ser culte i versat en molts coneixements (l’arquitecte), i que aquesta obra tenia un procés, un començament, un germen, un acte seminal als plànols o projecte bàsic, una gestació o projecte d’execució i direcció d’obra, i un naixement, l’obra acabada, llesta per fotografiar (que canviava molt quan l’habitava el client). Un procés nítid i lineal.
El temps i les experiències ens recol·loquen. I quan em van encarregar can Pardal em va semblar que una reforma en arquitectura tradicional era una obra menor. I allí vaig començar a aprendre que no.
Can Pardal explicava històries que no hem entés encara.
L’arquitectura tradicional de l’illa parteix d’un esquema d’espais que canvia durant el temps, i té múltiples arquitectes, tots amb criteris comuns (la necessitat), i eines semblants (la pedra, la savina, la cendra, l’alga, la cal i l’argil·la).
Quan intervenim una casa tradicional, a banda d’on aniran les cambres de bany, ens hem d’apartar.
Les cases expliquen històries íntimes de creixement d’una família, de cismes en aquesta, de morts prematures d’una mare o un pare i d’un cònjuge que es torna a casar i té altres fills i ha de partir la terra, i potser la casa, o ha de fer una casa de dalt, o ha de comprar un tros de terra més o ha de fer uns corrals nous o un molí de sang. I la casa es troba en un permanent créixer, esventrar-se, dividir-se, remuntar, tapar finestres, obrir portes on abans hi havia armaris embeguts al mur, cobrir carbonella de parets que deixen de ser cuina, estintolar savines, rebaixar nivells o trepar enlaire, bastir sequers, tancar-los per fer-los cambra. Cloure arcs, trepanar crostes de terra per fer cisternes que potser descalçaran alguna paret, consolidar-la després. Emblanquinar, substituir biguetes. Argilar.
I totes aquestes accions, s’esdevenen durant els segles, i no es transmeten de propietari a propietari, sinó que queden cicatritzades en els murs i de vegades en les bigues, en la roca, de vegades en escriptures. Que expliquen la mala fortuna dels que es queden sense casa, i de vegades han d’emigrar o malviure. I emigrar al segle XVIII i XIX moltes sovint volia dir no tornar més.
De vegades en cases veïnes en mig del terç, allunyades de les altres, s’hi troben dos trulls. I hom imagina que les famílies no es parlaven. I confirma després una enemistat íntima, només separada per una paret de pedra seca de tres pams i les dues lamines de cal que la vesteixen.
De vegades hom troba un pagès sol, hereu, delicat, de moltes lectures i que no s’ha casat mai, i que explica com va decidir enrajolar el porxo a mitja altura amb ceràmica de Lisboa i una sensibilitat singular, amb un aire femení, solter i tràgic. I em presenta son germà petit, masculí,casat i amb fills, que heretarà. De vegades hom troba iniciatives poètiques, on una cambra era cedida a una criada òrfena de poc més de 15 anys a la mort del hereu, que quedava amb un sostre i dret a aigua de la cisterna fins que es casés (que no era poc al s XIX).
De vegades hom escolta la història de com avis pensen en quin tros de terra deien a cada net, pensant en a qui li pot fer falta, i com les nenes comencen a heretar.
He escoltat la història d’un propietari amb 4 fills que va voler-los donar a tots terra i casa i va llogar-se a la salinera per comprar terra i casa pels que no eren hereus o construir-la. Un silenci espès va pesar quan jo vaig preguntar què hi havia de les filles, o era aquell esforç familiar només pels nois?
He escoltat la història del vidu amb una casa gran i rica i terres que ja tenia un fill hereu i que es va casar amb una jove que li’n va donar un altre, i va fer força per emportar-se la terra mes fèrtil pel seu, i dret a trull i molí de sang, i així en morir el pare, el més jove va fer emergir com un bolet una casa del tros millor de terra i no va haver d’hipotecar-se en un trull.
He sentit històries de cases perdudes en joc i malvenudes. Cases que es deixen per fugir, cases que es roben després de venudes a estrangers que moren sobtadament i després els seus hereus no troben escriptura i són ocupades subtilment pels antics propietaris que les tornen a fer seves.
Les històries íntimes de la gent que les habita les modifica, la seva orfandat, la seva vocació, la seva sexualitat, la seva ambició, el seu triomf, la seva tragèdia, fan una arquitectura singular, amb unes pautes de sol i assentament que gairebé mai són seguides al peu de la lletra perquè l’ànima del qui s’hi estatja i les condicions de l’entorn les modifiquen.
He vist torres de defensa magnífiques i torres que eren poc més que un galliner i que hom s’hi havia d’amagar acotxat entre el ferum a família.
Així que l’arquitectura sense arquitecte s’imposa de manera subtil, i quan hom m’encarrega dotar d’aigua i llum un lloc que ja ha estat habitat i habitable d’una manera que ara ens resulta insuportable, m’aparto, i miro de netejar les cicatrius de la història empeltada en la casa. No cal, en general que nosaltres ens hi posem pel mig.
Les cases d’Eivissa no han necessitat un autor, sinó una multitud, i sempre estan inacabades.
Van essent carcassa de cada morador, i creixen o minven amb ell, com una hidra o una ameba, i engoleixen històries tan recòndites que de vegades arrenquen una llàgrima o un calfred.

Arcs amagats i recuperats a Can Pardal, abans que fos obligari que un arqueòleg ho supervisés absolutament tot.